sábado, 12 de noviembre de 2011

Plácidas pausas de rodaje: Jean Seberg y Warren Beatty

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Jean Seberg y Warren Beatty en una pausa de rodaje de 'Lilith' (id, 1964), de Robert Rossen. Esta prodigiosa obra, de memorables imágenes, como de entresueños, como si uno se deslizara en una realidad paralela en la que pierde pie, me parece una de las obras más bellas a la par que más desazonantes que ha dado el cine, y de la misma envergadura que su obra precedente,'El buscavidas' (1961). Si en esta nos mostraba el trayecto de aprendizaje o de conocimiento de Felson (Paul Newman), en el que dejará de lado sus aires de grandeza para asumir que lo importante no es la vanidad ni la soberbia, y en el que es crucial la lucida figura de una mujer, como contrapunto, aquella, coja, que sabe lo que es el dolor o 'cojera' emocional por ser consciente de las siniestras hechuras de la vida ( una mujer que a su modo vive apartada del mundo, en un estado fronterizo, vulnerable), en 'Lilith, el proceso de Warren es el de comprender al final que quien realmente necesita ayuda es él. El caos no estaba fuera, y no era algo que fuera a dominar, 'ayudando' a su encarnación o 'reflejo', Lilith (reclusa o paciente en un sanatorio mental), 'rescatándola', sino que estaba ya en él, como un dolor sordo, un extravio y desguarnecimiento emocional.

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