viernes, 16 de abril de 2010

Poder absoluto

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En el cine de Eastwood podemos encontrar, como constante, una reflexión sobre la Imagen, y sobre la Mirada. Una de sus obras centrada en la imagen del poder, o en el uso que el poder hace de la imagen es ‘Poder absoluto’ (1997). Pero sus ramificaciones o reverberaciones se amplifican. De hecho, una pintura, el hecho de pintar, cobra relevancia en su primera secuencia. Luther (Clint Eastwood) está realizando un dibujo a partir de un cuadro en el museo. Una chica le dedica un cumplido. La cual está interpretada, y no casualmente, por la hija de Eastwood, Alison. ¿Por qué no casual? Recordemos que en la secuencia final, Luther dibuja a su hija, en la ficción, Kate (Laura Linney), postrada en una cama de hospital tras haber sido objeto de un intento de asesinato por las fuerzas de seguridad del presidente. Sin duda, por un lado, podría decirse que la obra es una sentida declaración de amor a su hija. La reconciliación con su hija (ficticia), la restitución de su imagen ante ella, se entrelaza con el descubrimiento de la entraña corrupta del poder, encarnado en el presidente del pais, Richmond (Gene Hackman) quien utiliza la imagen para desvirtuar una realidad a su conveniencia.
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Con respecto a lo primero, la secuencia crucial, y una de más brillantes y emotivas, es aquella en la que Kate descubre en el apartamento de su padre un aparador repleto de fotografías de ella. Además, en momentos, o acontecimientos cruciales en su vida, en los que ella creía que él no había estado presente. Descubre que sí importaba a su padre, que éste la tenía presente aunque permaneciera ausente o invisible para ella. Descubre a través de unas imágenes la mirada de su padre (De hecho, es revelador cómo utiliza Eastwood el espacio en la relación entre padre e hija: la primera vez que les vemos juntos es en un espacio 'fronterizo', 'intermedio', en la orilla del mar; y precisamente ahí es dónde, desde lo alto el acantilado será Kate precipitada en el vacío por los agentes de seguridad del presidente). Por su parte, Luther, a través de otra imagen, esta televisiva, toma consciencia de la ruin falsedad del presidente, cuando éste declara ante los medios su dolor ante la perdida de la esposa de su gran amigo, Sullivan (EG Marshall), al cual abraza en ese momento. Esposa que él había asesinado, y de lo que había sido testigo Luther.No hay que olvidar que Luther había sido casual testigo del hecho a través de un falso espejo, oculto en la cámara de seguridad, al ser sorprendido mientras realizaba un robo. Cual forzado espectador sentado en la butaca de un cine había descubierto a través de una pantalla ( que no le ve) la real catadura del representante del poder. Por cierto, sugerente es la idea previa a la secuencia del robo. Luther en su casa cenando, contempla el dibujo de una casa, y encadena a un plano general de la casa donde realizara ese robo (un ambiguo efecto en donde lo presuntamente real asemeja a la entrada en un sueño).
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Hay otra situación en el film que redunda en una situación ya presente en films anteriores (como en 'Sin perdón' o 'Un mundo perfecto'), y de cuya entraña deriva otra reflexión sobre la mirada, en este caso, la mirada ajena, distanciada, inclemente. La mirada del francotirador. Es aquella en la que dos francotiradores, uno del cuerpo de seguridad del presidente, y otro contratado por Sullivan (por cuanto cree que Luther es el real asesino) esperan que él aparezca para acabar con su vida. Una secuencia extraordinaria, por otra parte, como la magnífica secuencia de la persecución nocturna por el bosque, que demuestra el portentoso dominio de la modulación narrativa por parte de Eastwood.

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