jueves, 31 de mayo de 2012

Yo fui el doble de Montgomery

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‎1.Una de las atractivas particularidades de 'Yo fui el doble de Montgomery' (I was Monty's double, 1958), de John Guillermin, es que uno de sus interpretes, M.E. Clifton James, se interpreta a sí mismo en un relato que se centra en su experiencia interpretando a una celebre figura, el general Montgomery, al que suplantó durante las cinco semanas previas al desembarco de las fuerzas aliadas, el Dia D, como maniobra de distracción ideada por los servicios secretos británicos, para que los alemanes pensaran, por su 'presencia' en Argel o El Cairo, que el desembarco iba a tener lugar por el sur de Europa. El actor y luego director Bryan Forbes (que tiene una breve intervención en el tramo final) adapta la novela que escribió el propio Clfton James en 1954, aportando un par de suculentas variaciones (la primera enriquece el entramado conceptual, la segunda dinamiza el relato en ese último tramo). Según relata Clifton James (si aceptamos como veridico lo que expone en su novela) fue un oficial quien le descubrió revisando unas fotografías, y después fue el actor David Niven, que servía como teniente coronel, quien contactó con él. En la película, es el Mayor Harvey (John Mills), perteneciente a los servicios secretos, quien lo descubre accidentalmente en un teatro tras sufrir una cierta decepción sentimental. De un fracaso o de una frustración brota la semilla de un futuro éxito ( Harvey había acudido al teatro porque le habían dicho que ahí estaría la secretaria que le había atraido meses atrás, pero descubre que está casada). En un espacio de representación brota la semilla de otra representación, cómo lograr esa maniobra de distracción con la que había estado forcejeando junto al coronel Logan. Photobucket El tono de la obra rehuye cualquier afectación de severidad, o de tono 'bigger than life', optando por un tono de comedia, irónico como está planteada esa misma secuencia de la decepción en el teatro (con desafectación por parte de Harvey), o cómo se rehuye cualquier ínfula patriótica: ante las reticencias o vacilación del teniente James (que sirve en la sección de Pagadurías, 'donde tienen que estar destinados los actores', en palabras de Logan), ni éste ni Harvey aluden a deberes por la patria o grandilocuencias semejantes. La narración fluye distendidamente, y con sintética precisión, tanto los trances en los que James hace seguimiento y observa a Montgomery para captar y mimetizar sus gestos, como las secuencias que relatan su salto al 'escenario', las diversas pruebas por las que pasa, en especial el encuentro con un empresario en Gibraltar, Nielson (Marion Goring) que saben es agente alemán, y un discurso extenso que tiene que realizar ante oficiales británicos y estadounidenses, y en el que sufre un lapsus de pánico escénico. En el tramo final se añade una larga secuencia que no sucedió tal como lo cuenta James en su novela, ya que según él los alemanes no intentaron secuestrarle. La secuencia está narrada, modulada, más bien, con un ritmo impecable, desde esa panorámica de la casa junto a la playa en la que reside James/Montgomery a la arena en la que aparece la mano de un soldado alemán que se arrastra (recién desembarcado del submarino), al empleo que se hace de un perro en la resolución del enfrentamiento entre Harvey y otro oficial (Forbes) con los alemanes que llevan a James, pasando con cómo alterna con medida tensión las diversas acciones, o perspectivas de personajes ( y de qué eficaz modo utiliza el fuera de campo y la fragmentación del espacio del encuadre). Photobucket 2. Sirva también como estmulante ejemplo del buen hacer de John Guillermin, cineasta ignorado, quizá porque nunca tuvo pretensiones autorales ( tampoco tenerlas certifica que una obra esté lograda) o porque pesa sobre el poco aprecio de sus obras más populares, en la década de los 70 u 80, tanto 'El coloso en llamas' (1974), codirigida por Irwin Allen, 'King Kong' (1976) o 'Sheena' (1984), aparte de ser sustituido, por sus ínfulas y exigencias, por Jack Smight en 'La batalla de Midway'(1976) y por Andrew McLaglen en 'Sahara' (1983), así como, aunque sea lejano, tampoco tengo un gran recuerdo de 'El condor'. No conozco las obras que realizó en sus inicios, a lo largo de la década de los cincuenta, hasta 'Yo fui el doble de Montgomery', pero posteriormente tiene aceptables o interesantes thrillers o policíacos como 'El robo al banco de Inglaterra' (1960), con una de las primeras interpretaciones de Peter O'Toole, en un personaje secundario, la áspera 'Hasta el último aliento' (1960), en la que Peter Sellers interpreta un personaje poco usual, un torvo gangster, o 'Catillo de naipes' (1968), la intriga detectivesca de la adaptación de la obra de Agatha Christie 'Muerte bajo el sol' (1979), la amarga comedia 'El mayor mujeriego' (1962), con Peter Sellers, que destaca por su vibrante modo de transmitir la decadencia y el paso del tiempo, y tres producciones bélicas nada complacientes, con incisivas aristas, 'Cañones de Batasi' (1962), en la que Richard Attenborough interpreta a un rígido y arrogante sargento, enfrentado en un cuartel en territorio africano a una insurreción, la notable 'El puente de Remagen' (1969), más descarnada que las recurrentes hazañas bélicas de rancio espíritu que se producían en esos años ('El desafío de las águilas', 'Los violentos de Kelly', 'La batalla de las Ardenas'), y sobre todo, la gran obra de Guillermin, la magnífica 'Las águilas azules'(1966), el implacable retrato de un arribista, la mordaz narración de las sórdidas bambalinas de (la construcción de los héroes).

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