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sábado, 31 de agosto de 2013

12 years slave - Trailer

Queda ya menos para que se estrene la tercera y última obra del cineasta que ha dado con 'Hunger' (2008) y 'Shame' (2011) dos de las más grandes obra de la última década, Steve McQueen. En sus pases en Telluride y Venecia hay quienes la han calificado como su mejor obra...Fassbender parece haber bordado un villano de esos que te revuelven las entrañas en la impotencia con su abyección...Y quizá sea la oportunidad de que se reconozca cuán inmenso actor es Chiwetel Eljofor (inolvidable en la prodigiosa mini serie 'The shadow line')

Cary Grant, novia masculina de guerra

 photo OIR_resizeraspx6_zps38cc556e.jpg Cary Grant con su peluca de crin de caballo en una imagen promocional de la espléndida 'La novia era él' (I was a male war bride, 1949), de Howard Hawks.

Paul Newman, radiotelegrafista daltónico en la guerra

 photo OIR_resizeraspx7_zps34cd2a96.jpg Paul Newman se alistó en la Marina, con 18 años, el 22 de enero de 1943. Su ilusión era convertirse en piloto, pero sus ojos azules tan admirados padecían algo que lo impidió: daltonismo. Tuve que conformarse con ser operador de radio en bombardero. Fue destinado a una base en Hawai, en la que se preparaba a los pilotos de reemplazo y tripulación de combate. En los dos años en que permaneció en la base la suerte estuvo de su lado, especialmente cuando cayó enfermo el piloto del bombardero a cuya tripulación pertenecía. El resto del escuadrón fue transferido a un portaaviones para atacar la costa de Japón. Un kamikaze se estrelló contra la nave, causando la muerte de un buen número de componentes del escuadrón. Newman estaba en el portaaviones Hollandia, a 500 millas de Hiroshima, cuando estalló la bomba atómica. Abandonó el servicio activo en enero de 1946, siendo condecorado con la medalla de la campaña aérea, la de buena conducta y la de la victoria.

Plácidas pausas de rodaje: John Ford, Henry Fonda y Jane Darwell

 photo OIR_resizeraspx4_zps4b093faf.jpg John Ford, Henry Fonda y Jane Darwell durante el rodaje de la extraordinaria 'Las uvas de la ira' (The grapes of wrath, 1940)

Henry Fonda, infancia y linchamiento

 photo 8ae9e10184a44c38bffe39ce89db2a1c_zps8c00feb9.jpg Henry Fonda ganó con diez años un premio con un relato,'The mouse'. Soñaba entonces con ser periodista. A los catorce años,en 1919, en Omaha, contempló el linchamiento de un hombre negro acusado de violación desde una ventana del segundo piso de la imprenta de su padre. Entre 5000 y 15000 personas asaltaron la corte judicial. A las 8 de la tarde comenzaron a disparar contra el edificio. En el intercambio de disparos murieron dos de los participantes en la jauría humana. Incendiaron el edificio, e impidieron que los bomberos pudieran extinguir el fuego. El alcalde, Smith, salió para intentar razonar con la jauría, pero le golpearon.Recuperó fugazmante el conocimiento, mientras le colgaban de una farola. Despertaría días después en el hospital con severas heridas. Algunas versiones señalan que fue rescatado por la policía, otra que fue gracias a un ciudadano de nombre Russell Norgaard. La jauría se centró en Brown, y fue implacable. Fue golpeado hasta quedar inconsciente, y desgarradas sus ropas. Fue arrastrado por la calle, y alzado con una cuerda, haciendo su girar su cuerpo mientras la masa rugía. Fue acribillado a balazos. Bajaron su cadáver, y lo ataron a un coche, arrastrándolo por la calle. Por último lo quemaron con gasolina. Y arrastraron el cuerpo carbonizado. por toda la ciudad. En los sucesivos dáis los restos de su ropa se venderían a diez centavos. Fue algo que marcó de por vida a Fonda en su rechazo y lucha a todo prejuicio o toda discriminación. 'Fue lo más horrendo que había visto...'Cerramos la imprenta, bajamos las escaleras y nos fuimos a casa en coche. Mis manos estaban húmedas, y había lágrimas en mis ojos. Sólo podía pensar en aquel hombre negro balanceándose en la cuerda'. Fonda protagonizaría dos magníficas obras que condenaban el linchamiento, 'El joven Lincoln' (1939), de John Ford y 'El incidente de Ox Bow' (1943), de William A Wellman.  photo OIR_resizeraspx2_zpsf82ed3ef.jpg

Plácidas pausas de rodaje: Steve McQueen, Anthony Perkins y Janet Leigh. McQueen y sus colaboraciones con Hitchcock

 photo OIR_resizeraspx3_zpsd8af8740.jpg Steve McQueen, con su esposa entonces, Neille, conversa con Anthony Perkins y Janet Leigh en una pausa de rodaje de 'Psicosis' (1960). MacQueen había intervenido en dos episodios de 'Alfred Hitchcock presenta', 'Human interest story' (1959) y 'Man from the south' (1960), ambos de Norman Lloyd, y estaba a punto de comenzar el rodaje de 'Los siete magníficos' (1960).

Plácidas pausas de rodaje: Anthony Perkins y Ray Walston

 photo OIR_resizeraspx5_zps8ca5b21b.jpg Anthony Perkins practica el polo sobre bicicleta, con Ray Walston, durante una pausa de rodaje de ''Me casaré contigo' (Tall story, 1960) de Joshua Logan.

Paraíso: Fe

 photo OIR_resizeraspx4_zpsd724e2c2.jpg Los autos de choque dejan paso a los combates de Wrestling catch. En 'Paraíso: amor' (2012), las emociones colisionaban, las de las expectativas e ilusiones de su protagonista, Teresa, mientras los cuerpos se enredaban en cierta escenificación en la que cada uno tiene su particular guión, y que llegaba a su fin cuando Teresa toma consciencia de que los guiones son distintos. Para Teresa, turista en Kenia, esa celebración de los cuerpos, de los sentidos, de la sexualidad, no era la finalidad última, sino que era un instrumento, un medio, con el que buscaba sentirse querida, excepcional, cuando realmente estaba siendo utilizada por unos cuerpos en venta que necesitan el dinero del mismo modo que ella necesita satisfacción para su ego. Las cabriolas del amor derivan en forcejeo de actitudes divergentes. La frustración, el despecho, deriva en un fugaz conato agresivo cuando golpea a uno de sus provisionales amantes kenianos, al primero que le ha decepcionado. En posteriores desilusiones, una concisa elipsis que refleja su resignación (su nuevo amante le pide dinero contándole una 'batallita' del accidente de un familiar; en el siguiente plano la vemos caminando sola en la noche).  photo OIR_resizeraspx5_zps2904faa9.jpg En 'Paraíso: Fe' (Paradies: Glaube, 2012), de Ulrich Seidl, las colisiones, los enfrentamientos, de actitudes, llegan a ser incluso corporales, convirtiéndose en una refriega. La tensión acumulada deriva en una auténtica batalla campal. El regusto por el autofustigamiento, el que siente Ana María (Maria Hofstater), católica que practica el proselitismo de su fe con obcecado entusiasmo, deriva en un mutuo fustigamiento sangrante cuando vuelva al hogar el marido, Nabil (Nabil Saleh), judío, impedido en su silla de ruedas. Las actitudes también son opuestas. Nabil busca, suplica, demanda, exige, la satisfacción sexual; busca dormir en la misma cama con su esposa (la primera vez es un tímido pero insistente por favor de sacudida de hombro). Ella no quiere saber nada del sexo, o quizá sólo con el crucifijo con el que se acaricia. Jesucristo es un ideal, como Teresa también buscaba un ideal, una ilusión; en un caso el medio o instrumento es abstracto, en el otro era corpóreo. Los keniatas complacían su cuerpo, pero sobre todo su oído, su mente (haciéndola sentir única) porque era la manera de que ella les diera dinero, sin hacerla sentir que pagaba por sus servicios, sino como gratificación o apoyo.  photo OIR_resizeraspx3_zps8c86b389.jpg  photo OIR_resizeraspx_zps30b7ab8b.jpg A Ana María le complace convertir a los descreídos, a los pecadores o perdidos. Llevarles por el recto camino de la pureza y de la corrección. No le importa su circunstancia,como el caso de la desesperada inmigrante del este; Ana María sólo quiere liberarla de los demonios del alcohol, como si eso arreglara su precaria condición material y sus desilusiones vitales por los engaños que ha sufrido. Su desencuentro deriva en otra sesión de wrestling catch. Católica, judío, una inmigrante, combates. Un espejo no distorsionado, sino que refleja la distorsión de una sociedad.Los encuadres parecen intercambiables en ambas obras, la habitación de Ana Maria, en cuyo primer plano vemos cómo se fustiga ante la cruz, es una cabina, un monitor, una cuadrícula, como las habitaciones en las que se encuentra Teresa con los diversos amantes keniatas.  photo OIR_resizeraspx2_zps2e1f2308.jpg La narración es un proceso de degradación. Las suplicas de Nabil se convierten en bofetadas, en agresión. La convivencia se convierte en un cuadrilátero. Nabil tira al suelo todos los signos católicos, todos los crucifijos o todas las cruces, que cuelgan en las paredes. Ana María le quita su silla de ruedas, pero él inasequible al desaliento se arrastra por la casa, para golpear la puerta tras la que ella permanece refugiada, como si la convivencia fuera un asedio, hasta que la suplica se usa como reclamo para la agresión definitiva, el forcejeo desesperado en el que los cuerpos sellan un desencuentro ya irrecuperable. Aunque siempre quedarán las suplicas y los rezos al crucifijo, pese a que ella haga oídos sordos a las súplicas o los lamentos de los demás. Si su compatriota Haneke parece haberse puesto el traje de domingo en sus dos últimas obras, atildando su cine como una vitrina de exposición, Seidl opta por una sórdida convulsión que rehuye las composturas. El paraíso tiene el olor de las miasmas de aire retenido que despide un armario que no se ha abierto desde tiempos inmemoriales, desde que Ctulhu reinaba en la tierra.

viernes, 30 de agosto de 2013

Michael Caine

 photo OIR_resizeraspx6_zps35e52ba9.jpg Michael Caine, fotografiado por Patrick Moran

En rodaje: Woody Allen, Ewan McGregor y Colin Farrell

 photo OIR_resizeraspx2_zpsfbf06f66.jpg Ewan McGregor y Colin Farrell se descacharran con Woody Allen durante el rodaje de la excelente 'El sueño de Casandra' (2007).

En rodaje: Woody Allen

 photo OIR_resizeraspx_zpscc60e134.jpg Woody Allen, durante el rodaje de 'Annie Hall' (1977)

En rodaje: Federico Fellini y Giuseppe Rottuno

 photo OIR_resizeraspx3_zps3617397a.jpg Federico Fellini y Giuseppe Rottuno durante el rodaje de 'Amarcord' (1973)

Plácidas pausas de rodaje: George Sanders y Barbara Shelley

 photo OIR_resizeraspx5_zps986b2dd4.jpg George Sanders ameniza al piano, junto a la dama hammeriana Barbara Shelley, una pausa de rodaje de 'El pueblo de los malditos' (The village of the damned, 1960), de Wolf Rilla

En rodaje: Richard Donner, Gregory Peck y Patrick Troughton

 photo OIR_resizeraspx4_zps97f62e7a.jpg Richard Donner, Gregory Peck y Patrick Troughton durante el rodaje de la secuencia previa al ensartamiento de pincho sacerdotil, de 'La profecía' (The omen, 1976).

Maridos y mujeres

 photo OIR_resizeraspx_zpsbff51cd7.jpg Einstein pensaba que 'Dios no juega a los dados con los seres humanos' a lo que Gabe (Woody Allen), en los planos iniciales de 'Maridos y mujeres' (1992), apostilla 'pero sí al escondite'. Desde luego sí parece que los humanos juegan a los dados con sus emociones, o al escondite, o viceversa, las emociones con su voluntad, porque poco tienen claro, como si les costara encontrarse, son criaturas volubles, indecisas, que parecen ir a golpe de capricho, o de impulso, como si se desplazaran en una niebla que más bien parece una maraña. Allen adopta atinadamente recursos del documental, la cámara en mano, agitada, correspondencia con esa convulsión, de hervidero de emociones. Allen adopta el estilo de los reporteros de guerrilla, como si asistiera a un combate, pero de sentimientos y emociones. Además, alterna intervenciones de los personajes, realizadas por un anónimo entrevistador, comentarios a sus acciones, reflexiones que ante todo delatan sus marejadas y resacas de emociones. Luces que tiemblan aún tras una tormenta. Las palabras pueden ser escurridizas, quizás más bien ciegan, quizás su cimiento sea el de las arenas movedizas. Muchas veces se dice lo que queremos que los otros oigan y piensen, como nos podemos incluso engañar a nosotros mismos, o incluso puede variar nuestra consideración según el ángulo que quizá nos aporte otro o la variación de las circunstancia. Según el escenario.  photo OIR_resizeraspx5_zpsc8298fba.jpg  photo OIR_resizeraspx2_zpsb926b1bb.jpg ¿Qué es lo que sienten Jack (Sidney Pollack) y Sally (Judy Davis) cuando deciden separarse? ¿Por qué se desestabiliza su escenario vital cuando advierten que el otro o la otra han enfocado sus emociones hacia otra persona? Como refleja uno de los relatos de Gabe, en el que quien lleva una estable vida marital envidia al que lleva una ajetreada vida de sucesión de amantes, y viceversa, quizá es que es ese viceversa domina los dados de las emociones humanas. Quizá no se sepa qué hacer con las emociones, quizá siempre se desea lo que no se tiene, quizá ahora se quiere rutina, y ahora variación. Quizá buscar lo que sentimos que nos falta determine buscar un compartimento de vida para ese complemento, o quizás cambiar radicalmente el escenario, aunque no dejaremos de sentir que faltan componentes en la ecuación. Quizá es que nos extraviemos mucho en los quizás.  photo OIR_resizeraspx8_zpsff80ef2a.jpg  photo OIR_resizeraspx6_zps6fdbae14.jpg Aplicar recursos del documental se revela como una ingeniosa manera de poner en evidencia la maraña de ficciones en las que nos desenvolvemos en el escurridizo documento de lo real. 'Maridos y mujeres' supuso la última colaboración con Mia Farrow, como su colaboración sentimental también llegó a su término de un modo también agitado. En la anterior obra de Allen, 'Sombras y niebla' (1991), el personaje de Allen era perseguido en un nocturno universo de raigambre expresionista sospechosos de ser un asesino en serie. En la posterior, 'Misterioso asesinato en Manhattan' (1993), el personaje de Allen se obsesiona con que su vecino ha matado a su mujer, y todo se dirime también entre otros reflejos, también cinematográficos, los espejos de la secuencia culminante de 'La dama de Shangai' (1948), de Orson Welles. Otros espejos, en busca de reflejos que transfiguraran su realidad, cruzaba en 'Alice' (1990) la protagonista que encarnaba Mia Farrow, insatisfecha con su vida marital, con su anodina vida estable.  photo OIR_resizeraspx3_zpsf2d0fac3.jpg En 'Maridos y mujeres' su personaje, Judy, no sabe muy bien lo que quiere, como nunca expresa de modo directo lo que siente o piensa. Su reacción ante la noticia de la separación de sus amigos parece desmedida, como si le afectara a ella misma. Presenta al hombre que realmente quiere, Gates (Liam Neeson) a su mejor amiga, Sally, por si así esta reinicia su vida sentimental. Al final parece que todo, como apuntan otros, sale como ella realmente desea, pero no manifiesta. Su matrimonio se rompe, y consigue consolidar una relación con Gates. Mientras, Gabe, ahora se queda solo. En el trayecto ha sufrido otro espejismo de fascinación con otra de esas mujeres kamikazes que parecen atraerle, una infección de discernimiento resultante de esa ofuscada educación sentimental en un romanticismo tumultuoso de historias con conclusión trágica. Irónicamente, se llama Rain (Juliette Lewis), por el poeta Rainer Maria Rilke, uno de los emblemas de ese romanticismo. Rain puede ser un cielo despejado, o segundos después una tormenta; le expresa su admiración por su novela, la pierde, y su frustración la reconvierte en inclemente cuestionamiento de la novela. Con Rain se da su primer beso con una tormenta en su momento álgido. En un momento dado, dejas la relación o te electrocutas.  photo OIR_resizeraspx4_zpsbcbdcc3d.jpg Aunque quizás es lo que busca alguien como Gabe, sentirse vivo con esa amenaza de electrocutamiento. Una manera de restituir una falta en sí mismo de la que huye a esas llamas cuando siente que crece demasiado el socavón en su interior, como Jack busca en otra lo que le falta en su relación, las especias del sexo, para darse cuenta de que no puede tener todos los ingredientes de la receta ideal, de que debe dilucidar qué prefiere no tener, o de qué prefiere lamentarse no disfrutar. Concesiones, amordazamientos, lenguas mordidas, silencios abocados a tapiados sótanos. Aviones kamikazes o submarinos emocionales que torpedean tu barco cuando menos lo esperes sin verlos venir, como no sabes muy bien si dicen lo que piensan o expresan lo que sienten. Las emociones se estrellan una y otra vez, y se reconfiguran una y otra vez, en un escenario que quizá sea nuevo o el mismo que tiempo atrás, con la misma persona o con otra diferente, mientras esperamos encontrar un reflejo en el espejo equivalente a nosotros, o deseando lo que no tenemos, para cuando lo tenemos, desear lo que teníamos antes. Dados que son una maraña de reflejos que juegan al escondite, sin autor o dios que ponga un poco de orden. A veces, te puedes encontrar a ti mismo, con un poco de suerte. Gabe decide que su próxima novela no será sobre sentimientos ni sobre relaciones amorosas, sino sobre política. Quizá sus trincheras sean más seguras.

jueves, 29 de agosto de 2013

Ann Sheridan

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Harry Dean Stanton, Travis o la herida silenciosa

 photo OIR_resizeraspx_zpse20cf119.jpg Travis, la herida silenciosa que surge del desierto, de una condena por el dolor infligido. La recuperación de la voz no es la recuperación de quien fue, son nuevos pasos, cicatrización que es restitución. Harry Dean Stanton coincidió con Sam Shepard en 1983, en el festival de Santa Fé. Compartió su cansancio con los papeles que le tocaba interpretar. Tenía hambre de personajes con una particular hondura. No imaginaba que Shepard le llamaría poco después para ofrecer el memorable protagonista de 'París, Texas' (1984), de Wim Wenders. Stanton, o su rostro, fue la culminación de otro viaje, de la cicatrización de otra herida, en la memorable secuencia final de la prodigiosa 'Una historia verdadera' (1999), de David Lynch, con quien ha reincidido en varias ocasiones desde 'Corazón salvaje' (1990) a 'Inland empire' (2006), pasando por 'Twin Peaks: fuego camina conmigo' (1992) o uno de los episodios de 'Hotel room' (1992). Amigo íntimo de Francis Coppola ha trabajado con él en 'El padrino II' (1974) y 'Corazonada' (1982). Dios sus primeros pasos actorales, no acreditado, en 'Falso culpable' (1956), de Alfred Hitchcock, y después de pequeños papeles en producciones televisivas, o cinematográficas, como en el último segmento de 'La conquista del oeste' (1962), de Henry Hathaway, en el que interpretaba a uno de los secuaces del bandido que encarnaba Elli Wallach, consiguió su primer papel de cierta resonancia con Monte Hellman en 'A través del huracán' (1966), quien le propulsaría a cierta notoriedad con su personaje en 'Carretera asfaltada en dos direcciones' (1971), y colaborando de nuevo en 'Cockfight' (1974). En los 60 participó en 'La leyenda del indomable' (1966), de Stuart Rosenberg o 'En el calor de la noche' (1967), de Norman Jewison. En los 70 conseguiría personajes de más entidad, en 'Dillinger' (1973), de John Millius, 'Pat Garret y Billy el niño' (1973), de Sam Peckinpah, 'Adiós muñeca' (1975), de Dirk Richards, y aún más en 'Libertad provisional' (1978), de Ulu Grosbard, 'Sangre fría' (1979), de John Huston, 'Alien' (1979), de Ridley Scott, y en los inicios de los 80, en 'La muerte en directo' (1980), de Bertrand Tavernier o '1997: Escape de Los Ángeles' (1981), de John Carpenter. En este década también conseguiría resonancia con su personaje en 'Repo man' (1984), de Alex Cox e interpretaría a San Pablo en 'La última tentación de Cristo' (1988), de Martin Scorsese. En las siguientes, este excelenta actor, que ya cuenta con 87 años, ha trabajado también en 'Atrapada entre dos hombres' (1997), de Nick Cassavettes, 'La milla verde' (1999), de Frank Darabont, 'El juramento' (2001), de Sean Penn, 'Un lugar donde quedarse' (2011), de Paolo Sorrentino o 'Siete psicópatas' (2012), de Martin McDonagh. Además, es guitarrista y cantante. Tene una banda, 'The Harry Dean Stanton band', que combina jazz, pop y tech-mex.

En rodaje: Samuel Fuller, Lee Marvin y Mark Hammill

 photo OIR_resizeraspx2_zpsf48241dd.jpg Samuel Fuller, Lee Marvin y Mark Hammill durante el rodaje de las secuencia en el campo de concentración de Falkenau en 'Uno rojo: división de choque' (The big red one, 1980). Pocas más sobrecogedoras en la filmografía de Fuller.

Lee Marvin, marine herido en combate

 photo OIR_resizeraspx3_zps96162b28.jpg Lee Marvin, con 17 o 18, cuando fue soldado de primera clase (y francotirador) en la cuarta división de marines en la II guerra mundial. Fue uno de los nueve supervivientes de un ataque japonés a su unidad, en la batalla de Saipan, en el que resultó gravemente herido en las nalgas. La bala afectó su nervio ciático. Tardo varios meses en recuperarse. Le fue concedido el Corazón purpura. Tras la guerra, cuando trabaja de ayudante de un fontanero, en un teatro de Nueva York, le ofrecieron suplir a un actor que había caído enfermo. Así se iniciaría, en los escenarios de Off Broadway, su carrera como actor.

En rodaje: John Frankenheimer y Gregory Peck

 photo OIR_resizeraspx4_zps92b44f2c.jpg John Frankenheimer y Gregory Peck durant el rodaje de la demoledora ( y magnífica) 'Yo vigilo el camino' (I walk the line, 1970). Fotografía de Dennis Stock.

Libertad condicional

 photo OIR_resizeraspx2_zps3f66aa9d.jpg Eddie Bunker era aquel convidado de piedra conocido como Mr Blue en 'Reservoir dogs' (1992). Su presencia era un homenaje y a la vez cita o referencia de Quentin Tarantino. Bunker había sido atracador de bancos en los escasos momentos que disfrutó de libertad, entre una estancia penitenciaria y otra, durante treinta años, hasta mediados de los 70, cuando por fin logró dar un volantazo a su vida, en lo que fue decisivo la buena recepción de sus primeros esfuerzos literarios. Porque no sólo es cuestión de voluntad, de tener objetivos claros, un propósito como horizonte, el escribir, sino de que acompañe la suerte. Su primera novela, 'No beast so fierce', publicada en 1973, llamó la atención del cineasta Ulu Grosbard. No porque quisiera rodarla sino por cuán impresionado se la recomendó a Dustin Hoffman, al que conocía desde hacía una década. El actor había sido su asistente de dirección en 1964 en Broadway, cuando representaba 'The subject was roses' , que en 1968 Grosbard adaptaría en su opera prima, 'Una historia de tres extraños'. Hoffman sería el protagonista de su segunda obra, '¿Quién es Harry Kellerman' (1971). Y lo sería de la tercera, cuando 'No beast so fierce' se convirtiera en 'Libertad condicional' (Straight time, 1978).  photo OIR_resizeraspx7_zps64f720a3.jpg  photo OIR_resizeraspx5_zps734a6dad.jpg Bunker no quería reflejar en su obra su propia historia, sino una forma de representar una vida que rara vez había visto en el cine, fueran buenas o no las obras que mostraban la vida o actividad delictiva. Grosbard que tenía experiencia en su Bélgica natal como cortador de diamantes aplicó ese estilo a una narración de afilado realismo, sin necesidad de subrayados, en ocasiones como si asistiéramos a la gestación muda de una explosión. La obra comienza con una liberación y finaliza con una fuga que refleja cómo la primera tenía algo de espejismo. En la primera secuencia, Max (Dustin Hoffman) sale de la cárcel tras estar seis años recluidos. Bunker comentaba cómo en ciertas obras cuando un delincuente salía de la cárcel enseguida le esperaba otro proyecto, otro plan de robo. Lo que se espera es abandonar esa vida, esa cárcel tanto fuera como dentro, porque en parte arrastras en tu interior una tendencia que puede ser propulsada por una imprevista combinación de factores, como una bestia que se despertara. El único deseo de Max es construir otra vida, una vida integrada, como la de tantos miles de ciudadanos que ejercen su rutina de trabajo y relaciones afectivas. Max espera encontrar un lugar donde dormir, un trabajo con el que comenzar a ganar unos dolares y disponer de la posibilidad de sentir ese nudo en el estómago que causa el tener una primera cita con una chica que te gusta.  photo OIR_resizeraspx3_zps7fc90911.jpg  photo OIR_resizeraspx_zpsfd585b4c.jpg Pero, además de la voluntad, también cuenta el azar,y la injerencia de los otros, intencional o no. Y Max toma consciencia de que su nueva vida puede derrumbarse en cualquier instante, aunque sea por un equívoco, sobre todo si dependes de un agente de la provisional, Earl (M Emmet Waalsh), demasiado preocupado por remarcar su posición, por dejar bien claro, aunque sea con una sonrisa de hiena, que él es quien marca las pautas, quien ejerce el control, quien dispone de tu vida. Dispones de dos opciones: una es bajar la testuz, morderte la lengua, y encajarlo aunque la bilis te corroa. Otra es escupir tu rabia, lo que desemboca en que te desvíes a la calle de no retorno de la delincuencia una vez más. Pero esa rabia, la fiebre de esa furia, no desaparece, no te desprendes de ella. Queda prendida en tí como una mecha que no deja de crisparte. Te ves abocado a una vida que no querías, y tu discernimiento se nubla, se tensa, lo que puede poner en peligro la efectividad de los trabajos y, por extensión, la vida de tus colaboradores. El tiempo es fundamental, el atraco es un trabajo a realizar en un tiempo medido. Todo tiene sus horarios. No puedes dejarte llevar por la intemperancia, ni obcecarte por querer más de lo que has conseguido.  photo OIR_resizeraspx4_zps2830cc99.jpg  photo OIR_resizeraspx6_zps31fad66c.jpg Grossbard forja un diamante narrativo en el que modula con precisión las agitaciones que van apoderándose de Max, expuestas brillantemente en secuencias como la de su irrupción en un casa de prestamos para conseguir el subfusil que no le ha proporcionado como había prometido el suministrador para realizar el atraco previsto esa noche. Su respiración delata esa furia, la realidad no puede írsele de las manos, tiene que seguir disparando con su furia, como conseguir el máximo de billetes o joyas aunque haya pasado el tiempo previsto, como si le superara su sentimiento de despecho, como si la vida le debiera lo que le ha usurpado, esa libertad que ha extraviado por no darle las oportunidades que él pedía. Su mirada comprende su error, su ofuscación, cuando se mira, arrodillado, con el amigo cuya mirada se extingue, cuya muerte ha propiciado por un atraco defectuosamente realizado. O no es necesario el contraplano del amigo que dispara, del amigo que le ha fallado, que le ha traicionado, porque al fin y al cabo, se está disparando a sí mismo a través de él, dispara a su error, a su propia torpeza. Por eso no puede haber fugas, porque primero debe fugarse de sí mismo para quizás poder ser aquel otro que deseaba ser si las condiciones hubieran sido de otro modo, más favorables. Porque a veces, es sólo cuestión de suerte.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Melanie Laurent, fulgor francés

 photo OIR_resizeraspx_zpsc255e9a3.jpg En la reciente 'Ahora me ves...' (2012), de Louis Leterrier, prototipo de película fumista, uno de sus escasos fulgores a reseñar proviene de la actriz francesa Melanie Laurent, o de la vibrante química con el excelente actor Mark Ruffalo. También lo era, junto a Christoph Weitz, de la (por ser suave y delicado) nada estimulante 'Malditos bastardos' (2009), de Quentin Tarantino. Su salto al cine se debió al interés que mostró Gerard Depardieu cuando Melanie visitaba el rodaje de 'Asterix y Obelix contra Cesar' (1999), de Claude Zidi. Depardieu la ofreció un pequeño papel en 'Un ponte entre deux rives' (2000), de Depardieu y Frederick Auburtin. Melanie ha intervenido también en 'De latir mi corazón se ha parado' (2005), de Jacques Audiard, 'París' (2008), de Cedric Kaplish, 'El concierto' (2009), de Radu Mihaileanu, 'Beginners' (2010), de Mike Mills, 'Night train toLisbon' (2013) y ha dirigido un cortometraje para 'X femmes' (2008) y el largometraje 'Les adoptes' (2011)

Plácidas pausas de rodaje: Ingrid Bergman

 photo 55e5b250ac9b4e09bfc202fb112b5044_zpsdb7f566c.png Ingrid Bergman en una pausa de rodaje de 'Te querré siempre' (Viaggio in Italia, 1954), de Roberto Rosellini

Plácidas pausas de rodaje: Ingrid Bergman y su coraza

 photo OIR_resizeraspx2_zps427737f3.jpg Ingrid Bergman y la cacharrería de su atrezzo para 'Juana de Arco' (1947), de Víctor Fleming. Fotografía de Allan Grant

Ingrid Bergman, la niña que no fue cantante de opera

 photo OIR_resizeraspx4_zpsbe55b472.jpg Ingrid Bergman o una mantecada con guitarra. Sus padres le pusieron su nombre por la princesa Ingrid de Suecia nacida cinco años antes. La madre, alemana, murió cuando tenía tres años. El sueño del padre, fotógrafo, era que su hija se convirtiera en cantante de opera, por lo que hizo que tomara lecciones de canto durante tres años. Aunque ella ya tenía claro desde corta edad que quería ser actriz. Montaba, vestida con la ropa de su madre, escenificaciones en el estudio de su padre, quien la grabó, con su cámara, cada cumpleaños, hasta que falleció cuando ella tenía trece años. Ingrid fue a vivir con su tía, aunque esta fallecería seis meses después a causa de una enfermedad coronaria. En 1926, con once años, otra tía le dijo que tenía ancestros judios por parte de madre, pero que, dado los tiempos que se 'cocían', mejor no lo pregonara. Con 17 logró una plaza en la Real Academia de Teatro dramático. Aunque lo usual era que las alumnas tuvieran que esperar tres años para debutar en los escenarios, ella lo consiguió al de pocos meses.

Plácidas pausas de rodaje: Federico Fellini e Ingmar Bergman

 photo OIR_resizeraspx3_zps8724c191.jpg Ingmar Bergman, de visita, con Federico Fellini durante el rodaje de 'Satyricon' (1969), una de las escasas películas del gran cineasta italiano con la que no he 'conectado'.

Ingmar Bergman, su hijo Daniel y los primeros pasos con la cámara

 photo OIR_resizeraspx_zps88dde28b.jpg Ingmar Bergman inicia a su hijo Daniel en los juegos con la cámara, en 1963 (Fotografía de Lennart Nilsson)

Vive l'amour

 photo OIR_resizeraspx4_zps4e66b294.jpg Habitaciones vacías, pisos en alquiler. Emociones vacías, cuerpos que buscan. Un hombre y una mujer se cruzan en la multitud. No cruzan palabras. Sus cuerpos sí conversan, se palpan, se besan, en uno de los pisos vacíos que ella, May Lin (Yang Kuei-Mei), agente inmobiliaria intenta vender. Ella lame el pecho de Ah-jung (Chen Chao Jung), como si fuera a encontrar su propio corazón. Ah-Jung también vende, aunque al descubierto, en un puesto callejero que tiene que retirar si se acerca la policía. También es vendedor, aunque a domicilio, Hsiao-kang (Lee Kang Sheng). El les escucha desde otra habitación, mientras se abre las venas. Hsiao Kang había visto las llaves del piso en la puerta, y decidió encontrar una ilusión de refugio en un piso deshabitado, sin mobiliario, un hogar aun no formado, quizá como su interior, como él se siente, en la intemperie de sus emociones. También decide Ah Jung coger las llaves del piso, y encontrar refugio en el piso. Ambos se encuentran una noche, figuras furtivas en sus sueños clandestinos; en principio las palabras son interrogantes, pero las respuestas son elusivas, puertas cerradas, gestos que se escurren en la oscuridad. Aunque la amistad se forja entre ambos, entre sus silencios, cómplices en su errancia, figuras que buscan dotarse de presencia en unos espacios que son intemperie.  photo OIR_resizeraspx2_zpsf1fa0408.jpg  photo OIR_resizeraspx_zpsabf7abb7.jpg May Lin roza el colchón donde hizo el amor con Ah Jung, como si más que un recuerdo rozara una ilusión. De debajo de la cama sale el cuerpo con el que intentó recuperar la noción de presencia, otro sueño convertido en temblor fugitivo. El cuerpo de May Lin se postra, como un traje tirado sobre la cama, abandonada a su cansancio, a sus anhelos entumecidos, doloridos. Hsiao Kang se prueba sus ropas un vestido, sus zapatos, como si se alzara en su mirada arrumbada, juegos que son cicatriz.En 'Vive l'amour' (1994), Tsai Ming Liang dota de pregnante, y a la vez escurridiza, corporalidad a una narración de espectros que buscan dotarse de cuerpo, de heridas que intentan encontrar el aliento que las reanime. Sus emociones parecen cautivas de una mudez que les hubiera atrapado como un ámbar. La narración asemeja al vaho de una respiración, la huella de una ausencia. May lin es una agente, una figura intermediaria, entre espacios que no son suyos, que no habita. Ellos carecen de su lugar, y se mecen en un espejismo, el de que habitan otro lugar.  photo c238900928f948198109dd95c1b9a90c_zps04ec297d.png  photo OIR_resizeraspx5_zpsff3e7096.jpg Hsiao Kang viste otras ropas, como si fuera otro, como si así se evadiera de sí mismo. Se tumba junto a Ah Jung. Su mirada crepita como unas llamas que más bien abrasan su interior. Su cuerpo vacila, intenta aproximarse, como su mirada que parece querer sentirse parte de aquel cuerpo. Besa sus labios dormidos, sin respuesta. Su mirada grita desesperación, venas abiertas. May Lin anda como si corriera, tras otra noche en la que su cuerpo se ha encontrado con el de Ah Jung. De nuevo, no se cruzaron las palabras. Gemidos, los de ambos, sobre la cama. Gemidos, los de Hsiao Kang, bajo, la cama, masturbándose. Soledades, colisiones fugaces. May Lin anda como si corriera. Como si quisiera apagar unas llamas de las que huye. Y sus lágrimas corren en su rostro, incontenibles, como un lamento que brotara de las simas de su intemperie. Y el tiempo corre, mientras los rostros lloran, u observan como una llama desesperada el rostro dormido de su deseo sin respuesta.

martes, 27 de agosto de 2013

Suzanne Pleshette, la bella negrura de una herida

 photo dd37afb5fda6419796c56c6b1eba3660_zpsa4f9f06b.jpg Memorable como Annie, la profesora de 'Los pájaros' (1963), de Alfred Hitchcock, la negrura de la herida de la consciencia frente a la soberbia e inconsciencia de Melanie (Tippie Hedren). Una se queda sin ojos, la otra por fin los abre, aunque sufrir los picoteos y desgarros de los abismos la sumen en el temblor mudo de una lucidez que no logra encajar. Annie fue el gran papel de Suzanne Pleshette, que había debutado cuatro años antes. Su otra gran película de la década es 'Nevada express' (1966), de Henry Hathaway, en la que su personaje también sufre absurda muerte, y contrasta con la ciega obcecación del vengativo, el personaje que encarna Steve McQueen. Trabajó con Frank Tashlin en 'Tú, Kimi y yo' (1958), de Frank Tashlin, Delmer Daves en 'Más allá del amor' (1962) y 'Una mujer espera' (1964), Raoul Walsh en la discreta 'Una trompeta lejana' (1964), con cuyo protagonista, Troy Donahue se cararía ese año, aunque duraría ocho meses su matrimonio, con Norman Jewison en 'Solterón en apuros', con Ralph Nelson en 'Los pasos del destino' (1964), Byron Haskin en 'El poder' (1968) o Burt Kennedy en 'Látigo' (1971). A partir de los 70, hasta cuatro años antes de su muerte en el 2008, su carrera se centró especialmente en la televisión, o en el doblaje de alguna película de animacion como 'El viaje de Chihiro' (2001) de Hayao Miyazaki.

Plácidas pausas de rodaje: Suzanne Pleshette y Rod Taylor

 photo OIR_resizeraspx0_zps4b5e73ee.jpg Suzanne Pleshette y Rod Taylor durante una pausa de rodaje de la extraordinaria 'Los pájaros' (1963), de Alfred Hitchcock