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martes, 5 de noviembre de 2013

Están vivos

 photo 6_zpsa59f3f03.jpg Nada es el apellido que se adjudica en los títulos de crédito al protagonista de 'Están vivos' (1988), de John Carpenter, del que en ningún momento se sabe su nombre, porque es otro más de los integrantes de la clase trabajadora abocado a la nada. Sobre la nada giran los primeros pasajes, la nada de aquellos que erran en busca de un empleo, como Nada (Roddy Piper) con su mochila al hombro, la nada de aquellos que viven al margen, sin hogar, en arrabales donde erigen sus chabolas y chamizos. Supervivientes de una sociedad en la que se incrementa el número de pobres e indigentes, en la que la clase trabajadora no sólo es que esté cada vez más abismada en la escala social sino cada vez más marginada. Porque quienes dominan las elevadas posiciones del poder, es decir, de los privilegios económicos, no sólo imposibilitan su acceso a cualquier mínima asistencia social sino que además se esfuerzan en impedir que los que sobreviven a duras penas en los más bajos escalafones de la pirámide económica, el tercer mundo de la sociedad del bienestar, puedan superar su precaria circunstancia (al modo del que aprieta hacia abajo al que forcejea por no ahogarse para que se hunda aún más). Esto lo apunta Armitage (Keith David), un trabajador de la construcción que posibilita un puesto a Nada; Armitage es el prototipo del trabajador que mira hacia otro lado, o hacia abajo, para no meterse en problemas, para no perder el mínimo resquicio que le han dejado.  photo 0981cbf268e042ba91fe5656ca9c2334_zps9da968b0.jpg  photo OIR_resizeraspx2_zpsc3c2af49.jpg Su apellido está tomado del personaje protagonista de 'El horror de Dunwich' de H P Lovecraft (al fin y al cabo nos hablan de 'El horror de la sociedad del bienestar'), como Nada del apellido del protagonista de un relato gráfico con ese título, escrito por Ray Nelson, en colaboración con Bill Wray, publicado en la antología de comics Alien encounters (1986), inspirado en un previo relato corto escrito por Nelson en los 60, "Eight O'Clock in the Morning". Hay mundos ocultos, como también se reflejará en la posterior 'En la boca del miedo' (1995), una de las obras maestra de Carpenter, y la más depurada traslación del universo del novelista de Providence. Mundos ocultos relacionados con los mensajes subliminales que lanzan las instancias del poder, mensajes en los que los ciudadanos corrientes asimilen y asuman la obediencia y el sometimiento, aturdidos, sin capacidad de reacción ni reflexión, conformes, sin pensamientos independientes que acepten sin rechistar la autoridad, las normas establecidas, las ocho horas de trabajo, sólo con el impulso o deseo de consumir y comprar lo que les vendan. Ciudadanos que son mercancías, peones y compradores sin capacidad cuestionadora. Reflejos de una corrupción social de un modo de vida, de sociedad, en la que el dinero es el centro neurálgico y horizonte divino, que se propulsó y alimentó en la década de los ochenta, y hacia la que Carpenter escupe con corrosiva virulencia esta mordaz sátira (aunque parece que fue contra el viento, o se quedó solo, porque la situación ha ido empeorando).  photo OIR_resizeraspx3_zpscafc9c85.jpg  photo OIR_resizeraspx_zps27e42e3c.jpg En 'Están vivos' esos dominadores ocultos son extraterrestres que tratan a los humanos como ganado, para ellos la tierra es un tercer mundo a explotar hasta que ya hayan extraído todo lo que sea posible, y dejen el planeta a su suerte. Metáfora de lo que la sociedad del primer mundo hace con la del tercer mundo, y, dentro de su propio entramado social, con los trabajadores que están en las sucesivas posiciones bajas de la escala social (mientras cada vez son menos los que disfrutan de una posición más que holgada en las elevadas; la desproporción se ha ido incrementando), a los que se intentan adormilar, como muertos vivientes, para que no reaccionen. Carpenter utilizó en una secuencia la frase de un ejecutivo de un estudio de Hollywood: todo el mundo vende algo en algún momento. Por lo tanto, qué problema hay en corromperse, en aceptar una posición de privilegio aunque te quejaras de tu suerte cuando ocupabas un posición baja en el escalafón económico. Los medios de comunicación (perdón, de disuasión) se ocupaban de incentivar bien, es decir, de modo pernicioso. con un bombardeo constante, ese ansia de consumo y de posesión, de simplemente desear ascender en la posición social.  photo OIR_resizeraspx8_zps94215d72.jpg  photo OIR_resizeraspx5_zps3e26a85f.jpg De ser Nada a ser algo, aunque dejes de ser alguien, porque ya sólo eres tu posición, algo corrupto, podrido, sin rasgos, intercambiable, cual cadáver en descomposición ( están vivos, pero podridos), como se revela la condición física de esos extraterrestres cuando son mirados con unas gafas que revelan la verdad, del mismo modo que revelan los mensajes subliminales tras los seductores carteles o las portadas y páginas de revistas y periódicos. Las apariencias no son lo que parecen,como bien quedaba constado en 'La cosa' (1982), donde no sabías quién o qué era el que estaba a tu lado. Nada (Roddy Piper) es un integrante de esa masa de 'nadas' que por accidente, pero también por mirar con detenimimiento las cosas, por preguntarse por la realidad circundante. Nada es el currante que se revela, y lo hace según sus posibilidades, es un currela, un obrero de la construcción, su arma no es un discurso, es la fuerza, las armas. Pero tendrá que buscar un apoyo, y para ello tendrá que enfrentarse a los insatisfechos que prefieren lamentarse de su situación, pero sin nunca alzarse (acomodados en su vida programada, como quienes se quejan de que el movimiento insurgente interrumpa su programación televisiva).  photo OIR_resizeraspx53_zps0fde81ea.jpg O a los que no quieren meterse en problemas y perder lo poco que tienen (las migajas que se les permite), como Armitage (la imposibilidad del cambio porque entre los sometidos, entre las clases desfavorecidas, no hay solidaridad y sí miedo o incapacidad de reaccionar, de construir unidos, como también reflejaba Mike Leigh en 'Meantime', 1984). Nada decide enfrentarse, como buen héroe carpenteriano, a un mundo podrido que sólo merece un corte de mangas, el alzamiento del dedo corazón, o un una buena sarta de golpes y disparos que dejen en evidencia un mundo falsificado y manipulador, una mera pantalla en la que nada es real, y que a nada aboca a los que se somete. Carpenter nos despierta, o lo intenta, con el suministro de un buen chute energético a golpe de riff de guitarra o una de las más largas peleas rodadas, de unos seis minutos (inspirada en la final de Wayne y McLaglen en 'El hombre tranquilo'),, entre Nada y Armitage, cuando el primero intenta convencer al segundo de que se ponga las gafas y vea la realidad tal como es. Porque quizá para despertar hace falta más de un golpe.  photo OIR_resizeraspx6_zps8234e066.jpg

1 comentario:

  1. Una comedia sobre extraterrestre, y además de Carpenter...¡No me la puedo perder! Alex, ¿has visto la adaptación televisiva "1984" de George Orwell? Es extraordinaria, tan aterradora como contemporánea. Hace un par de días revisé "Fahrenheit 451" de Truffaut y diría que ambas se complementan extraordinariamente. Un mundo sin libros dentro de un 'big brother' más sutil, aunque sin disimulos. Cuando la ficción se hace realidad...

    Un abrazo,
    Silveria

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