viernes, 16 de marzo de 2012

Alexandre Desplat - Tan fuerte, tan cerca. La cura del salto


Con la música de Alexandre Desplat debo tener ya muy gastados adjetivos como sublime o prodigiosa. Parece en estado de gracia dada sus composiciones el pasado año para 'El árbol de la via', 'Los idus de marzo' , la última entrega de Hrry Potter o para 'Tan fuerte, tan cerca' (2012), de Stephen Daldry, bastante más inspirado que en 'The reader' aunque quizá sin llegar a la altura de 'Las horas'. Una obra que fue más bien vapuleada en su estreno estadouniense (no es de extrañar si se quedaron tontos con 'The artist'). Pese a la presencia de Tom Hanks y Sandra Bullock, como padres del niño protagonista, que podian hacer temer cierta inclinación a lo edulcorado, se revela más bien como una obra bastante áspera, y poco complaciente ( y nada sensiblera). Es más, la elección de ambos actores dada su condición icónica (el 'afable y acogedor american way of life), resulta muy apropiada para esta fábula que sabe mirar de frente el dolor,la orfandad emocional trocada en desesperación, en conjuración de un sentimientos de perdida a través de la de una ritualización que compense esa angustia, esa incapacidad de atreverse a dar un salto, de temer que la catástrofe o el desastre pueda ocurrir en cualquier momento (ese estado en el que queda el niño protagonista tras la muerte de su padre cuando se derrumbaron las torres gemelas). Si el niño protagonista de 'La invención de Hugo' busca/necesita una llave (que no deja de ser simbólica), el de esta, Oskar (Thomas Horn, casi tan magnífico que el niño protagonista de 'El árbol de la vida'), también dispone de una llave que se convierte tanto en incógnita, como en posibilidad de revelación epifánica (por qué tenía esa llave su padre, en ese sobre con el nombre Black como única pista) aunque sea también un modo de distracción, de no afrontar ese agujero que no logra cicatrizar en su corazón, esa negación no asumida ejemplificada en cómo se ha distanciado de su madre (lo que da pie a unas esplendidas secuencias entre ambos). En ese periplo en busca de 'Black' entre los cientos de personas que tienen ese apellido en Nueva York, se cruzará con una diversidad (ese primer paso para evitar el ensimismamiento), otros dolores (los personajes de Viola Davis y Jeffrey Wright), y otras mudeces (la del personaje de Max Von Sydow, que se convierte en circunstancial cómplice de búsquedas). Hay un aspecto muy sugerente, de esas otras vidas entrevemos sus fisuras, pero no tendremos la visión completa, quizá sugerida, quizá indefinida. Son otros pasajeros de una realidad hecha de desencuentros y heridas cotidianas, que no tiene que ser consecuencia de algún evento trágico a gran escala, sino el de las distancias, incomprensiones o conflictos con tu pareja o tu familía, en donde las rupturas o las pérdidas son inevitables pasos o peajes de la vida. Hay momentos de especial inspiración, desde los encuentros o relaciones con los tres personajes citados a esos montajes secuenciales de esa diversidad de gente apllidada 'Black' con la que se encuentra, pasando, en especial, por el uso afinadamente dosificado de la revelación de los mensajes que el padre dejó en el contestador el día del atentado, el día de su 'caída', en paralelo a la asunción de Oskar de que puede suspenderse en el columplio/vacío sin temor a la 'caída'.

2 comentarios:

  1. Lo de Desplat es pura magia. Me cautivo con The King's Speech, El Árbol de la Vida o Harry Potter, a cada cual mejor... En cambio lo último de John Wiliams me ha dejado algo tibio... ¿Que opinas?

    Un saludo!

    ResponderEliminar
  2. Me entusiasma también Desplat, me asombra de hecho su música. Y me ha pasado lo mismo que a ti con las últmas composiciones de Williams para las obras de Spielberg, una sensación de brillantez un tanto formularia, de repertorio ya más que conocido, o trillado. No me fascina ni me sorprende como Desplat ( y no hablemos de llegar a conmover).

    ResponderEliminar