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domingo, 16 de junio de 2013

Ronin

 photo OIR_resizeraspx12_zps6cfc0961.jpg En el ecuador de la narración de 'Ronin' (1998), de John Frankenheimer, una de sus diversas memorables set pieces acaece en un coliseo romano en donde, entre turistas, no en la arena, algunos de los personajes que se enfrentan por la posesión de una maleta de enigmático contenido, combaten entre disparos y puñetazos. Los espectadores no contemplan desde la inmune distancia las maniobras violentas, sino que pueden ser abatidos, por accidente, en la refriega. La 'arena' de la obra de Frankenheimer supone un ruptura con el convencional escenario del cine de acción predominante de los 80 y 90, en donde los héroes sufrían percances que desde una perspectiva realista hubiera supuesto múltiples fracturas cuando menos, por no hablar de la condición de bulto de los extras que eran eliminados en los enfrentamientos violentos. En 'Ronin' hace palpable que no hay distancias, y que es una vida la que se pierde, cuando un transeunte es abatido en un tiroteo o se ve inmerso una colisión que acaba con su vida. Frankenheimer recuperó la rotunda fisicidad de los thrillers de los 70, y la noción (y constancia física) de vulnerabilidad. Un estilo, que evitaba los atropellos de montaje, que influyó en el thriller de principios del siglos XXI, empezando por James Gray en 'La doble cara de la ley' (2000), o 'La noche es nuestra' (2008), en la que hay una persecución automovilistica casi tan imponente como la que hay aquí.  photo OIR_resizeraspx8_zpsb4984f16.jpg En 'Ronin', por un lado, tenemos la explícita referencia a los ronin, samurais mercenarios que ofrecían sus servicios al mejor postor, como los ex agentes de diversas nacionalidades (norteamericano, inglés, ruso o francés) que son contratados por una mujer irlandesa (perteneciente al IRA), Deirdre (Natasha McElhone), para 'robar' la citada maleta (aplicando, de manera modélica, los estilemas y procesos de la prototípica películas de atracos: contratación, preparación, ejecución, consecuencias), y en concreto, a los 47 ronin (sobre los que realizaron obras Kenji Mizoguchi, Kunio Watanable, Hiroshi Inagaki o Kon Ichikawa), samurais que al quedarse sin señor decidieron vengar su muerte, en vez de buscar su mero beneficio, apunte que aporta una sutil insinuación de variación de enfoque sobre las posibles implicaciones de alguno de los implicados, caso de Sam (Robert De Niro), a través de la perspicaz mirada de Jean Pierre (Michael Londsale), mientras organiza su maqueta con samurais (intuye a otra escala, que el papel de de Sam no es lo que parece).  photo OIR_resizeraspx10_zps8d599c28.jpg  photo OIR_resizeraspx9_zpsbe0ea4f0.jpg Y en tercer lugar, tenemos esa configuración de los combatientes como gladiadores en una arena que se amplia a las calles y carreteras, en donde sus armas son metralletas o pistolas, y sus cuadrigas son los coches en los que circulan a toda velocidad (no recuerdo secuencias de persecuciones automovilísticas de tal refinado e imponente calibre; generalmente las suelen rodar directores de segunda unidad, pero en este caso se responsabilizó de ellas el propio Frankenheimer que rehuyó efectos digitales y buscó el más palpable realismo).Los personajes están perfilados con escuetos y precisos rasgos, en un entre lo sugerido y lo manifiesto, a través de gestos, detalles, miradas. Se definen en sus acciones, para lo que era primordial un brillante plantel de actores (la gelidez de reptil de Stellan Skarsgard, la nerviosa viscosidad de Sean Bean, la calma firmeza de Jean Reno). En el guión participó David Mamet, pero prefirió utilizar seudónimo, Richard Weisz, porque no estaba de acuerdo en compartir crédito con JD Zeik, quien, como confirmó Frankenheimer, sólo participó en la elaboración del argumento).  photo OIR_resizeraspx6_zpsbccca0f4.jpg En la excepcional primera secuencia ya se sedimenta la sustancia de esta obra, de realidades escurridizas, en las que resulta difícil discernir su entraña, como en los rostros las intenciones. O unos son más perspicaces, como los hay más transparentes. En esa secuencia, varios de los personajes, Sam, Vincent (Jean Reno) o Larry (Skip Sudduth) se reúnen en un bar, como lugar cita, en donde está sirviendo en la barra Deirdre. Las miradas tantean, escrutan, buscan la distancia adecuada para tener la visión precisa de lo que puede sorprenderles o de lo que se ajusta a las apariencias o no. Esa interrelación entre los personajes marca el proceso de la narración. La incógnita permanente mientras se busca la incógnita de lo que puede haber dentro de la maleta. Los personajes se estudian, prueban.  photo OIR_resizeraspx7_zpsc5d2ab58.jpg Especulación, interpretación, representación. Planes, maquetas, puesta en escena, actuaciones sobre hielo. El hielo de un escenario escurridizo en el que lo imprevisible es factor consustancial, condicionante. Un escenario en el que se está en continua tensión de desciframiento, del próximo gesto que pueda realizar un contrincante, de cuál será su jugada. Nunca sabes cuándo una bala va a rebotar en una pared y alcanzarte. A veces, los imprevistos son fatales. Hay quien sabe realizar mejores faroles, o esconder sus intenciones, o disimular el alcance de lo que le importa aquello sobre lo que le presionas. 'Ronin' es la quintaesencia del cine de acción.  photo OIR_resizeraspx11_zps56d9de1c.jpg Un año después Ridley Scott realizaría 'Gladiator' (2000). Sus secuencias violentas eran toda una ceremonia de la confusión en donde no lograbas distinguir donde estaban unos y otros. Los espadazos lo realizaban los bruscos cortes de plano. Frankenheimer da toda una lección de dominio del espacio, de orientación, y a la vez de dinamismo narrativo. La obra pisa el acelerador desde el primero momento y mantiene la misma velocidad, sin perder fuelle en ningún instante, ni tampoco precipitarse o atropellarse. Su puesta en escena es milimétrica. La tensión resulta sofocante en la secuencia en la que realizan el trueque de las armas por dinero, como arrolladora es la secuencia del asalto a la caravana de coches para robar las maletas, o pura filigrana es la secuencia en la que Sam improvisa en la puerta del hotel para realizar unas fotografías de aquellos a quienes tienen que realizar el robo. Como sobrecogedora, para recordar la carne que se tritura y desgarra en la arena de un incierto escenario, la secuencia en la que Vincent tiene que extraer sin anestesia la bala en el costado de Sam. Condensa la potencia soberana de esta gran obra, que también nos extirpa sin anestesia el aliento.  photo OIR_resizeraspx4_zps8e0e7d00.jpg  photo OIR_resizeraspx5_zps8957fc79.jpg  photo OIR_resizeraspx3_zps0d2f56b7.jpg  photo OIR_resizeraspx2_zpsbf9b0688.jpg  photo OIR_resizeraspx_zps62c5cde2.jpg

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