lunes, 2 de noviembre de 2009

Cleopatra

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'Cleopatra' es la magneficencia quebrada. Su deslumbrante, hasta ostentoso, lustre visual, se ve rasgado por las fisuras de los debates y dilemas íntimos. Entra en colisión un decorado, un plano general de ansía de dominio y de espejos buscados de grandeza, con el rostro, el primer plano de los temblores de los corazones expuestos al desgarro de un sentimiento que no puede habitar los magneficentes salones de la pulsión de poder. El amor no habla la misma lengua, es exilio de la máscara, la sencillez despojada de dos miradas que se encuentran desnudas.

'Cleopatra' (1963), de Joseph L Manckiewicz, es una notable obra que supuso un colapso financiero. Sus elevados costes, por encima de lo previsto, llevaron a la productora a la quiebra, pues lo que ofrece no es un espectaculo convencional sino una obra de cámara de poderosos conflictos en magníficos decorados, los cuáles, en este caso,cobran relevancia de sentido por su contraste con los conflictos amorosos, que chocan en un espacio donde dominan las reptiles ansias de poder, encarnadas en Octavio (Roddy McDowall), el reverso de Julio Cesar (Rex Harrison) y, aún más, Marco Antonio (Richard Burton) cuya apuesta por el sentimiento les situa en posición vulnerable. Tres grandes personajes, y tres extraordinarias interpretaciones.Y, por añadidura,el doloroso influjo de la sombra alargada de Julio Cesar sobre Marco Antonio, ante quien siempre se ve como pálido reflejo. Sus desgarros íntimos en el último tramo son sobrecogedores.

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