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sábado, 7 de septiembre de 2013

Tarde de perros

 photo OIR_resizeraspx3_zpsa59c51f0.jpg Un barco fluye por las aguas de Nueva York, perros escarban en la basura, ancianos conversan en la calle, niños se lanzan a una piscina en una azotea, obreros que trabajan en las calles o en la construcción, gente riega su jardín o la acera o practica el tenis o toma el sol en la playa, dormido en la acera o con un placa solar en lo alto de un edificio; el tráfico de coches, aviones, el tráfico y circulación de la vida, transeúntes, como una mujer que sale de un edificio junto a una marquesina que anuncia 'Ha nacido una estrella', sin aún saber que el que fue su marido, Sonny (Al Pacino), será durante unas horas un estrella, protagonista escénico, centro de atención de los medios. Hay quienes recogen la basura, hay quienes venden sus productos en puestos callajeros. Basura y comercio, conceptos muy amplios, que abren sórdidas compuertas cuando se transforman en metáforas. Calles, y más calles, y más transeúntes anónimos que conforman el aliento de la ciudad. Como tres hombres en un coche, junto a un banco, al que entrarán para atracarlo, o eso intentarán. Y que dejarán de ser anónimos.  photo OIR_resizeraspx2_zpseb0b8381.jpg Este es el prólogo de 'Tarde de perros' (Dog day afternoon, 1975), de Sidney Lumet, con guión de Fran Pierson, inspirado en un artículo de la revista Life sobre un atraco que tuvo lugar en Brooklyn en agosto de 1972. El relato se abre con un barco que fluye por las aguas, en donde nada parece que enturbie el paisaje. Es lo que tienen también los planos generales, que poco se advierte de lo que sienten esas figuras diminutas. Se cierra con un avión que no despega, ilusiones que se frustran, un intento de asaltar a una prisión invisible, la ciudad, la sociedad. Sonny en un momento dado dado grita '¡Attica, Attica! (alusión al motín carcelario en Attica, en 1971), y es jaleado por el público asistente, como si fuera un héroe que sufre, como cáustica inversión de la resistencia patriótica de El álamo, un asedio por un desorbitado número de policías. Se puede tomar como una hipérbole o considerarse desmesurado, como lo era el final de 'Ruta suicida' (1977), de Clint Eastwood, en donde el autobús que conducía el policía que encarnaba Eastwood era acribillado por miles de balas de otros policías. Pero lo desorbitado tiene base real (fueron 150 los que asediaron a Sonny Wotjowtiz, el atracador en el que se inspira el personaje de Pacino).  photo OIR_resizeraspx4_zps74676f1b.jpg 'Tarde de perros' es una mordaz sátira de supurantes sombras. Su luminosidad no oculta su entraña siniestra. No son zombies o delincuentes espectrales los que asedian, como en 'La noche de los muertos vivientes'(1968), De George A Romero, o 'Asalto a la comisaría del distrito 13' (1976), de John Carpenter, sino policías y agentes del FBI. Ya el comienzo indica que este atraco se aleja de ciertas convenciones, como si el proyector temblara y dejara paso al pálpito de lo real (no hay ni banda sonora, dejando de lado la canción 'Amoreena' de Elton John del montaje secuencial inicial, y otra canción que se oye diegéticamente). Uno de los atracadores no se ve capaz y pide que le dejen ir. No hay el dinero que esperaban, porque acaban de llevárselo, y tienen que coger cheques de viaje, lo que conlleva que Sonny queme en una papelera el libro de registros, sin percatarse de que ese humo puede llamar la atención del comerciante de enfrente. Es lo que tiene la vida, imprevistos que pueden determinar que te encuentres rodeado de una marabunta de agentes de la ley. Tampoco el ambiente que se crea dentro del banco es el que se considera prototípico, desde luego mucho menos tenso que el de los policías en la calle, con gesto adusto, severo o crispado, molestos porque la gente disfrute del asedio como un espectáculo en el que los héroes no son precisamente ellos.  photo OIR_resizeraspx_zpsa3163a66.jpg Dentro, las cajeras conversan distendidamente con los atracadores, o hasta juegan con su fusil (Quizás, porque de algún modo, Sonny es uno de ellos, alguien que era un rehén de una sociedad no precisamente justa). Fuera, el público asistente repite las palabras de Moretti (Charles Durning), el oficial de policía que dialoga con Sonny, lo cual casi determina una carga policial para acallar la irrisión. Es un espectáculo, un circo o un carnaval (un freak show, como dice Sonny). El chico que lleva las pizzas salta alborozado y grita que es una estrella, por ser centro de atención por unos segundos. En la vida sueles estar siempre fuera de campo, de repente eres algo, aunque seas un atracador que perturba un tanto el orden donde todo parece que fluye como si nada ocurriera, como un barco en las aguas calmas del río.  photo OIR_resizeraspx5_zpsf9afcaa8.jpg  photo eab2eb354a1f4d51a11227287573beaa8_zps17caa8fe.jpg Un periodista televisivo le pregunta a Sonny por qué lo hace, por qué no busca un trabajo. Las respuestas molestan, y se corta la emisión. Hay respuestas que se convierten en preguntas perturbadoras. Quizá no sea tan fácil encontrar trabajo, quizá te has ido a servir a la guerra, y a la vuelta te has encontrado con que no dispones precisamente de facilidades, quizá si no tienes un carnet del sindicato eso te complica un tanto las cosas. Quizá tu novio, Leon (Chris Sarandon), quiere cambiarse de sexo, y eso cuesta el ojo, o los dos, de una cara. Y quieres complacer a quien amas. Y un banco suele tener dinero. Quizá sea la única opción para conseguirlo. Como si, a la vez, sin pretenderlo, realizaras un motín contra una sociedad que te impide más que favorece, que te pone las cosas difíciles, que no te deja fluir, que te asfixia. Mejor intentar algo en una tarde de perros que seguir soportando una vida perra. Quizá sea el momento de que todos gritemos de nuevo: ¡Attica!  photo OIR_resizeraspx7_zps246f4612.jpg  photo OIR_resizeraspx6_zps88f87721.jpg

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