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domingo, 28 de abril de 2013

Atrapados

 photo OIR_resizeraspx6_zpsb7d8c987.jpg Leonora (Barbara Bel Geddes) es una cenicienta que ejerce de modelo, para quien las revistas de moda es la pantalla en la que proyecta sus ilusiones, aquellas que desea habitar, y con el abrigo de visón como emblema de sus aspiraciones. Para ese escenario de vida se prepara cual actriz, en una escuela en la que aprende a cómo comportarse adecuadamente (cómo servir el té, cómo escuchar música…), cómo desplegar el pertinente encanto (encantamiento) para conseguir a ese ideal marido que le suministre el atrezzo que componga su particular paraíso de vida cuché. ‘Atrapados’ (1949) es otra de las refinadas grandes obras de Max Ophuls que despelleja las proyecciones y ficciones, escenarios y reflejos del sentimiento amoroso. Aunque no sería ’Atrapados’ la traducción adecuada de su título original, ‘Caught’, que más bien debería singularizarse en ‘Atrapada’. Porque es Leonora la mujer reclusa, primero de unas ideas de proyecto o diseño de vida de celdas invisibles, cuyo reverso, o revelación de su condición de falacia, de arenas movedizas, tomará cuerpo con quien se convierte en la aparente materialización del hombre/suministrador ideal.  photo OIR_resizeraspx7_zpsabf1ee91.jpg Según la ecuación el príncipe idóneo debe ser un buen potentado. Y surgiendo de la oscuridad ‘aparece’ la sombre del sueño, Smith Ohlrig (Robert Ryan), trasunto de Howard Hughes (quien había despedido a Ophuls del set de rodaje de ‘Vendetta’; hay quien ya ha apuntado que esta película es su particular ‘vendetta’). La cuestión es que el príncipe se revelará ogro, alguien carcomido por la oscuridad que le corroe en su interior por falta de autoestima y exceso de soberbia. Sufre ataques de ansiedad cuando alguien le contraría o se rebela a su voluntad, y su coeficiente emocional queda definido en su gusto por el pinball como descarga de tensiones. Ya su decisión de casarse está determinada por el hecho de contradecir al psiquiatra al que suele acudir. Ohlrig piensa que todos van tras su dinero, por lo cual, la mujer que quisiera casarse con él no tiene más objetivo que ese. El rico piensa que el pobre aspira a su posición.  photo OIR_resizeraspx5_zps16ac53d7.jpg Leonora hará su primer acto de rebeldía, precisamente, durante una proyección de uno de sus negocios. Como si quemara la película del proyector. Aunque el gesto disidente más radical será romper con los lujos y trabajar de secretaria para un médico pediatra de los barrios pobres, en el East side de New Work, Quinada (James Mason), el extremo opuesto de Ohlrig. Un médico que viene de las clases altas y que sabe qué engañosas y vacías son esas ilusiones materiales, ya que sus padres estaban obsesionados con la cuestión del dinero y la posición social (la importancia de las apariencias); y sabe lo que es la entrega en el amor, como la que manifiesta con sus pacientes. El personaje de Mason ejerce de demolición de unas certezas, como, con otros matices, lo será el que interpretará en ‘Almas desnudas’ (1949), para otro personaje femenino; ejercerá de fisura. Para ambos personajes no será lo mismo su vida tras conocer a los personajes que interpreta Mason. En este caso para extirpar un enajenador modelo de vida, y abrir otras perspectivas posibles de vida, más plenas, mas ‘reales’.  photo OIR_resizeraspx2_zps7458e459.jpg De nuevo, Ophuls demuestra cómo domina el espacio del encuadre y los movimientos de cámara para crear emoción y para definir los conflictos internos de los personajes. Una escalera interpuesta en el encuadre en un enfrentamiento entre tres personajes, entre Ohlrig, Leonora y Quinada, hace que se convierta en un personaje más, y asociada con los movimientos de cámara indica la oscilación pendular de la tensión emocional, de lo que se dirime entre los personajes, pero sobre todo lo que desgarra interiormente a Leonora ya que ama a Quinada, pero su embarazo lo siente como un impedimento para romper amarras con Ohlrig, pero también con las convenciones, con los garfios de las apariencias.  photo OIR_resizeraspx4_zps84f7ecc1.jpg Secuencias antes, un dilatado movimiento (que es propulsión, despegue) se acompasa al baile que comparten Quinada y Leonora en una pista atestada que hace que sus movimientos sean casi comprimidos, como su sentimiento que aún no puede liberarse. De hecho, el circular movimiento no se cierra, se quiebra con un cambio a un primer plano de ella, tras que él le haya propuesto matrimonio, ya que ella aún no ha compartido lo que la hace sentir ‘atrapada’, ‘comprimida’, que está casada, y que está embarazada. Una elipsis evidencia su repliegue, su decisión no compartida, con Quinada, la de volver con Ohlrig. El vacío de una mesa en un espacio intermedio en la conversación entre dos personajes, entre Quinada y su socio, Hoffman (Frank Ferguson), se revela como el peso de una ausencia que es tanto enigma como anhelo.  photo OIR_resizeraspx3_zps0905297d.jpg La escalera, símbolo de los anhelos de bienes materiales o de irreales idealizaciones, como ese abrigo de visón que adquirirá variada condición dramática según la evolución de Leonora. Tras que Hoffman le haya confirmado que está embarazada, no puede evitar encoger el rostro, conmovida, cuando Quinada (que lo ignora) le regala un sencillo abrigo (reverso del de visón). En la secuencia final, en el hospital, ya juntos Quinada y Leonora, la enfermera se dispone a llevarles el abrigo, pero Hoffman le indica que ya no cree que lo necesite en su nueva vida. Una vida de mirada despejada que ha descendido a la realidad. A veces, para cumplir los sueños no es necesario ascender.

1 comentario:

  1. Este interesante film se enriquece notablemente al incluir a James Mason y Robert Ryan en su reparto. No me pierdo nada de lo que Mason haga, aunque luego no sea gran cosa. Su sola presencia y característica voz original, unidas a su excelente labor actoral, son ganchos irresistibles para mí. En cuanto a Ryan, otro estupendo actor quizá infravalorado, es una de las presencias más inquietantes en papeles de psicópata (Encrucijada de odios) que recuerdo. Cuando servidor era pequeñajo, él y Jack Palance eran los dos tipos que me ponían más nervioso en una pantalla de cine. ¡Saludos!

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