domingo, 15 de mayo de 2011

Mujeres culpables

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Pese al nefasto impacto que causó en mi adolescencia 'Sonrisas y lágrimas'(1965), y que aún perdura (uno de estos días tendré que darle una nueva oportunidad), no condicionó (bueno, sí, lo hizo durante un cierto tiempo) el que quisiera conocer más en profundidad la filmografía de Robert Wise. Lo que ha propiciado en el que conozca un buen puñado de interesantes, cuando no grandes obras. Algo similar ocurre con grandes directores como Richard Fleischer o Henry Hathaway, pongamos por caso, en cuya filmografía, también irregular, conviven obras maestras con otras absolutamente prescindibles o carentes de interés (cineastas que no fueron catalogados en su momento como autores, sino como artesanos, con lo que ello implica de calificación en categoría más baja; pero con el tiempo, creo, se ha demostrado que el ser autor no implica que la obra tenga más valor, y, segundo, que los citados sí tenían una mirada personal). En la filmografía de Wise nos podemos encontrar con discretas pero interesantes obras como 'La casa en la colina' (1951),'Tempestad en el desierto' (1953), 'La amenaza de Andromeda' (1971), 'Hinderburg' (1975) o 'Las dos vidas de Audrey Rose' (1977), atractivas películas, en un mayor o menor grado, y por distintos motivos, como 'El ladrón de cuerpos'(1945), 'Entre dos juramentos'(1950), 'The captive city'(1952), 'Las ratas del desierto' (1953), 'La torre de los ambiciosos'(1954), 'Torpedo'(1958), y en especial, las excelentes 'Nacida para matar' (1947), 'Sangre en la luna'(1948), 'Nadie puede vencerme'(1949), 'Ultimatum a la tierra'(1951), 'Apuestas contra el mañana'(1959), 'Cualquier día en cualquier esquina' (1962), 'El Yan Tsé en llamas'(196y, mi favorita, 'The haunting'(1963), una de ls grandes obras del género fantástico. 'West side story' (1961), no sabría dónde encajarla (tendría que volver a revisarla). 'Mujeres culpables'(1957) pertenece al grupo intermedio, el de las obras interesantes, un melodrama sin especial brillo, o no a la altura de los grandes del genero, pero de trazo firme y repleto de sugerentes aspectos o secuencias.
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Lo que se nos narra es la historia de cuatro hermanas, Barbara (Jean Simmons), Ann (Joan Fontaine), Delia (Piper Laurie), y Evelyn (Sandra Dee), ls cuáles viven en un caserón de diseño ingles (algo que reiteran en sus comentarios los foraneos), en un pueblo de Nueva Zelanda, durante la segunda guerra mundial. Su hermano, y el marido de la primera se han alistado para combatir. Así que lo que se plantea es lo que pasa con estas mujeres cuando casi todos los hombres se han ido, y, en especial, esa tensa espera incierta sobre la vuelta del ser amado. Claro que se encuentran con un relevo de figuras masculinas encarnadas en los soldados norteamericanos (según se dice, 1500 mujeres al final de la guerra emigraron con sus encontrados maridos al pais de estos). Y entran en juego cuestiones como las necesidades (sentimentales y sexuales) y vetustas consideraciones morales como la 'decencia'. De hecho, el capitan Harding (una de las primeras interpretaciones de Paul Newman) es una especie de burócrata investigador que indaga en las relaciones de los soldados, y aprueba o no las relaciones o matrimonios (con la santa bendición del gobierno norteamericano, como si se les fuera a colar algún 'espalda mojada' en forma de neozelandésa). Wise sabe sortear tan delicados materiales, y con una narración elíptica (hay notables saltos en el tiempo en un relato que transcurre en el periódo que dura la guerra), y sabiendo, sin enfasis ni maniqueismos, y sí con sutilidad, hurgar en las contradicciones y ambivalencias de los personajes.
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Ya, de entrada, es interesante preguntarse por qué se ha estructurado la narración en flashback, partiendo de la situación de un juicio, en el que está implicada Delia ( sin saber de qué modo, si acusada o víctima), y en donde las figuras relevantes son Harding (en ese momento, testigo), y Barbara (deducimos por su posición que también testigo), cuya voz en off también se pregunta cómo era Delia. Porque, en la evocación, la figura relevante no será Delia, sino la propia Barbara, y en el último tramo, su relación con el capitan Harding, en quienes se concentran de modo más complejo el contradictorio entramado de dudas, necesidades, anhelos y miedos que definen las singulares circunstancias en qué vivian los personajes.
Ann, por su parte, se mostraba recelosa de toda relación, siendo más extrema en su vigilancia de la 'decencia', e inflexible con el comportamiento de los soldados norteamericanos ( y sus contradictorias descalificaciones sobre las mujeres, como puercas, cuando a la vez algunos no buscaban más que eso; disfrutaban de sus favores pero las descalificaban por ser receptivas: contradicción que no ha dejado de extenderse en nuestros días). Pero, paradojas de la vida, el hecho de que Ann escriba una nota protestando por esa actitud de ciertos soldados, posibilitará que conozca al capitan Bates, quien viene a pedir disculpas por el comportamiento despectivo de esos soldados, y acabarán casandose y teniendo un hijo (hermosas las elipsis que retratan el proceso de su relación, a través de la unión de sus manos, en diferentes estados de su relación desde el primer momento que se la cogen).
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Delia se debate en sus contradicciónes, no soporta estar sola, lo que la lleva a casarse enseguida con uno de los pocos hombres que se han quedado, pero es un auténtico patán y zafio, y cuando es alistado, ella se traslada a Wellington, teniendo diversas relaciones con soldados norteamericanos, como quien va en fuga en busca de encontrar ya lo que anhela pero ve que no es tan fácil, hasta que lo hace, pero, por desgracia, su marido, cuando vuelve, al acabar la guerra, no acepta que ella quiera divorciarse, y la asesina. Así que ya sabemos cuál era el papel de Delia en el juicio inicial. Pero quedan Barbara y el capitan Harding. Y comprendemos el por qué de esa presentación de ambos en el juicio, porque dada su labor, Harding no podrá evitar revelar las distintas relaciones que Delia ha mantenido, mientras Barbara intentará proteger el nombre de su hermana, de esas descalificaciones despectivas de los llamados 'bienpensantes' (qué contradicción) por tratar de indecente a una mujer por tener más de una relación. Pero lo importante es lo que ha variado la posición de Harding. Este, cuando lo conocemos, se revela como alguien despechado por la fracasada relación con su esposa ( lo deja bien claro en la primera conversación con Barbara, le sale del alma cuando dice que 'aceptaba demasiado cigarrillos de los hombres'). Por eso se muestra tan remiso, cuando la relación con Barbara se intensifica, a dar un paso más allá. Es elocuente la concisa e intensa secuencia en la que están ambos junto a un lago, y él dice (sin mirarla a la cara) que no la ama, ni quiere casarse, y acto seguido, tras vacilar, hunde su cabeza en el regazo de ella. A Harding le cuesta deshacerse del lastre de su despecho, mientras que Barbara ha sabido rehacerse al dolor de su viudez (excelente el primer plano sobre ella cuando le traen el telegrama, y sabe qué significa).
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Es hermosa esa larga secuencia en la que ambos conversan en la cama de invitados, con el mar de fondo, y él le comunica que le han llamado para enrolarse en un barco. Sus gestos, sus miradas huidizas o furtivas, lo que no se dice, lo que las palabras disimulan, tejen una carga de emociones hasta que ambos se besan. Pero Harding aún no está decidido. Por eso la importancia de partir narrativamente con el juicio. En él Harding debe testificar diciendo cuál era el tipo de vida de Delia. Pero él ya no piensa igual, porque ha dejado de proyectar sobre la mujer lo que representaba su esposa, ya ha logrado superar su miedo y su despecho, Y aunque lo tenga que hacer en el juicio, él ya está exento de esa valoración moral (descalificación), por lo menos en él, y podrá abrirse y plantear, sin justificaciones ni falsos y (auto) protectores descreimientos, una relación de futuro con Barbara.

La 'traducción' española de este interesante melodrama de Robert Wise, 'Mujeres culpables' (1957), se las trae. El título original es 'Until they sail' (Antes de que ellos zarpen). Hay que tener mente retorcida para 'traducir' (o transformar, más bien) de ese modo, con esas obtusas y revenidas resonancias moralistas.Porque ¿culpables de qué?. Realmente, el único 'culpable' es aquel al que se le ocurrió semejante desproposito de traducción. El guión es de Robert Anderson,que adapta un relato de James A Michener (publicado en 1951 en una antología de título 'Return to paradise'). Ya entonces Wise estaba interesado en realizarla, pero por problemas de casting no se pudo hacer. La productora Hetch-Hill-Lancaster adquirió los derechos, para que la interpretara Lancaster, pero al optar por 'El hombre de Kentucky', que dirigió el mismo Lancaster, la MGM consiguió los derechos, pensando en primera instancia en Glenn Ford para el papel que acabaría interpretando Newman. Wise, en primera instancia, tenía pensado realizarla en color, pero acabó siendo en blanco negro, obra de Joseph Ruttenberg.

2 comentarios:

  1. "West side story", y más tarde "Sonrisas y lágrimas", representan el arranque de una nueva etapa del género que iba llegando tras el declive de las producciones de los dos grandes creadores, Stanley Donen y Vincente Minnelli. El planteamiento era adaptar un exitazo de las tablas con la mayor fidelidad a las propias tablas y con muy poco resquicio para audacias cinematográficas. Así, con los años se sucedieron "My fair lady", "Oliver!", "Camelot", "El violinista en el tejado" o "Jesucristo Superstar" y "A chorus line". Realizadas por directores a veces intercambiables, cuyas personalidades quedan completamente eclipsadas por la personalidad del blockbuster teatral de turno. El resultado depende mucho de tu sintonía con la obra. "West side story" me parece una película espléndida, porque una obra maestra me parece el original teatral y se lo da a Wise todo servido. En cambio en "Sonrisas y lágrimas" no me gustan las canciones de Rodgers y Hammerstein ni me gusta la interpretación de Julie Andrews, pero creo que, con lo que tenía, Wise estaba dando el máximo de las posibilidades existentes.Puedes revisarla desde ese punto de vista.

    Un abrazo

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  2. West side story sí la recuerdo como una obra interesante, pero como hace mucho que no la reviso no podría pronunciarme en qué grado. Lo que recuerdo como más destacado (aparte de un par o tres de números musicales, por la música y su ejecución) es el trabajo sobre el espacio del encuadre ( la profundidad de campo) y el color. En cambio, con Sonrisas y lágrimas no guardo precisamente buen recuerdo de su música o de la sonriente prestación de Julie Andrews, pero sí, borrosamente, algún pasaje sombrío (cuando se dan a la fuga) que ha quedado como recuerdo positivo.

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