Translate

jueves, 9 de mayo de 2013

The brasher doubloon

 photo OIR_resizeraspx6_zpsa2b813f4.jpg Quizá George Montgomery, en ‘The brasher doubloon’ (1947), de John Brahm, sea el actor que más se ajusta a la descripción que Raymond Chandler realiza de Philip Marlowe, pero, sin duda, la que ha pervivido en el tiempo es la de Humphrey Bogart en ‘El sueño eterno’ (1946), de Howard Hawks. Incluso, se reparten más briznas de recuerdo para las encarnaciones de Dick Powell en ‘Historia de un detective’ (1944), de Edward Dmytryk, Robert Montgomery en ‘La dama del lago’ (1947), de propio Montgomery, Elliot Gould en ‘El largo adiós’ (1972), de Robert Altman, Robert Mitchum en ‘Adiós Muñeca’ (1975), de Dick Richards o ‘Detective privado’ (1978), de Michael Winner, o hasta los también poco recordados Jamer Garner en ‘Marlowe, detective muy privado’ (1969) y James Caan en ‘Poodle springs’ (1998), de Bob Rafelson. Todo hay que decirlo: para Chandler, como para Ian Fleming con respecto a James Bond, el actor ideal hubiera sido Cary Grant (aunque no pueden ser dos personajes más distintos).  photo OIR_resizeraspx5_zpsc5b81dfd.jpg También se consideraron para el papel a Fred MacMurray, Victor Mature y Dana Andrews. Lo que es innegable es que a Montgomery, en su momento, le pesó como una losa la comparación con Bogart (consideración que se extendería, inmerecidamente, a la propia película). Luego, su carrera derivó hacia el western o los senderos de la aventura, en los que ya había protagonizado un par de estimables obras de Henry Hathaway, ‘Diez héroes de West Point’ (1942) e ‘Infierno sobre la tierra’ (1943), antes de servir en la guerra desde 1943 a 1946.Ciertamente, su interpretación en ‘The brasher doubloon’ puede recordar a la de Grant. Compone un Marlowe de maneras suaves, de risa presta e ironía que linda con la imperturbabilidad, aunque no es sino templanza, y que desarma a los que se enfrenta. Es una especie de caballero, que no sabe demasiado de cinismos, y que no escupe sarcasmos sino que los expresa con cierta jovialidad, como si los soltara con los guantes puestos.  photo OIR_resizeraspx3_zps11a17477.jpg De algún modo, se convierte en un Orfeo que rescata a Euridice de un mal sueño, cautiva en una mansión azotada por un rugiente viento cálido que parece querer abatirla. A Marlowe le encargan encontrar el citado doblón (el título original con el que presentó Chandler la novela a las editoriales, aunque sería editada como ‘La ventana alta’ en 1942). El doblón se convierte en un objeto como los pendientes de ‘Madame De..’ (1951), de Max Ophuls, un objeto que circula, un objeto que más que objetivo es medio, para no uno sino varios personajes, por lo tanto emblema de una maraña. Esa que, en forma de laberinto, configuraba Chandler en sus novelas, de una densa condición abstracta que no ha encontrado más que parcial traslación al cine. Quizá porque se fijaban demasiado en su trama, o la intentaban desentrañar.  photo OIR_resizeraspx7_zps65ca9eea.jpg Por eso, por mucho que ‘El sueño eterno’ (1946) me parezca una notable obra, y por muy estimulante que sea el juego, o vivaz duelo, que se añade, el que establecen los personajes de Bogart y Bacall, queda lejos del complejo trayecto circular de la obra de Chandler (en el que Marlowe se enfrenta a su propia condición finita, a la caprichosa urdimbre de la vida), e incluso la relación citada, tan celebrada, me resulta mucho menos sugerente que la que establecen en la novela Marlowe y otro personaje femenino que, en la obra de Hawks, queda en personaje accesorio (la esposa del hombre que le han encargado buscar). El de la novela es un romanticismo que sangra, un romanticismo melancólico, de tinieblas. El de la obra de Hawks, un rutilante escarceo de dos sables afilándose como aperitivo de una celebración epicúrea. En cuanto a la adaptación de Altman de la excelsa ‘El largo adiós’ mejor correr un tupido velo. Sólo decir que ojalá la hubiera realizado con el planteamiento de ‘Kansas city’ (1995).  photo OIR_resizeraspx_zps9a0c3b5e.jpg ‘The brasher doubloon’ , que no desmerece al lado de la Hawks, es una obra que va densificando su trayecto, a medida que se va enmarañando la trama, con la inclusión o aparición de más personajes o hilos de la madeja. No es una obra de tinieblas, como podían ser, del propio Brahms, ‘Jack el destripador’ (1944), o la magnífica ‘Concierto macabro’(1945), o de cualidad abisal, como esa narrativa en espiral, de sucesión de flashbacks dentro de flashbacks, de la espléndida ‘La huella de un recuerdo’ (1946). Su luminosidad es engañosa, como es inquietante el ruido de ese viento caluroso, o el desconcertante comportamiento de la dama a rescatar, de movediza condición (con diversos cambios de viento), oscilante apariencia, durante todo el relato, no se sabe si frágil o amenazante, o ambas, quizá víctima o quizá culpable.  photo OIR_resizeraspx4_zpsed8b86f2.jpg Pero Marlowe en todo momento mantiene el gesto firme, sin perder el temple, la sonrisa que desestabiliza a sus contrarios porque no anuncia ‘tormenta’, o los vivaces reflejos, capaz de solventar una situación en la que le hacen desnudarse a golpe de pistola, o de saber crear, como quien lanza arena a los ojos, confusión entre el grupo que le está apalizando, para salir de la situación a través de una ventana. Como a través de una película desvelará la intriga enmarañada en la que unos y otros intentan montar su película de distracción, o de convenientes omisiones, siempre escondiendo la mano, que Marlowe sabe descubrir, como sabe en qué mano se oculta la moneda, o sea, la verdad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario