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martes, 17 de septiembre de 2013

The walker

 photo OIR_resizeraspx_zps2ed07173.jpg En principio, 'The walker' (2006), de Paul Schrader, iba a ser una secuela de 'American gigolo' (1980), con Julian (Richard Gere), de nuevo como protagonista. Al final aquel subtexto homosexual que atraía a Gere se hace manifiesto, pero en otro personaje, Carter (Woody Harrelson), cuyo oficio es el de 'paseante' (walker), o sea, 'acompañante' de pudientes mujeres maduras. Carter tiene su misma edad (en principio, Schrader había pensado en Kevn Kline, de la misma edad que Gere, pero lo acabó interpretando Harrelson, que es más joven, aunque esté excelente). Carter vive en y de las apariencias, pero el tiempo se hace evidente en que ya usa un peluquín que oculta su notoria calvicie. Carter es, como Julian, un complemento de la vida de otros, de los que dominan la sociedad, de ese 1 % que domina el escenario económico y social en Estados Unidos, y cuya diferencia de nivel de vida con el resto de la sociedad se había acrecentado, como nunca, en la última década. Carter es como un adorno, o un atavío que da color, como las diversas prendas que tiene Carter en sus múltiples cajones, lo mismo que Julian tres décadas antes. Julian no se considera ingenuo, sino superficial. Lo que no quiere decir que no sea lo primero, en cierta medida. Hay más de uno que se lo dice, porque, como complemento, vivía ajeno a la realidad, siempre con una sonrisa o una gracia dispuesta para amenizar la vida de otros.  photo OIR_resizeraspx4_zps8cafd6b1.jpg En el trayecto dramático de 'The walker' Julian se dará cuenta de que no sabía por qué se comportaba de ese modo en su vida, como si fuera un actor contratado que ejecuta sus líneas sin saber por qué las dice,sólo porque es lo que se supone que tiene que decir o hacer. Como Julian, también se encontrará a sí mismo, se afirmara en sí mismo, rompiendo con un escenario del que era pieza funcional del atrezzo. Julian lo lograba en buena medida gracias al amor que encontraba en (Michelle) Lauren Hutton, como un 'bello durmiente' que despertara. Julian también se encuentra, y en buena medida gracias a la relación que mantenía aún de modo indefinido, impreciso, con Emek (Moritz Bleibtreu), artista que aún sabe de conciencia y que más bien desnuda las apariencias con sus obras. Durante la narración su relación se define por los forcejeos, por un tira y afloja, que necesita para enfocarse que Carter realice una muda y se desprenda de la piel de su personaje, de esa figura que prefería no mirar la realidad de frente, oculto en su máscara, en la prosperidad de la que se alimentaba como parásito, como 'animador socio cultural' de las clases privilegiadas.  photo OIR_resizeraspx6_zps12130721.jpg Carter también forcejeara con un 'fantasma', con el de su padre ya muerto, alguien que sí se implicó en una lucha social para transformar el estado de cosas, en los setenta, en el caso Watergate. Su padre se preocupaba por la realidad, por los demás,por la mejora social. Carter se ha acomodado y sólo se preocupa de sí mismo, del cajón que ocupa, como Julian entonces. Y como este, también se encontrará en el vórtice de una espiral, como sospechoso de un crimen. Todo por actuar, precisamente, de pantalla para una amiga, Lynn (Kristin Scott Thomas), para que no se descubra que la esposa de un notorio senador, Lockner (Willem Dafoe), era amante del lobbysta asesinado. Vida de pantallas, vida de apariencias. Carter se enfrentará a la sórdida revelación de que su gesto de ayuda es más bien considerado un acto servil, ya que es una pieza subordinada, y por lo tanto prescindible. Es un siervo de los que dominan el escenario. Carter tendrá que optar por una decisión, o replegarse, subordinarse a la corriente, aceptando la suerte que le toque (aunque sea de chivo expiatorio) o intentar esclarecer la maraña que implica salirse de su papel asignado. Exponerse, actuar como lo hizo su padre, implicará ponerse en el centro del escenario, ahora inestable, y supondrá el cruce de un umbral que transformará su actitud, su perspectiva y su posición en el escenario, al margen pero afirmado en sí mismo.  photo OIR_resizeraspx2_zpse410f7b0.jpg Hay películas que reflejan el clima de un tiempo. 'American gigolo' reflejaba un momento crucial, el de un giro social que se extiende hasta nuestros días como un manto que ha ido corrompiendo nuestra sociedad cada vez de un modo más remarcado. Aquel tránsito tuvo su reflejo en las instancias del poder con la elección como presidente de Ronald Reagan en 1981 (como en Gran Bretaña, con Margaret Tatcher, dos años antes). Se propulsó la era de la desregularización del control financiero que ha derivado en los desajustes extremos de la actualidad, y en concreto, como evento álgido, en la crisis del 2008 con la quiebra de la compañía de servicios financieros Lehman brothers. 'The walker' refleja en qué ha derivado aquella gestación de entonces que se embriagaba con la ostentación y con la insaciable avidez de posesiones. Esa que se refleja en el revelador documental 'Inside job' (2010), de Charles Ferguson, del que 'The walker' puede ser iluminador complemento. Aquellos a los que 'sirve' Carter son aquellos a los que no basta con tener una mansión, un yate o un jet. Su codicia no tiene freno ni límites. Que el asesinado sea 'lobbysta' también señala esa enmarañada realidad de inciertas criaturas con múltiples caras. No se sabe si es alguien que simplemente con su influencia quiere conseguir unos beneficios o alguien que quiera socavar un corrupto statu quo.  photo OIR_resizeraspx5_zpsc925fc46.jpg  photo OIR_resizeraspx3_zps7782a46e.jpg Este sí es manifiesto (revelador, por otro lado, que se defina en el rostro de Ned Beatty, quien encarnara la implantación de una mentalidad, de un sistema, en 'Network', 1977, de Sidney Lumet). Y también, como refleja 'The inside job', cuando concluye que todos los responsables de la crisis económica siguen detentando cargos de decisión e influencia en el gobierno de Obama, nada cambia, nada se altera, sustancialmente, en el escenario de quienes mueven los hilos, esa difuminada maraña de alianzas entre bambalinas que influye en las decisiones gubernamentales. Como se apunta en 'The inside job', no importa mucho qué partido gobierna, es Wall Street quien rige, para favorecer ese 1% de la población cada vez más próspera, mientras se incrementa la precariedad del resto de la sociedad. Como apunta Natalie (Lauren Bacall), una de las damas pudientes que ameniza Carter, el bisabuelo esclavista de Carter sería muy feliz en esta sociedad. Al menos quedan las decisiones individuales, como la de Carter, quien decide salirse del escenario, cuyo emblema es ese salón en el que es presentado en la primera secuencia (aunque primero se escuche las voces, ya revelador de una impostura de sociedad), en el que juega a las cartas con las damas pudientes. Ese escenario que observa cómo se cierra para él, tras Lynn (aún asombrada de que le ayudara tan generosamente sin reprocharle nada por su comportamiento 'evanescente') mientras es él ahora el que desaparece del encuadre, porque ya se ha encontrado. Ya no necesita tantos cajones.  photo OIR_resizeraspx7_zpsfb6728ca.jpg

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