viernes, 25 de mayo de 2012

El nacimiento de un plano: Visconti, Lancaster, Delon

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El movimiento sobre la inmovilidad. El polvo del tiempo, unas figuras, lo que representan, que se desvanecerá como el humo. Estatuas de su silencio, una petrea raíz que se descompondrá cuando con angustia se mire en el espejo que le ofrece el reflejo del tiempo. Un bellísimo travelling, en 'El gatopardo' (1963), de Luchino Visconti, sobre la familia Corbera, cuando asiste, tras llegar a Donnafugata en carruaje desde Palermo, a la liturgia del Te deum, sin refrescarse ni sacudir el polvo de sus ropas y rostros, figuras que parecen difuminarse entre el humo del incensario. En la liturgia habitan, permanencia de piedra que pretende preservar el Príncipe de Salina (Burt Lancaster), salvar la estatua del apellido, de sus herederos amoldados a los nuevos tiempos. Cambiar para que todo siga igual. En el último plano, el príncipe, después de haberlo conseguido, se desvanecerá en las sombras, abandonará el escenario, ahora con otras figuras, otro escenario que no diferirá mucho de los anteriores, en el que las estatuas de su familia, lo que representan, habrán encontrado acomodo. La adaptación ( con las pertinentes alianzas) propicia la supervivencia. Era cuestión de sacudirse el polvo, y portar otros ropajes, habitar otras liturgias (hasta que parezcan de nuevas estatuas).

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