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viernes, 31 de mayo de 2013

Dirk Bogarde

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En rodaje Fritz Lang y Milton Krasner, mago de la luz

 photo b87ba687e4f84bb4a9f9275a3d868e05_zpsc8bc2e2c.jpg Fritz Lang y Milton Krasner, director de fotografía, durante el rodaje de 'Perversidad' (Scarlet street, 1945). A Krasner se deben trabajos tan admirables, entre otros muchos, como los que realizó en 'La mujer del cuadro' (1944), también de Lang, 'A través de un espejo' (1946), de Robert Siodmak, 'Doble vida' (1947), de George Cukor, 'The accused' (1949), de William Dieterle, 'Nadie puede vencerme' (1949), de Robert Wise, 'Regresaron tres' (1950), de Jean Negulesco, 'El jardín del diablo' (1954) o 'A 23 pasos de Baker street', (1956), ambas de Henry Hathaway, 'La chica del trapecio rojo' (1955), de Richard Fleischer, 'Bus stop' (1956), de Joshua Logan, 'Tú y yo' (1957), de Leo McCarey. 'Rey de reyes' (1961), de Nicholas Ray, 'Con él llegó el escándolo' (1961) o 'Dos semanas en otra ciudad' (1962), ambas de Vincente Minelli, Dulce pájaro de juventud' (1962), de Richard Brooks, 'La conquista del oeste' (1962), de Hathaway, Ford y Marshall, o 'Amores con un extraño' (1963), de Robert Mulligan

Doctor Zhivago - Imágenes de un rodaje (y II)

 photo OIR_resizeraspx2_zpsdddd3836.jpg  photo OIR_resizeraspx_zps91669d2c.jpg  photo 8d2bee5ecfde43bdb7726cd6b21b4836_zps24bb82ec.jpg  photo OIR_resizeraspx3_zps75ea053a.jpg  photo 9346496623014b31804faa773f993201_zpsac948561.jpg  photo OIR_resizeraspx4_zps3f33515a.jpg  photo OIR_resizeraspx5_zps571b12a3.jpg  photo OIR_resizeraspx6_zpse9ae6b5c.jpg  photo OIR_resizeraspx7_zps965e0b8d.jpg David Lean, Julie Christie, Omar Sharif, Ralph Richardson, Geraldine Chaplin, Alec Guinness o Rita Tushingam, entre otros, en varios momentos del rodaje (la secuencia de la presa se rodó en Aldeadávila, Salamanca) de la tan desoladora como sublime (y minusvalorada) 'Doctor Zhivago' (1965)

Graham Greene, David O'Selznick y Carol Reed y los forcejeos creativos en El tercer hombre

 photo OIR_resizeraspx7_zpse57e8e7e.jpg Graham Greene, David O'Selznick y Carol Reed durante la preparación de 'El tercer hombre' (1949). Greene escribió una novela, como base para elaborar el guión, para crear la atmósfera y caracterizaciones, pero sin la pretensión de publicarla antes de que se estrenara la película. En la obra el narrador es el Mayor Calloway, interpretado en la película por Trevor Howard, y tanto Harry como Holly, los personajes de Joseph Cotten y Orson Welles, son ingleses, no estadounidenses. La conclusión también era diferente, ya que en la novela se insinuaba que una relación se gestaba entre Holly y el personaje que encarna Allida Valli, pero tanto a O'Selznick como a Reed les parecía un final feliz impostado. Durante años también la película mantuvo cierto status de consideración, a diferencia del resto de la filmografía de Reed, porque se consideraba que Welles había intervenido en tareas de dirección, que él mismo corroboró en una entrevista en 1958, aunque años después, en 1967, lo desmentiría, sólo restringiendo su intervención a la famosa frase en la noria, sobre Suiza, los Borgia y los relojes de cuco (que se revelaría falaz, ya que los relojes de cuco eran característicos de Alemania, y en la época de los Borgia Suiza era una temida fuerza militar), más allá de que a Reed le influyera en sus decisiones de diseño visual la obra previa de Welles (aunque esta me parezca superior a la sobrevalorada 'Ciudadano Kane' (1941) y a buena parte de la filmografía del tan mitificado Welles).

El faro azul

 photo OIR_resizeraspx4_zps42d87ed1.jpg La vida se ha convertido en una carrera de galgos. Se ha dado un pistoletazo de salida, y no puedes dejar de correr para alcanzar, antes que los otros, el escaso trozo de cielo que queda entre las ruinas antes que los otros. Destaca un detalle singular en las secuencias que tienen lugar en las estancias policiales de 'El faro azul' (The blue lamp, 1950), de Basil Dearden, una producción de la Ealing con guión de T.E.B Clarke, y diálogos adicionales de Alexander MacKendrick: Unos recurrentes ladridos de perro en la distancia, en el fuera de campo. La secuencia final, el climax, aquella en la que los policías, ayudados por los apostadores, atrapan al asesino de un policía, tiene lugar en un canódromo; antecedente, por otro lado, de otra excelente secuencia en un espacio de competición, en 'Chantaje de una mujer' (1962), de Blake Edwards. En cierta secuencia, una anciana mujer denuncia la desaparición de su perro, aunque se muestra imprecisa a la hora de describir sus características, de definir su edad, cuando lo llevó a su casa. Quizá reflejo de cómo aún se sentía el país, como si tras la guerra aún no hubiera afrontado sus ruinas, sus heridas, y aún no lograra cimentar su reconstrucción (incluso moral), en un edificio en el que aún se notaban muchas vías de agua, de criminalidad que se aprovechaba de esa realidad aún no parcheada, con la que traficaba, o que eran reflejo de una supuración, de una falta de horizonte.  photo OIR_resizeraspx3_zpsa92b1cb2.jpg Esa realidad quebrada se refleja en los espacios arrumbados, como el lugar donde se encuentra la pistola del asesinato, y donde juegan, significativamente, unos niños. Esos detalles son sutiles fugas o fisuras en la narración, cuya superficie puede parecer más convencional de lo que realmente es, aunque parezca una apología de las fuerzas del orden, o de su necesidad, ya que la voz en off que introduce la narración apunta que hace falta más policía (como si la realidad se estuviera desmoronando y se necesitara quienes la apuntalaran firme). La estructura narrativa adopta los modos del 'police procedural', o el thriller colindando con el realismo social, la ficción entreverándose con ciertos recursos documentales, empezando por el rugoso realismo de las localizaciones, un protagonismo diversificado, y la atención a unos modos de investigación, presentes en producciones estadounidenses como 'La casa de la calle 42' (1945), de Henry Hathaway. 'La brigada suicida' (1947) de Anthony Mann o 'La ciudad desnuda' (1947), de Jules Dassin (de hecho, la película propició una serie de estas características': Dixon of Dock Green' (1955-1976), protagonizada por uno de sus personajes protagonistas, Dixon (Jack Warner).  photo OIR_resizeraspx5_zpsb804d570.jpg  photo OIR_resizeraspx6_zpsacdf7fd1.jpg También puede contemplarse 'El faro azul' como un antecedente de la magnífica 'Los nuevos centuriones' (1972), de Richard Fleischer, aunque sin la amargura y nihilismo de esta. En este caso los policías uniformados son los 'coppers'. Hay un veterano,como allí el personaje de George C Scott, aquí Dixon (que intenta dilucidar si acepta el retiro o pide una prorroga de cinco años), y el joven que se inicia y que el primer acoge, allí el encarnado por Stacy Keach, aquí Mitchell (Jimmy Hanley), al que incluso aposenta en su hogar. En ambos casos el veterano muere a mitad de la narración, allí reflejo de una incapacidad de habitar la vida más allá del uniforme, una desorientación vital que se convertía en lacerante reflejo de una sociedad de cimientos inestables (aquellos que protegen, no saben protegerse a sí mismos, extraviados cuando tienen que enfrentarse a sí mismos, en el espacio íntimo). En 'Los nuevos centuriones' se incide en un interior quebrado, en 'El faro azul' en una realidad agrietada, ruinosa, que puede derrumbarse bajo tus pies. Se refleja cómo una voluntad protectora, entregada, se ve demolida por el rostro de una juventud que no sabe en qué pantalla de la vida mirar, como quien está cegado por el proyector, y sólo busca beneficiarse mientras dura el espectáculo porque éste tiene fecha de caducidad.  photo OIR_resizeraspx2_zpscab831da.jpg  photo OIR_resizeraspx_zps96809f79.jpg No deja de ser significativo que ese enfrentamiento tenga lugar en el hall de una sala de cine. Ese rostro es otro de los aspectos más logrados de 'El faro azul', el de Riley (Dirk Bogarde), una presencia siniestra, diferente, por más escurridiza e indefinible, pero igual de efectiva que la de Richard Attenborough en la también espléndida 'Brighton Rock' (1947), de John Boulting. Riley es alguien que en algún momento dijo no, como esa niña que encuentra la pistola con la que ha cometido el crimen, y no deja de responder no a todas las preguntas que le hace la policía, hasta que explicita que su padre le ha enseñado que hay que desconfiar de la policía. Quizá algo parecido le ocurrió a Riley, pero él se guardó la pistola, y se convirtió en una sombra incendiada, que sólo podía apagarse si se conjugaba la unión, la colaboración de los que están a un lado y otro de la ley, el único modo de edificar una reconstrucción en vez de que las ruinas se convirtieran en imprevisibles arenas movedizas.

jueves, 30 de mayo de 2013

Anna Karina

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Andrei Tarkovski y Andrei Konchalovski, colaboraciones, el paso del tiempo y otras actitudes

 photo OIR_resizeraspx_zpsc50221e5.jpg Andrei Tarkovski y Andrei Konchalovski. Se conocieron en 1960, y colaboraron en el guión de los dos primeros largometrajes de Tarkovski, 'La infancia de Ivan' (1962) y 'Andrei Rublev'. Konchalovski declaraba hace un par de años cómo entonces ambos creían que el arte podía cambiar el mundo, cosa que ya no cree. También ambos pensaban que eran unos genios, y ahora Konchalovski sabe que no lo es. La perspectiva de la inevitabilidad de la muerte cambió su perspectiva. Lo que parecía antes tan importante, ahora pierde relevancia. La muerte lo vuelve todo relativo. A Tarkovski le consideraba un atormentado, alguien que sufría mucho. Hay un dicho ruso que dice: 'Aquellos que sufren viven la vida como un drama, aquellos que piensan viven la vida como una comedia'. Tarkovski pertenecía al primer grupo, él al primero.

En rodaje: David Lean y Sessue Hayakawa

 photo OIR_resizeraspx8_zpse714e96d.jpg David Lean y Sessue Hayakawa durante el rodaje de 'El puente sobre el río Kwai' (1957)

En rodaje: Edward Dmytryk y Ginger Rogers

 photo OIR_resizeraspx6_zps422e044a.jpg Edward Dmytryk y Ginger Rogers durante el rodaje de la notable 'Compañero de mi vida' (Tender comrade, 1943)

En rodaje: Jean Pierre Melville y Volker Schlondorff

 photo OIR_resizeraspx7_zps6a6d1b41.jpg Jeam Pierre Melville con Volker Schlondorff que además de trabajar como ayudante de dirección en 'Leon Morin, sacerdote' (1961), realizó una breve aparición como figurante, encarnando a un soldado alemán. Ambas facetas también las realizó en la siguiente película de Melville, 'El confidente' (1962).

Hitler's madman

 photo OIR_resizeraspx_zps483389b5.jpg 'Hitler's madman' (1943), la primera obra de Douglas Sirk en Hollywood (con Edgar Ulmer a cargo de la segunda unidad y, sin acreditar, el diseño de producción), podría haberse titulado como la posterior, y devastadora, obra de Elem Klimov, 'Masacre (ven y mira)' (1985). La obra finaliza con la represalia que el ejercitó alemán realizó, tras el atentado mortal sufrido por el 'Protector de Bohemia', Reinhard Heydrich, uno de los artífices de 'la Solución final'. Se ordenó hacer desaparecer del mapa a uno de los pueblos cercanos al lugar donde unos partisanos checos habían atentado, el 27 de mayo de 1942, contra el coche en el que viajaba Heydrich (fue denominada 'La operación Anthropoid', planeada por el servicio de operaciones especiales británicos junto al gobierno checo en el exilio: los partisanos fueron lanzados en paracaídas desde un avión de la RAF). El 10 de junio Lidice fue incendiado, bombardeado, su ganado confiscado, las mujeres y niños enviados a campos de concentración y 173 hombres, mayores de dieciséis años, fusilados. Las secuencias finales son de una intensidad desoladora. La figura de un santo de esquelética constitución, atravesado por dos flechas, se revela como un poderoso emblema de la ejecución una barbarie.  photo f6cbf5b73c75492bb48801165f7d5fa9_zps839bf186.png  photo OIR_resizeraspx5_zps053f85b2.jpg Aunque el título se centre en esa figura cruel, Heydrich (al que se le dio el sobrenombre de 'Verdugo/Hangman)., la obra de Sirk, como 'Los verdugos también mueren' (1943), de Fritz Lang, que también tiene el atentado sobre Heydrich como inspiración, eje y referencia dramatúrgica, es una película coral. Hay también una figura que encarna el hombre de acción, o la mano ejecutora, allí el personaje que encarnaba Brian Donlevy, aquí el paracaidista partisano Vavra (Alan Curtis), para quien retornar además de ejecutar su misión también implica reencontrarse con lo que ha dejado atrás, con lo que ha tenido que separarse, lo que ha tenido que sacrificar, la mujer que ama, Jarmilla (Patricia Morrison). El padre de esta, Jan (Ralph Morgan) encarna a quien no acaba de decidirse a revolverse, a llevar la resistencia a la acción, sino que asume con resignación una fatalidad. Intentó comprender la perspectiva del enemigo, aplicando la consideración de que en la vida hay grises, pero tras ser testigo de una sucesión de brutalidades asume que no hay otra respuesta a la violencia que la misma violencia.  photo OIR_resizeraspx4_zps3b1ad2bf.jpg Hay quien, como el personaje de Gene Lockart en la obra de Lang, confraterniza y sirve, con convicción, a los alemanes, como el alcalde, Bauer (Ludwig Stossel), quien encaja incluso la noticia de la muerte de sus dos hijos en el frente alemán en Rusia. Quien no lo hace es su esposa. Por un instante, su vida se desmorona, y el tiempo cruza a través de ella como una hiriente sombra de futilidad. No puede asimilar que aquellos niños a los que cuidó durante tantos años, de los que se preocupó en sus noches de pesadillas a los que preparó para la vida, hayan muerto. ¿Para qué esos veinte años? ¿Esta era su finalidad, su destino? El encuentro en la iglesia con Jan, es el cruce de dos miradas heridas que han descubierto tarde que su vida se sostenía sobre falacias, sobre cimientos inconsistentes.  photo OIR_resizeraspx3_zps2e258dbc.jpg Todas las secuencias protagonizadas por Heydrich son excepcionales, y brutales. Irrupciones de la más depravada abyección como un filo oxidado. Heydrich considera perniciosa la intelectualidad, alienta la sublevación, la disidencia. Su irrupción en la clase que imparte un profesor sobre cómo la presión de un cuerpo sobre otro no provoca la destrucción del alma ese cuerpo, se convierte en un ejercicio de aplicación de dominio. Para Heydrich no hay límites en la presión que se puede realizar para provocar el desmorone de la resistencia. Su culmen es la posterior rueda de identificación de las adolescentes estudiantes que van a ser enviadas al frente para servir de distracción a los soldados. Ante la rebelión de una de las chicas que opta por lanzarse por la ventana,Heydrich apostilla que es otra víctima de la intelectualidad.  photo OIR_resizeraspx2_zps7d52e214.jpg También la fe puede ser sojuzgada, demolida, pisoteada: La irrupción con su coche en la procesión religiosa, y el enfrentamiento con el sacerdote, al que desafía a demostrarle que sí puede provocarle lo que consigue cuando pisotea el manto religioso, y que determina la ejecución del sacerdote. Un personaje que es pura tiniebla no puede sino morir entre unas tinieblas que parecen supurar, como refleja la extraordinaria secuencia en la que agoniza y fallece en su cama, en la que con rabia clama ante Himmler que no quiere morir, ni por el Fuhrer ni por nadie, sólo quiere vivir. Y sólo se arrepiente de haber sido débil, de haber matado sólo 30 cada día, en vez de 300 o 3000. La masacre de Lidice fue homenaje a su abyección.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Gail Russell

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Lupe Velez, el helado de nieve y el megáfono de William Wyler

 photo OIR_resizeraspx_zps5d78effa.jpg Lupe Velez convierte en cucurucho de helado el megáfono de William Wyler durante el rodaje de 'The storm' (1930), en cuyo guión colaboró John Huston.

Veronica Lake, Peter Pan y su odio a Hollywood.

 photo OIR_resizeraspx_zpsa607484f.jpg 'No era un sex-symbol, era un sex-zombie'. Veronica Lake interpretó a Peter Pan en una gira teatral a lo largo de Estados Unidos en 1951, representaciones a las que en parte se vio obligada ya que había caído en bancarrota, y su carrera había entrado en declive desde que la Paramount no le renovó el contrato en 1948. Fue contundente con respecto a Hollywood: ' Si hubiera permanecido en Hollywood, hubiera terminado como Alan Ladd y GaiL Russell - muerta y enterrada ya. Esa carrera de ratas les mató y yo supe que me mataría, así que decidí salirme. Nunca tuve la intención de convertirme en estrella de la pantalla. Nunca me lo tomé seriamente. No podía 'vivir' siendo una 'estrella del cine' y no pude 'encajarlo', y odié ser algo que no era'.

En rodaje: Fritz Lang, Ida Lupino y Dana Andrews

 photo OIR_resizeraspx2_zps8e9995cc.jpg Fritz Lang, Ida Lupino y Dana Andrews durante el rodaje de 'Mientras Nueva York duerme' (While city sleeps, 1956)

Ray Milland y el gato que heredó un equipo de beisbol

 photo OIR_resizeraspx3_zps3d1917c8.jpg Ray Milland, Jan Sterling y el director, Arthur Lubin, testigos de la firma (con zarpa) del gato 'Orangey', protagonista de la comedia 'Rhubarb' (1951). Rhubarb es el nombre de su personaje y el nombre, en jerga del beisbol, que se da las discusiones en el campo de juego. Un equipo de beisbol es lo que hereda precisamente el gato

Miles Davis - Stella by starlight

'Stella by starlight', la composición de Victor Young para 'Los intrusos' (1944), de Lewis Allen, fue interpretada, versionada, por varios cantantes (con la letra que escribió Ned Washington en 1946), como Dick Haymes, Frank Sinatra, Ray Charles, Tony Bennett, Ella Fitzgerald, entre otros, y músicos, como Stan Getz, Dexter Gordon o, como en este caso, Miles Davis, acompañado de otros grandes interpretes como Herbie Hancock, George Coleman.Ron Carter y Tony Williams, en una actuación en Nueva York, el 12 de febrero de 1964. La composición formó parte de su álbum 'Miles 1958'.

Victor Young - Los intrusos

Una esrupenda banda sonora de Victor Young para 'Los intrusos' (1944). Su composición 'Stella by starlight', en relación al personaje que interpreta Gail Russell, se convertiría, convertida en canción con letra de Ned Washington, en un éxito tres años después.

Los intrusos

 photo OIR_resizeraspx3_zpsf6fcfcd0.jpg Cuando le preguntaban a Jacques Tourneur sobre sus películas predilectas dentro del género de terror, solía citar en primer lugar 'Los intrusos' (The uninvited, 1944), de Lewis Allen, la primera producción hollywoodiense que planteó un relato de fantasmas, o de 'casa encantada', sin el filtro distanciador o la perspectiva del tratamiento humorístico, aunque el humor no deje de estar presente, en especial en el talante irónico, y en principio escéptico, de Roderick (Ray Milland), quien junto a su hermana, Pamela (Ruth Hussey) compran una casa junto a un acantilado en Irlanda. Si por un lado se puede contemplar el desarrollo de la narración como la evolución de la sonrisa escéptica a la gravedad de una desestabilizadora revelación ( hay abismos no entrevistos; como en paralelo se da la confrontación con los agrestes acantilados del sentimiento amoroso y el vértigo de la caída, de la atracción del vacío) también, por otro lado, como una singular progresión del lamento a la risa (liberadora).  photo OIR_resizeraspx2_zps7caa3204.jpg Martin Scorsese la situaba en cuarto lugar dentro de sus preferencias en el género. Una lista que encabezaba precisamente 'La casa encantada' (1963), y en la que estaban incluidas otras obras de esa variante del género terrorífico, 'Suspense' (1961), de Jack Clayton, 'El resplandor' (1983), de Stanley Kubrick o 'Al final de la escalera' (1979), de Peter Medak.Quizá la obra de Allen no posea la densidad y complejidad dramática de las obras de Wise y Clayton, pero se puede entender por qué resultó una obra tan sugerente para Jacques Tourneur (de hecho, visualmente parece empaparse de los tenebristas trabajos lumínicos de Nicholas Musuraca con Tourneur). Por un lado, Es una obra pletórica de sombras, en la que la negrura, la oscuridad, adquieren tal cuerpo, tal espesor, que se convierte en un personaje más, en un sumidero que puede ser habitado por lo inconcebible.  photo OIR_resizeraspx7_zps7bb4403f.jpg  photo OIR_resizeraspx_zpse802edf0.jpg Como esos lamentos que escuchan los hermanos, que viene de todas partes y de ninguna, la oscuridad parece haberse extendido, propagado, sedimentado en la casa. Una oscuridad que las velas hienden tímidamente con su luz, como si la negrura fuera una tela de araña. El trabajo de Charles B Lang es extraordinario, incluido en fascinantes exteriores (de Estudio) como el acantilado. Por otro, es una narración tramada sobre la sugerencia, sobre el fuera de campo, sobre lo no visible, que va dosificando con habilidad los aspectos sobrenaturales, las insinuaciones, las incógnitas y las revelaciones, en donde la inclusión del humor no deja de estar relacionada con esa misma distancia o indefinición con la que vive Roderick su vida, como si deslizara entre superficies, sin percatarse de que hay sombras y recovecos alrededor.  photo OIR_resizeraspx5_zpse4a4789b.jpg La narración deriva en un último tramo en el que irrumpe la vibración siniestra del melodrama, ciertas corrientes envenenadas, otro tipo de sombras más escurridizas, como si se abriera un sótano con un aire largamente estancado que invade la narración, al manifestarse las turbias emociones enquistadas desde el pasado, veinte años atrás, con la entrada en escena de un nuevo personaje que introduce perspectivas que establecen vínculos con 'Rebeca' (1941) de Alfred Hitchcock.Al mismo tiempo,se hila con delicadeza la atracción entre un peculiar héroe, con atributos de bufón, Roderick, y aquella sobre la que parece pender la amenaza de lo sobrenatural, Sheila (Gail Russell), la nieta del dueño de la casa, el rígido Beech (Donald Crisp). Una amenaza cuya razón permanece neblinosa hasta los últimos pasajes de la narración, aunque estén relacionados con la enmarañada relación de su madre (que se suicidó en el acantilado) con su padre y una amante, española, de ésta.  photo 760ae3fd77c748a1859a23bc1ea46ff6_zps8b0faac5.jpg  photo OIR_resizeraspx4_zpsc7a09c63.jpg 'Los intrusos' se revela como una muy sugerente sinfonía tenebrista, hilvanada con componentes que se han ido instituyendo como patrones: Animales, sean perros o gatos, que se muestran remisos a subir al segundo piso, o que directamente huyen de la casa, habitaciones recorridas por corrientes frías, escaleras sinuosas que parecen cortarse en las sombras, flores que se marchitan súbitamente, lamentos de mujer que se escuchan en plena noche hasta la llegada del amanecer, sesiones de espiritismo en donde lo imprevisto contraría los intentos de manipulación, visitas a sanatorios psiquiátricos, semblantes en trance que no saben cómo han llegado hasta el acantilado con disposición a lanzarse o que hablan en lengua española y neblinas difusas, en las que se perfilan vagamente los rasgos de un rostro, como si fueran la huella de unas emociones que han permanecido enquistadas con su ponzoña durante décadas, y a las que la risa parece desalojar cuando se revela lo que la conveniencia y los mezquinos orgullos (de clase) quisieron ocultar.

martes, 28 de mayo de 2013

Un jovencito Joel McCrea

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En rodaje: Joseph L Mankiewicz, Kirk Dougas y Michael Blodgett

 photo 2853c05ef9b24119b5b2776117442c1e_zpscf251934.jpg Joseph L Mankiewicz, Kirk Dougas y Michael Blodgett, durante el rodaje de la vivazmente mordaz 'El día de los tramposos' (There was a crooked man, 1970)

Robert Mitchum, Janet Leigh, Elizabeth Taylor y el supermegacalzoncillo

 photo 0f28bbf10c774f2ba00d94cf0357135e_zps08fc5a4c.jpg Janet Leigh, y de visita, Elizabeth Taylor, contrastan que quizá sean excesivas las medidas del supermegacalzoncillo extralargo para la constitución de Robert Mitchum, durante una pausa de rodaje de 'Holiday affair' (1949), de Don Hartman

Frank Capra y su cumpleaños en el rodaje de Vive como quieras

 photo OIR_resizeraspx48_zps4444960e.jpg Frank Capra celebra su 41 cumpleaños durante el rodaje de 'Vive como quieras' (1937), junto a Jean Arthur, Lionel Barrymore, Edward Arnold, Micha Auer, Spring Byington, Samuel S Hinds, Ann Miller, James Stewart, Dub Taylor, Mary Forbes y otros componentes del plantel actoral y del equipo técnico.

Las tres noches de Eva - Imágenes de un rodaje (y III)

 photo 73cc41d64a0a4b809d5d6cd0460cea2c_zpsd1129dda.png  photo OIR_resizeraspx7_zps6f48f367.jpg  photo OIR_resizeraspx6_zpsafbc5e97.jpg  photo 666d627909a544a8beb8e059020001fb_zps476c5b86.jpg Preston Sturges y Barbara Stanwyck durante el rodaje de 'Las tres noches de Eva' (The lady Eve, 1941)

En rodaje: Leo McCarey y Charles Laughton

 photo c793a0de36434c5aaffbdc5a12d515a5_zpsdf6a0468.jpg Leo McCarey y Charles Laughton durante el rodaje de la estupenda comedia 'Nobleza obliga' (Ruggles of Red Gasp, 1935)