martes, 21 de septiembre de 2010

La muchacha de la Quinta avenida

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Erase una vez cuando la comedia norteamericana era inteligente e ingeniosa. 'La muchacha de la Quinta avenida' (1939), de Gregory LaCava, no es de las comedias más recordadas de aquel pródigo periodo, pero bien merece una revalorización, porque aúna esas cualidades tan ausentes hoy en día en el género como combinar un afinado perfil de variados personajes, situaciones ingeniosas, un substrato de vitriólico comentario sobre la sociedad del momento y mordaces diálogos. LaCava orquesta un jugoso guión con aparente funcionalidad que es más bien equilibrada precisión, dando prioridad a los planos largos, y la relación de los personajes en el encuadre (o expresar el desencuentro dentro del mismo plano con suma habilidad). El comienzo es modélico, y marca tono, y condensa las cuestiones subyacentes sobre las que sustenta la trama. Borden es un empresario, que tiene un negocio de bombas de riego que pasa por cierta crisis, como la sufre él en su día de cumpleaños. Pregunta a su mayordomo que para qué trabajar tanto. Tiene la noción de que no ha vivido la vida. Le pregunta qué incentivo tiene él en su trabajo, y, mordaz respuesta, el mayordomo responde que disfrutar de los privilegios de los ricos sin tener que asumir sus responsabilidades. Por otro lado, le ha dejado intrigado las observaciones de éste sobre sus paseos por el parque (que nunca ha transitado), disfrutando del mero observar de los arces.
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Y a allí se dirige, y junto al estanque de focas se encuentra con Mary (Ginger Rogers), desempleada, al borde de perder su habitación (el otro extremo en las posiciones sociales). La relación que establece con ella será el detonante de los consiguientes conflictos que trastornará a la familia de Borden, y sirva, al final, para reajustar el extravío o indefinición vital en el que se encuentran, sea el mismo Borden que ahora se preocupará más de cuidar a sus palomas en el tejado que de sus negocios, la mujer, Martha (Veree Treesdale) que se dedica, sin ocultarlo, a flirtear con otros en sus salidas nocturas, para buscar un estímulo en su vida, el hijo, Tim (Rim Holt), dedicado al polo y que empezará a asumir responsabilidades en el negocio, la hija, Katherine (Katrhyn Tisdale), irreverente con su madre (cuando ésta piensa que su marido se ha vuelto loco por dedicarse a las palomas, incluso llamando a un psiquiatra, la hija replica que Borden ya debería haberse vuelto loca por ella), pero que no logra materializar su enamoramiento con el chofer, Mike (James Ellison), que se dedica más a invectivas contra el capitalismo.
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Hay elipsis brillantes como la del despertar al día siguiente de la noche en que Borden conoce a Mary y van a un restaurante a cenar para celebrar su cumpleaños: Despierta con un ojo morado,descubre que Mary ha dormido en el cuarto de invitados, y que el mayordomo tiene un ojo morado también. Su decisión de que ella se establezca en la casa, sin despejar equívocos (la contrata como secretaria, mientras los otros piensan que es su amante, o que quiere sustituir a la madre por ella) desatará un caudal de incisivas y desopilantes situaciones. Otro ejemplo de brillante comedia que sabe aunar el ácido comentario sobre los desajustes sociales con la inyección vital sobre unos personajes perdidos en sus carencias o inconsecuencias, y siempre con sutil y vivaz ingenio.

‎'La muchacha de la quinta avenida'(Fifth avenue girl, 1939), de Gregory LaCava, rebosante de agudeza, como lo estaban sus más conocidas 'Al servicio de las damas' (1936)y 'Damas del teatro' (1937). Un estupendo guión de Charles S Belden, Allan G Scott y Frederick Stephani, que LaCava sirve con elegancia y una gran dirección de actores. Vitriolo sobre las extremas diferencias de distribución de riquezas y las carencias vitales, servido como un exquisito dulce.

1 comentario:

  1. Verdad es todo lo que dices. Ccuando alguna vez he leido el título en la programación dejo otros planes de lado y o los configuro de manera que la pueda ver. La ví tres veces hace ya muchos años cuando era niño y siempre y me marcó el estilo de películas que ahora me agradan. Me encanta la época y el ambiente, la chispa de los diálogos y Ginger, al igual que que todos borda el papel. Es una de las mejores de ella junto a Ardid femenino, los musicales junto a Fred, Damas del Teatro y Me siento rejuvenecer. Recuerdo que me reí con algunas escenas: como la escena de la cazuela (donde la mujer mueve el vapor del estofado con el obejeticvo de que su marido lo huela y así poder recuperarlo). El fuerte son los diálogos muy lúcidos y entretenidos. Es una pena que este tipo de películas ya no salgan el la televisión y si lo hacen, muy esporadicamente. Creo que deberían ponerlas para que futuras generaciones la puedan disfrutar (al igual que yo tuve esa suerte).

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