jueves, 24 de junio de 2010

Humphrey Bogart, el halcón de las sombras

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Humphrey Bogart en 1928, el año en que dio sus primeros pasos en el cine. Sería en 1936, gracias al apoyo de su amigo Leslie Howard que presionó para que le dieran el papel en 'El bosque petrificado' de Archie L Mayo en vez de a Edward G Robinson, cuando alcanzaría un cierto reconocimiento, aunque le encasillaría en papeles de torvo gangster en interesantes obras como 'Balas o votos' (1936) de William Keighley o 'El sorprendente Dr. Clitterhouse' (1938), de Anatole Litvak, en ambas como antagonista de Robinson, o en la magnífica 'Los rugientes años veinte' (1939), de Raoul Walsh. Fue gracias a éste, tras que George Raft rechazará el papel, quien le daría su gran oportunidad en 'El último refugio' (1941), que le impulsaría a convertirse en una estrella, todo un icono de tipo duro y antihéroe romántico cincelado con sus personajes de 'Casablanca' (1942), de Michael Curtiz y la discreta 'El halcón maltés' (1941), de John Huston. También, además de al Sam Spade de Hammet en esta obra, interpretaría a otro afamado detective, Philip Marlowe, en la estupenda 'El sueño eterno' (1946), de Howard Hawks, con quien ya había trabajado en una variación, más potente, de 'Casablanca', en 'Tener y no tener'(1944), y en donde conoció a Lauren Bacall, iniciando relación sentimental, así como cinematográfica, no sólo en estas dos obras de Hawks, sino en la notable 'Senda tenebrosa' (1947), de Delmer Daves o 'Cayo largo' (1948), de John Huston, con quien volvería a colaborar en varias obras, como la que le reportó el Oscar, 'La reina de Africa' (1951),'El tesoro de Sierra Madre' (1948) o 'La burla del diablo' (1953). Más brillantes son las obras que produjo, e interpretó, para Nicholas Ray, 'Llamada a cualquier puerta' (1949) y, en especial, esa obra maestra que es 'En un lugar solitario' (1950), en la que cual realiza quizá su más admirable intepretación. Como estupendo estuvo en obras tan sugerentes como 'La condesa descalza' (1954), de Joseph L Manckiewicz, 'Sin conciencia' (1951), de Bretaigne Windurst (y Raoul Walsh), 'El cuarto poder' (1952), de Richard Brooks o su última obra 'Más dura será la caida' (1956), de Mark Robson.

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