Translate

jueves, 9 de marzo de 2017

El caso Sloane

En el dominio del escenario del poder, o de la influencia sobre quienes lo detentan, la anticipación es una estrategia fundamental. Es un ejercicio táctico que evidencia cómo ante todo es un escenario en el que prima la simulación, la pertinente sustracción de información, movimientos e intenciones, la cortina de humo o maniobra de distracción y la manipulación. Como en las lides palaciegas o juego de tronos cualquier medio es válido para conseguir la posición ventajosa o privilegiada o para eliminar del tablero al rival. Es un campo de juego o de batalla en el que una motivación primordial es la victoria, en tal grado que para conseguirlo, como hipérbole de esa enajenación, no importa el propio sacrificio como pieza, o suicidio escénico, para ganar la partida o lid. En la notable 'El caso Sloane' (Miss Sloane, 2016), de John Madden, con guión de Jonathan Perera, Elizabeth Sloane (Jessica Chastain) es una implacable jugadora y estratega (cabildera) en ese escenario de ejercicio de influencia (lobbying) en las esferas de poder. Por eso, el título original remarca su nombre. Es un caso, en cuanto que hay un juicio en el que se le acusa de utilizar métodos ilegales para conseguir sus propósitos. La narración parte de esa circunstancia, pero el recorrido narrativo, que alternará tiempos, detallará cuál ha sido el proceso o sucesión de acontecimientos que ha determinado que alguien que controla de un modo tan agudo y eficiente el escenario de las apariencias se encuentre en una situación delicada. El propósito del trayecto narrativo es dejar en evidencia la corrupción de un sistema, la democracia norteamericana, en el que priman las alianzas bajo cuerda que reporten un beneficio económico a los intereses individuales de políticos y empresarios, por encima de la preocupación por el interés general. Este más bien debe ser manipulado o influido para consolidar los intereses de un grupo de poder.
El escenario de batalla apuntala la condición bélica de esta actividad extendida en este sistema capitalista, en cualquier escala empresarial. La lucha entre dos grupos o agentes económicos para conseguir influir en la decisión de los senadores con respecto a una ley sobre la posesión de armas. Elizabeth abandona la empresa, dirigida por Dupont (Sam Waterston), que apoya que el gobierno no efectúe control alguno, sino que se respete el derecho de cualquier ciudadano a disponer de un arma, para trabajar con el grupo económico, dirigido por Schmidt (Mark Strong), que se esfuerza por conseguir que se aplique por ley una restricción. La primera mitad mantiene un ritmo vertiginoso. Lo importante no es el caudal de información sobre el conflicto en sí y las diversas estrategias que se plantean sino el mismo vértigo y, ya manifiesto en la segunda mitad, los procedimientos. El vértigo refleja esa precipitación frenética y urgente, como un estado de permanente excitación en el que no puede existir pausa. Elizabeth consume pastillas como medio para mantener ese fébril ritmo, la enajenación y entumecimiento sensible que priorice la concentración en el ejercicio táctico. La satisfacción sexual, como nutriente energético, incide en esa desconexión emocional: contrata prostitutos de lujo para repostar oportunamente y continuar con la carrera competitiva en el circuito escénico de edificios acristalados.
Elizabeth domina el cálculo, la previsión, por ello, los demás son piezas de un tablero. Sus procedimientos pueden implicar el uso de otras personas, incluso colaboradoras, si son útiles para la consecución de su propósito, si son movimientos escénicos que favorezcan la consecución de una batalla puntual que mine defensas en el enemigo y provea de situación ventajosa. No importa lo que sientan los demás, son instrumentos, como sus pastillas o el cuerpo que le reporta placer con el que no le interesa establecer comunicación íntima. 'Miss Sloane' rehuye el maniqueismo, por lo que separa la causa de los procedimientos. Elige una causa que puede suscitar más simpatías, el control de armas, para centrarse en los procedimientos de un personaje representativo de una dinámica competitiva, como Elizabeth Sloane, no carente de matices ni contradicciones, pues no deja de creer por otra parte en la causa que apoya y busca que gane, además de poseer una voraz compulsión de ganar. De este modo, se presenta como un personaje complejo, que la actriz borda con su habitual maestría, ya que se convierte en reflejo, y a la vez dinamitadora, de una tendencia escénica que carece por completo de escrúpulos, para la que prima simplemente la consecución de beneficios y dominio. La resolución revienta el escenario. Un jaque mate con harakiri incluido. Max Richter componete una excelente banda sonora para esta película que se estrenará el 19 de mayo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada