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sábado, 31 de marzo de 2012

Cary Grant

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Archibald Alexander Leach, más conocido como Cary Grant.

En rodaje: Leo McCarey y Cary Grant

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Cary Grant y Leo McCarey durante el rodaje de 'La pícara puritana' (The awful truth, 1937), una de las cimas de la 'screwball comedy' ( y de la comedia, en general). Supuso el asentamiento de ese personaje e icono en el que se convirtió Cary Grant, irrepetible actor donde los haya. Y eso que el mismo Grant estuvo dispuesto a pagar un dineral por abandonar un rodaje que él consideraba caótico ya que se escribía, o modificaba, el guión cada día (basado en un obra teatral, el guión fue escrito por Viña Delmar y, no acreditado, Sidney Buchman,), y no acababa de ver hacia dónde se dirigía a ello. El resultado no puede ser más armónico, y con una sensación de jubilosa vivacidad. Y Grant colaboró dos veces más con McCarey, en 'Once upon the honeymoon' y en 'Mi esposa favorita' de Garson Kanin (producida y escrita por McCarey).

La octava mujer de Barbazul - Imágenes de un rodaje

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Ernst Lubitsch, Gary Cooper y Claudette Colbert durante el rodaje de 'La octava mujer de Barbazul' (Bluebeard's eight wife, 1938), una de las más admirables e ingeniosas comedias de Lubitsch ( y de la historia del cine).

Patricia Neal

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Paul Newman, Joanne Woodward y otras criaturas animales

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Alma Hanlon, lo efímero y los gatitos

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La carrera cinematográfica de Alma Hanlon fue muy efímera, duró sólo cuatro años, desde 1915 a 1919, interpretando 23 películas. Entre ellas, 'Gold and the woman' (1916), de James Vncent, con Theda Bara, 'The mystic hour' (1917), de Richard Ridgely, 'The whip' de Maurice Tourneur, o 'The sins of the children' (1918), de John S Lopez.

La playa (la spiaggia)

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Eres lo que aparentas, eres lo que representas. Poco importa quién o cómo eres. Nada importa lo que sientes. El dinero es el caliz sagrado que mueve a la sociedad, y la hipocresia su conveniente complemento. Tales constataciones subyacen en el trayecto narrativo de la excelente 'La playa' (La spiaggia, 1954), de Alberto Lattuada, o siniestra evidencia que se irán desvelando como la supuración que va brotando lentamente bajo las luminosas superficies del entorno vacacional de un pueblo costero, o de su emblema, la playa, y de las mismas imágenes, predominantemnente diurnas, siendo las finales nocturnas. La imagen inicial ya contiene esas resonancias siniestras que se irán materializando, dos figuras de negro, que se revelarán como dos monjas, que escoltan a una niña pequeña, hasta acercarse a cámara,quedando encuadrada sólo la niña en primer plano (representación de lo que se desarrollará, manifestará,en el relato: la inocencia escoltada por las oscuras pulsiones, la codicia y la hipocresia). Estamos en una estación ferroviaria. Las monjas acompañan a la niña para esperar el tren en el que llega su madre, Anna (Martine Carol), con la que pasará dos días de las vacaciones.
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Durante el primer tramo del relato el tono es distendido, la narración fluctúa en los puntos de vista, trazando una perspectiva de conjunto: el anciano que declara orgulloso que lleva cincuenta años levantándose a las cinco, como si aún fuera el militar que fue, y al que le colocan una silla todos los días junto a la orilla del mar; los tres urbanita que vienen a desintoxicarse y dejar tabaco y alcohol entre otros vicios con el aire puro del mar (perplejos cuando les dicen antes de llegar que la contaminación industrial ha realizado sus buenos estragos en la costa); el industrial de neveras que espera el momento propicia para 'contactar', y conseguir su apoyo financiero, con el anciano millonario que rige el pueblo, y observa desde su atalaya, que orgulloso reconoce que hace cincuenta años que no hace favores; la joven que se dedica a pedir dinero a los demás, para vivir del cuento y pagar las facturas de los hoteles (de los que se va sin pagar si no consigue esa ayuda; el niño que se dedica a hacer negocios con los cascos de botellas.
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Es bellísimo el momento en el que por primera vez baja Anna con su hija a la playa, en la que sólo se ve al anciano junto a la orilla; la cámara encuadra en plano medio a madre e hija recostadas en una barca, cerrando los ojos felizmente distendidas; cambia la luz, sin saber cuánto tiempo llevan adormecidas, y comienza escucharse una algarabía de voces; Anna mira alrededor, y se encuentra con ahora la playa está reppeta de gente; Lattuada realiza un travelling que la sigue mientras todas las miradas la 'siguen', cautivadas por esa elegante y hermosa mujer de negro que piensan que es una dama de alcurnia, una 'mujer de bien', lo que se supone acude a ese tipo de zona turística. Pero no saben,aunqu sí la policía, y los espectadores ya avanzada la narración, que es prostituta.
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Y que, viuda, sigue forcejeando con la vida para encontrar su lugar, su estabilidad, y poder vivir con su hija, pero el 'estigma' de lo que ha sido la persigue, ese estigma que proyectan como una zarza envenenada la hipocresía de aquellos por su parte hacen cualquier cosa por disponer de más lujos o atesorar más dinero. Durante un tiempo es lo que aparenta ( cómo los otros la consideran por su 'apariencia', y por tanto infieran que 'representa'), pero cambia radicalmente cuando se desvela esa 'condición'. Anna ahora 'representa' algo completamente opuesto,aunque sea la misma mujer. Sólo el alcalde, Silvio (Raf Vallone), la intentará ayudar, porque es alguien que aún cree en la honestidad, en intentar transformar la sociedad, que aún cree que puede detener a los ladrones 'legales' ( los ladrones a gran escala) que rigen la sociedad. Una actitud voluntariosa, como ingenua (porque pocos serán los que a Anna le den una oportunidad conociendo su pasado; sería una 'mancha' para ello, por extensión), como señala el millonario, aquel que 'representa' lo que todos admiran, anhelan y respetan, el dinero. Que Anna coja su brazo es la única vía de que consiga el respeto de los hipócritas y codiciosos que habitan la 'playa' de la vida.

Ultimatum a la tierra - Imágenes de un rodaje

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Klaatu ha vuelto para representar la huelga de hoy. Si se hace caso omiso a las reformas y cambios que se demandan, los extraterrestres han acordado destruir la tierra dado que se muestra incapaces de convivir armónicamente y de aplicar una política socio-económica fundamentada en lo equitativo.

Robert Wise, Michael Rennie y Lock Martin (el robot Grog) durante el rodaje de la notable 'Ultimatum a la tierra' (1951), o en su título original 'The day the earth stood still' (el día que se paralizó la tierra).En ese discurso admonitorio de los extraterrestres, por la falta de espíritu conciliador de los seres humanos y su inclinación a la agresividad y las rivalidades (o cierta parálisis mental), subyace el reflejo de unos tiempos en los que se estigmatizaba y perseguía a los 'diferentes', que no eran sino los que tenían cierta mentalidad progresista, a la vez que asentar la guerra fría entre los dos bloques en que se dividía el mundo. La lección de los extraterrestres,o de la película, no fue atendida. Si esos extraterrestres hubiesen existido, hubieran realizado la acción con la que amenazaban.

jueves, 29 de marzo de 2012

Ava Gardner, los muñecos y El día de la independencia

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Marlene Dietrich y Ernest Hemingway, una pasión desincronizada

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Marlene Dietrich y Ernest Hemingway, retornando de Europa en el SS Normandie. Hemingway llegó a escribir, en una de las múltiples cartas que intercambiaron, que eran 'víctimas de una pasión desincronizada'. Cuando uno estaba disponible, el otro mantenía una relación. Se conocieron en otro viaje en barco, cruzando el Atlántico en 1934, en el 'Ile de France'. Su gran amistad duró hasta la muerte de él en 1961. Ernest le llamaba 'Kraut' y ella 'Papa'.

Maude Fealy, entre el cine silente y la palabra del teatro

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Maude Fealy inteprepetó dieciocho películas entre 1911 y 1917 para la productora Thanhouser studios. No retornaría a la pantalla hasta 1931, ya que prefirió centrarse en el teatro, no sólo como interprete sino como co-autora de varias obras, convirtiéndose en una de las figuras más destacadas de la escena teatral en su tiempo. Entre las intermitentes apariciones en la pantalla, a partir de la década de los 30, en papeles a veces sin acreditar, destacan su colaboraciones con Cecil B De Mille, en 'Corsarios de Florida' (1937), 'Union Pacific' (1939) o 'Los diez mandamientos' (1958).

De amor también se muere

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Los dos planos iniciales de 'De amor también se muere' (Humoresque, 1946) ya anuncian el refinamiento estilistico de este brillante melodrama dirgido por Jean Negulesco, la intensidad pautada a través de opuestos en colisión, y el talento interpretativo de John Garfield. Dos movimientos de cámara, dos travellings.El primero en la entrada de un teatro, hasta encuadrar el cartel de que se ha suspendido el concierto del violinista Paul Boray (Garfield). El segundo, un travelling, ahora en retroceso, desde un primer plano del rostro de Boray, con hondo gesto sombrío, apesadumbrado (parece que la luz se ha ausentado de sus ojos), hasta que es encuadrado en plano general, contemplando desde su terraza la ciudad, una atalaya en la que las sombras acentuan su soledad; esa atalaya desde la que le reprochan que ha contemplado el mundo. Sin variar el gesto, recibe la reprimenda de su agente por su decisión. Cuando se marcha, en un primer plano, de nuevo, Boray se lamenta de cómo ha errado en sus decisiones, y añora cuando era feliz y sencillo, cuando era un niño. La obra se estructura, por tanto, sobre un largo flashback, como la posterior 'Cuerpo y alma' (1947), de Rrobert Rossen, también con Garfield como protagonista. Contrastar ambas interpretaciones sirve para delimitar aún más nítidamente su talento. En la obra de Rossen, es un brutote boxeador, ingenuo y más elemental, honesto pero manipulable,y que pierde el norte de la integridad momentaneamente por los cantos de sirena de los lujos del éxito. En la de Negulesco también intepreta el ascenso al éxito, en este caso, un violinista. Su carácter es más bien susceptible, suspicaz, muchas veces inflexible, subordinando la música a cualquier otro aspecto o sentimiento.
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El fuego que le define es reflejo de su talento único pero también se refleja en cierta intransigencia, en estallidos temperamentales no exentos de cierta crueldad con la gente que le quiere. Aunque también hay que ver su expresión cuando su compañera de estudios musicales, Gina(Joan Chandler) le besa impulsivamente, apuntando que espera no se ría de ella. La honda y admirada expresión de él cuando le repite que no se reirá de ella, es elocuente de la integridad de su emoción, de que es capaz de ser incomprendido. Aunque muchas veces lo subordina más al sentimiento de no ser 'comprendido' por el mundo. Es una cuestión de aprender a mirar a los demás. Si la música impulsa la obra (con interpretaciones de composiciones de Dvorak, Bizet, Wagner, Mendelsshon,Grieg o Bach, entre otros),la vista es otro componente que trama el subtexto. Véase el detalle de que Helen (Joan Crawford) necesita gafas para ver de lejo, y ese singular que plano que culmina la secuencia en la que se han conocido, en la fiesta que imparte Helen con su marido Victor (Paul Cavanaugh). Helen ha pedido que le den las gafas cuando empieza a escuchar, cautivada, la música que interpreta Paul. Poco a poco, en un plano general, se va acercando, hasta ponerse cerca de él, quitándose las gafas. La citada secuencia culmina con un plano, en el que en primer término vemos el vaso que porta en su mano Helen, y distorsianada por el vidrio la figural al fondo de Paul.
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Helen, que se queja de que todos los hombres han querido cortarle las alas, 'desenfocará' su mirada cuando no logre aceptar que él ame más la música que a ella (lo mismo que hizo con Gina; siempre ajeno a los sentimientos de los demás). De hecho, en la larga y bellísima secuencia final, qe alterna el concierto de Paul con la desesperación de Helen, cuando asume que no podrá ser el foco de atención primero y excepcional que anhela, ella es encuadrada a través del agujero del cristal que rompe con su vaso. La distorsión ha derivado en vacio, en ruptura (ahora es ella la que ha querido cortar alas).
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Detalles de la sutileza de la puesta en escena: en el citado plano general en el que Helen se acerca a Paul (en fuera de campo) cautivada por su música la primera vez que le escucha, al principio es seguida por su marido, quien, al apreciar lo que significa que ella se vaya 'acercando', abandona la sala y el encuadre. Es fascinante este personaje 'periférico', en el plano, en la vida de los otros, sobre todo de su mujer, que se reconoce carente del fuego que tiene Paul, más bien alguien cobarde, frustrado vitalmente, que ha tenido la suerte de vivir de una posición privilegiada que le ha dado no sólo estabilidad sino el acceso a uno lujos (esplendida la secuencia en la que lo expresa, con contenida desesperación, a Helen, culminando con que puede separarse, desprenderse de él, cada vez más periférico en su vida). Un opuesto a Paul, como opuesto son los ambientes de lujo de Helen y Victor y la extracción humilde de la familia de Paul.
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También reflejo de ese refinamiento estilistico son algunas de las ingeniosas traniciones de secuencias, como aquella en la que se 'sella' la relación de mecenas de Helen, y la cámara realiza otro movimiento de cámara hasta una pequeña estatua; el siguiente plano es un contrapicado sobre una estatua bajo un elevado edificio que se perfila tras ella; la cámara realiza un breve travelling de ascensión sobre una de sus ventanas, tras las qe se ve a Helen y Paul con el que agente que le ha presentado la primera. Estatuas que no tomarán cuerpo, elevaciones que se frustrarán. Al final quedará la inmensidad del vacio, como esa calle desierta, en un sombrío amanecer, en la que camina Paul, que ha tenido que 'caer' de la atalaya de su talento para recuperarse como alguien que quizá ahora sea capaz de amar a alguien tanto como a la música.

El hombre que sabía demasiado - Imágenes de un rodaje

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Alfred Hitchcock, James Stewart, Doris Day y Reggie Nalder en varios momentos del rodaje de 'El hombre que sabía demasiado' (The man who knew too much, 1956).Hitchcock traza con tiralíneas un relato que se hila sobre la incertidumbre que se va adueñando de la narración y de la mirada de unos personajes representantes de la normalidad que descubren como el mundo puede ser un espejismo que es a la vez un agujero negro fuera de sus rutinas de hábito.