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miércoles, 12 de junio de 2013

El empleo

 photo OIR_resizeraspx2_zpsbaa1077c.jpg 'El empleo' (Il posto, 1961), de Ermanno Olmi, es el relato del trayecto de la ilusión de acontecimiento, de irrupción en el mundo adulto, el de los posibles, a la asunción de un futuro que será condena a una dilatada realidad inmóvil. Domenico (Sandro Panseri) es un adolescente que pugna, pasando diversas pruebas, por conseguir su primer puesto de trabajo, su particular parcela en el mundo adulto. Toda una odisea cargada de tensión cuya consecución implica asumir que el próximo movimiento, de una mesa a otra, espejismo de avance, quizá tarde veinte años. El sonido del reloj se distorsiona sobre un primer plano de su rostro cuando toma consciencia de que su horizonte es encierro. Ha pasado de la niñez al mundo adulto para encajar en una cinta corredera que le lleva sin variación ya alguna hasta su vejez. El principio era ya el fin.  photo OIR_resizeraspx3_zpsa94e1940.jpg Aún recuerdo cuando se emitió hace tres décadas en televisión el extraordinario documental que realizó Emmano Olmi sobre Milan para la serie 'Capitales culturales de Europa' (1983). 'El empleo' no será un documental, pero puede parecerlo, a la vez que es un relato que parece brotar de los ojos de Domenico, de su forma de mirar un mundo que comienza a descubrir. En 'El empleo', que también transcurre en Milan, la 'ciudad' es Domenico. Una vida en proceso de construcción, que también determina derruir, dejar atrás comportamientos, actitudes, como refleja la secuencia inicial de su despertar, en la que, aún en la cama. encoge los morros para cuestionar a su hermano por qué ha cogido una correa suya para sujetar los libros, y es reprendido por su madre porque él ya no necesita esa correa, ya que va a empezar a trabajar. Ya no es un niño.  photo OIR_resizeraspx_zpsa7335dd0.jpg Su mirada se abre, ojos como platos que reciben al mundo, cuando se dirige a la ciudad para su primera entrevista de trabajo, cuando observa a los otros aspirantes, otros y a la vez él mismo. Esa apertura e incursión también implica la irrupción de otro acontecimiento, de otro mundo, cuando se queda cautivado por Antonietta, que se hace llamar Magali (Loretta Decco), quien también aspira a un puesto de trabajo en la misma empresa. Olmi matiza con aguda delicadeza el proceso de acercamiento, de gesta de complicidad, con un café compartido, en el que indeciso duda si coger la cucharilla que se le ha caído, con la espera caballerosa a que llegue el tranvía de Magali, con la nerviosa expectativa de ver si también a ella la han contratado, y entra por la puerta, o con la mirada que se atrás, cuando le llevan a su departamento, como si temiera que ya no se vieran más.  photo OIR_resizeraspx5_zpse3829793.jpg La ciudad de Domenico se expande y erige nuevas construcciones, algunas elevadas como Antonietta. El paisaje de su vida se modifica, con nuevos rostros que se constituirán en presencias recurrentes, 'familiares', caso de los nuevos compañeros de trabajo, a los que en principio observa como si fueran seres de otro mundo, encajonado en su butaca. Su vida se estructura sin que él lo aperciba, porque para él aún todo es novedad, y aún no sospecha que en un sólo día ya se perfila lo que será su vida, del mismo modo que adquiere el vestuario, o 'uniforme' (su traje y corbata, su gabardina), adecuado para su labor, reflejo del 'puesto' que ya ocupa en la organización (social, laboral).  photo OIR_resizeraspx6_zps053ab236.jpg  photo OIR_resizeraspx4_zpsf2b02665.jpg Como también se adapta y asimila en el tiempo o espacio de recreo, el de las festividades, como la celebración de Nochevieja a la que asiste, también en principio, como si fuera un intruso, mirando alrededor con su gesto encogido y su expresión tímida, con su botella de vino y su canotier, figura diminuta en un espacio inmenso (que remarca el plano general, con él al fondo en una de las mesas, y las otras personas asistentes en ese momento, una pareja, sentada en una mesa en primer término). Domenico se involucra en ambos espacios, como quien va aprendiendo a pedalear en unas nuevas realidades sociales, en las que es relevo (suplencia de alguien recién fallecido del que repasan sus pertenencias para separar lo personal de lo que es de la empresa: una muerte que implica avance en las posiciones en las mesas). Aunque ya entrevea que el pedaleo será el mismo hasta el fin de los tiempos. A no ser que algún día pierda el puesto.

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