Translate

jueves, 27 de junio de 2013

Un amor inmortal

 photo OIR_resizeraspx5_zps4e1f274e.jpg Puede causar extrañeza el uso del flamenco como banda sonora en una película japonesa, como es el caso de la hermosa 'Un amor inmortal' (eien no hito, 1961), de Keisuke Kinoshita, en la que, además, los pasajes cantados adquieren la función de coro que comenta la acción, a modo de leyenda, como eran utilizados por ejemplo en 'Encubridora' (1951), de Fritz Lang. Se puede entender la asociación ya que la acción tiene lugar en un ambiente rural, en una aldea de Kyushu, que pudiera ser el de los cortijos andaluces, ambos dominados por terratenientes o caciques, y el relato está sacudido por las pasiones más extremas y violentas, por odios que se cultivan y mantienen durante décadas, como un volcán que se mantiene en letargo, aunque la lava arrasa el interior de los que han convertido su convivencia en una permanente lid. Un volcán, precisamente, corona el paisaje en el que transcurre durante décadas este drama de enquistadas emociones, surcado por violaciones, suicidios, amores frustrados, rivalidades que son reflejos de envidias y falta de autoestima, parejas que huyen porque pertenecen a familias enfrentadas o tullidos físicos, por la guerra, que convierten esa adversidad en amargura, en quemadura con la que abrasan a otros.  photo 7a42b1483be54cb7bd22e808c343e255_zpsd22269a9.jpg Pero Kinoshita no opta por por la erupción expresiva, por el desafuero ni el histrionismo, ni en la interpretación de sus actores (sin ese énfasis, o crispación lindante con el estreñimiento, en el que solía incurrir Kurosawa) ni en su contenido y refinado estilo, con unas exquisitas composiciones en formato panorámico y un admirable sentido sintético (nunca exaspera las situaciones, modula con las secuencias, a veces con planos fijos, en otras con movimientos de cámara, como acordes de una lava subterránea). La música, además, ejerce de singular distanciamiento, incidiendo en esa queda emoción (como si hubiera sido confinada en unas distantes profundidades) que parece brotar de las sombras de unas vidas desperdiciadas.  photo OIR_resizeraspx2_zps9d618b63.jpg  photo OIR_resizeraspx4_zpsf698ee59.jpg Significativamente los planos iniciales atienden a la consecución de una rectificación por delegación. Una pareja joven marcha en un tren, en unas imágenes rodeadas de una luz crepuscular. La cámara realiza un travellings sobre Sadako (Hideko Takamine) 'encuadrada' en un paisaje brumoso, un tipo de encuadre que se repetirá en diversas situaciones, en los que Sadako pareciera suspendida, como así será su vida, suspendida, entre la frustración, el odio y un amor que nunca perece aunque no se logre realizar. Más tarde comprenderemos, que los jóvenes son pantalla de un deseo larvado en Sadako, aunque sea a través de otros (ella es su hija, él el hijo del hombre que amó cuando era joven).  photo OIR_resizeraspx3_zps06942c17.jpg La acción transcurre a lo largo de tres décadas, desde 1932 a 1961. La narración se divide en cinco capítulos (1932, 1944, 1949, 1960, 1961). El trayecto es el de la infamia al perdón. La amargura de Hiebei (Tatsuya Nakadai) que vuelve cojo de la guerra (de Manchuria), acrecentada por la envidia que siempre ha sentido por Takashi (Keiji Sada), y apoyado en su posición de poder (es hijo del terrateniente) en la zona, le lleva a violar a quien sabe es su novia, Sadako. Es un acto que transciende lo individual, y que refleja una opresión reproducida durante siglos. De hecho, años después se producirá la reforma laboral que favorece al campesinado, para satisfacción de Sadako, que no ha dejado de hervir de resentimiento durante décadas por el daño que infligió a su vida Heibei, no sólo por la violación en sí sino por representar los privilegios de un poder que puede quedar impune de sus desmanes, así como por marcar su vida, por frustrar lo que pudiera haber sido, una vida posible que no deja de tener en el horizonte, pues Takashi es vecino.  photo OIR_resizeraspx_zps1a2ae511.jpg El resentimiento la alimenta, determinándola incluso a decir a su hijo mayor que es fruto de su violación. Si su amor se frustró por la violación que la dejó embarazada, Takeshi y Sadako se reeencuentran cuando buscan denodadamente a quien fue fruto de ese ultraje, que ha huido al revelarse cuál es su origen, que su sangre es lava de humillación y opresión. Transcurren los años, pero sus vidas permanecen inmóviles, sólo sacudidas por las tragedias fruto de sus inconsecuencias. Quizá, como suele pasar tantas veces, tarde se intenta rectificar. En 'Una historia verdadera' (1999), de David Lynch, el protagonist cogió un tractor para recorrer cientos de kilómetros, surcar un firmamento, desde el ciego orgullo al perdón y la empatía. Shiebei reconoce su cojera, cuánto había querido durante décadas que Sadako la amara, y con sus muletas se encamina para pedir el perdón del hombre que envidió y al que sustrajo y corrompió lo que más amaba.

No hay comentarios:

Publicar un comentario