lunes, 5 de julio de 2010

Rebelión

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'Rebelión' (1967) de Masaki Kobayashi es una admirable obra que pone en cuestión el inmovilismo de la sociedad feudal (aunque sus resonancias se amplifiquen a la puesta en cuestión de toda organización social y actitud inmovilista, rígida, que propicia la cruel injusticia) hilvanándose con el proceso de transformación, o progresiva toma de consciencia, que le determina a la insurgencia, de un samurai, Isaguro (Toshiro Mifune). Lo primeros planos de la obra son planos detalles del filo de espadas; Isaguro está realizando una muestra de su habilidad, ante varios señores del clan, cortando una figura de paja. De alguna manera, el proceso que atravesará es cortar con lo que fue antes, un hombre de paja, que aceptaba las ordenes de sus señores, e incluso de su esposa,con la que lleva infelizmente casado veinte años ( y con la que se casó por mero interés de ascender en su posición social). Y los filos de espadas que tendrán protagonismo más que las materiales (de hecho, hasta el último acto no habrá enfrentamiento físico alguno) sino las de las actitudes, las de los duelos verbales, la tensión de poderes, en suma, de voluntades que quieren imponerse sobre las de otros.
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Kobayashi cargará la narración con una atmósfera opresiva, en la que la simetría de los encuadres hace cuerpo de la idea y sensación de prisión, el cautiverio de una simetría de ideas inmovilistas (también los espacios, sean interiores o exteriores, transmiten una sensación de inhóspita intemperie, de espectral gelidez). Esa ruptura se irá fraguando, estilisticamente, a través de puntuales primerisimos planos y de impetuosos travellings hacia el rostro de alguno de los personajes, hasta estallar en las secuencias finales cuando la acción libera lo retenido hasta entonces, ese duelo de voluntades. El elemento detonante de la 'ruptura' será otra ruptura, la que realiza una mujer, Ichi, la cual, tras dar un hijo al al daimyo (señor feudal), con el que se había casado por obligación, fue instada a retirarse a otro lugar para recuperarse del parto. A volver se encontró con que junto a él estaba otra mujer. Su reacción fue la de golpear a ésta y al daimyo (no por despecho, sino por ánimo insurgente; verse un objeto intercambiable sin voluntad). El daimyo obligará a Isaburo a aceptar que Ichi sea la esposa de su hijo, Yoguro. Isaburo disentirá, pero el hijo acaba aceptando. Lo imprevisto es que entre Yoguro e Ichi surgirá un amor auténtico. Y es cuando el daimyo reclame de nuevo a Ichi cuando el conflicto se desatará.Ichi se resiste, y es secuestrada.
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E Isaburo desiste de ser plegándose a una voluntad que, como dice, se define por la cruel injusticia, pero además, porque ve en ese amor genuino de su hijo e Ichi lo que su vida no ha sido y pudo ser, y lo que pudiera ser si no estuvieran sometidos a una sociedad tan rígida, caprichosa y obtusa. Los espacios naturales donde tienen lugar los últimos enfrentamientos de Isaburo,solo, portando a su nieta, con los hombres del señor feudal, alientan esa desgarrada protesta ( esas hierbas que se mecen por el viento), y además en un espacio intermedio, el de la frontera que separa los feudos, los límites entre un ínmovil pasado y un posible futuro.

'Rebelión' (1967) es otra gran obra del cineasta japonés Masaki Kobayashi, necesitado de revalorización, autor de tan extraordinarias obras como 'Harakiri', 'El más allá (Kwaidan)' o la trilogía 'La condición humana'. Admirable su trabajo con la modulación narrativa, como con los espacios, de tensa umbriedad, en el que late intenso un aliento insurgente ( de un cineasta que sufrió los horrores de la guerra en carne propia, revelándose con las autoridades militares y terminando la guerra en un campo de concentración).

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