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sábado, 30 de abril de 2011

Alberto Iglesias - El jardinero fiel - Justin death


El multipremiado en los premios Goya (parece que no hubiera otros grandes compositores a reconocer en este país) Alberto Iglesias compuso una cautivadora banda sonora para la sugerente (y punzante en su ánimo crítico) 'El jardinero fiel' (2005), de Fernando Meirelles.

Marilyn Monroe - Richard Avedon

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El 22 de Diciembre de 1958 Marilyn Monroe posó para Richard Avedon en una serie de fotgrafías en las que emulaba a Theda Bara (como Cleopatra), Jean Harlow, Marlene Dietrich (en 'El angel azul'), Lilly Russell y Clara Bow.

Theda Bara

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Montgomery Clift y Anne Baxter: Yo confieso

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Montgomery Clift y Anne Baxter en tres imágenes promocionales de la excelsa 'Yo confieso' (1953), de Alfred Hitchcock.

Distrito quinto

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Seis personajes en espera de una 'Salida'. Seis personajes en espera del quinto hombre, aquel que debe traer el botín del atraco que acaban realizar. 'Distrito quinto' (1957), de Julio Coll, comienza con una frase admonitoria que viene a decir que los mejores 'instrumentos' que ha interpuesto Dios con el crimen son la conciencia y la religión (particularmente, no creo que sea necesaria la segunda para tener la primera; o, dicho de otro modo, si en algo creo, como necesario, es en la empatía;y, desde luego, la película en su desarrollo no deja de poner en evidencia el forzado 'pegote' de esa sentenciosa frase). Toda la acción de la obra transcurre en el piso en el que los personajes esperan la llega del 'ausente' (porque es la conciencia lo que está ausente en ellos), y la narración se construirá a través de largos flashbacks, con puntuales vueltas al presente, en el que iremos conociendo al 'quinto hombre', Juan (Alberto Closas), primero enigma, objeto de sospecha. ya que ha habido un crimen, y su conducta intriga a los habitantes, inquilinos que alquilan habitaciones dadas sus carencias materiales, porque parece que conociera a la mujer que ocupaba antes la habitación, y relacionada indirectamente con el crimen ¿¿Qué busca en la maleta que dejó la chica antes de 'desaparecer'?). Progresivamente, se irá descubriendo quién es, alguien que participó de un mismo pasado de delincuencia ( timador), y ahora arrepentido del mismo, se ha convertido en 'voz de la conciencia'.
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Como digo el resto de personajes buscan una 'Salida' a su vida de carencias. Unos como Gerardo (Arturo Fernández) y Marta (Montserrat Salvador),timadores de oficio, ansían el lujo (un coche, buenas ropas etc), y no tienen escrúpulos en aprovecharse de lo que ansía otro de los inquilinos, Andrés (Carlos Mendy), una Mujer o el Amor, manipulándole porque saben que ama a Marta haciéndole creer que ésta corresponde (lección moral de Juan: en un momento dado se declara a Marta, y esta reconoce que también le corresponde, hasta que Juan le confiesa que era estratagema de 'timador', para que sufriera en carne propia lo que hacen con Andrés). Miguel (Pedro de Córdoba) anhela poder vivir de la danza, pero ante sus penurias económicas, él y su compañera, Tina (Linda Chacón), se ven obligados a alquilar habitaciones de su piso (aunque ella es la única que realmente se 'conformaría' con lo poco que tienen, no cegada como Miguel por los 'sueños'). Y, por último, Jesús, el personaje más pusilánime, de quien los otros, sobre todo Gerardo,se aprovechan, quisiera vivir de su poesía (un metáforico modo de señalar cómo la poesía se degrada en la vida por las necesidades a ras de sueño o las obcecadas ansías de sueños elevados).
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Lo más destacado de esta sugerente obra está en el afinado trabajo de puesta en escena de Coll. El trabajo sobre los espacios: el primer plano encuadra a los cuatro atracadores que llegan desde la calle, desde el interior del portal,que asemeja, por su forma abovedada, a un túnel (ese interior en el que están atrapados), o esa pared de otro edificio casi pegada a la ventana de la habitación de Juan, que acentúa esa sensación de 'prisión moral', de opresión ( de 'No hay salida'). La modulación temporal unida al movimiento escénico: la tensión latente en la espera en las secuencias iniciales, los desplazamientos de los personajes, coreografiados como el exasperado paso del tiempo; el uso de la profundidad de campo,con un personaje en primer término y otro al fondo, mirándose, y que hace sentir la 'distancia' entre ambos, como un espacio embalsamado, inmovilizado (como si fueran criaturas atrapadas en ámbar; pero no sólo el que ellos se han podido crear, sino, de modo indirecto, el 'cepo' de la sórdida circunstancia social que se vivía entonces, y de la que esta obre es implacable reflejo). Concreción y abstracción, circunstancia y alegoría, se conjugan de modo modélico, en este incisivo relato sobre la prisión de la falta de conciencia.

‎'Distrito quinto' (1957), es una excelente obra de Julio Coll, que tuvo que pasar su vía crucis para realizarse, ya que reflejaba 'un ambiente de asfixia moral', y hubo que amortiguar sus aristas (aparentemente; en su sutileza está una de sus grandes virtudes). Coll, con José Germán Huici, Luís José Comerón y Jorge Illa, adaptan la novela de Josep María Espinás. Con su sentido del montaje, de la modulación, logra evitar la teatralidad de la puesta en escena ( aunque incidiendo en la 'teatralidad',en cuanto escenficaciones y manipulaciones, de las relaciones). La dirección de fotografía de Salvador Torres Garriga amplica la sensación de opresión, de falta de 'aire moral' y de cautiverio.

viernes, 29 de abril de 2011

John Cassavettes y Gena Rowlands. Pareja de excepción

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John Cassavettes y Gena Rowlands, fotografiados por Leo Fuchs, en 1964.

Sean Connery. Los primeros pasos. Las primeras entradas.

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Los primeros pasos. Las primeras entradas. Sean Connery durante el rodaje de la esplendida 'Ruta infernal' (1957), de Cy Enfield.

Michael Caine y la sesión Playboy para Comando en el Mar de la China

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Curiosidades. En octubre de 1969 se publicó en la revista Playboy, como promoción para 'Comando en el Mar de la China' (1970), de Robert Aldrich, unas fotografías perteneciente a una salaz sesión en la que había participado Michael Caine (y en una Denholm Elliot) acompañado de un vivaz 'coro' femenino. Y es que en la película no aparece una mujer (si no yerro) ni al fondo de un encuadre.

Too Late the Hero. Musica: Gerald Fried


'Apoteósica' es el primer adjetivo que me viene a la mente (desde las entrañas) para calificar la memorable banda sonora de Gerald Fried para la excepcional 'Comando en el Mar de la China' (1970), de Robert Aldrich. A correr (en zig zag, of course).

Comando en el Mar de la China

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La carrera en zig zag a campo descubierto hacia la base inglesa mientras intentan eludir los disparos de los soldados japoneses, complementada con los acordes de la memorable banda sonora de Gerald Fried, quedó grabada como un hito en mi adolescencia, la primera vez que admiré la subvalorada, y admirable, 'Comando en el Mar de la China' (1970), de Robert Aldrich, emoción que se ha mantenido la ya casi decena de veces que he degustado esta vitriolica obra. Acidez de discurso,sobre los absurdos de la guerra y los desatinos de las rigidices de las jerarquías de la institución militar, sobre su sordidez y brutalidad, condensada en los antológicos títulos de crédito, en la que las tres banderas (estadounidense, británica y japonesa) se van deshilachando y deteriorando progresivamente (como los compases de la música van perdiendo su exultante tono inicial para derivar en sombríos y apagados). La productora ABC Films quería que se repitiera el éxito de una obra precedente de Aldrich, 'Doce del patíbulo' (1967), y el cineasta echó mano de un guión que llevaba diez años 'errando' por las productoras. A mi modo de ver, logró armonizar los componentes que en anteriores obras adscritas al género bélico que había realizado conjugó de modo desequilibrado, ya sea la predominante, y enfática, vena discursiva (crítica) en 'Attack' (1956) o, a la inversa, amortiguar esta, en 'Doce del patíbulo', supeditándola, sobre todo en su tramo final, a las convenciones del más rudimentario patrón de las hazañas bélicas con profusión de testosterona, lo que acababa determinando que se convirtiera en una obra que contradecía sus supuestas intenciones críticas, y que su sordidez o 'suciedad' (Dirty dozen, era el título original) tuviera bastante de subordinación a la fascinación por los alardes (o gestualidades) viriles de índole más 'pleistócenica'. En este sentido, 'Comando en el Mar de la China' rehuye esos (auto)complacientes 'abismos' (no sé si por eso tuvo más éxito la anterior), y se encuentra más cerca de otra obra escasamente recordada de Aldrich, la estimable 'Ten seconds to hell' (1959), que con eficaz precisión dibuja la tensa labor de unos artificieros, o, en otras lindes genéricas, otra obra cuyo plantel protagonista es también enteramente masculino, la excelente 'El vuelo del Fénix' (1965).
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Precísamente el título con que aquí la estrenaron está más cerca de ese convencional cuño de repertorio de hazaña bélica. El original, 'Too late hero' (Héroe demasiado tarde) refleja las descarnadas aristas de su planteamiento crítico. Hace referencia al capitán estadounidense Lawson (Cliff Robertson), quien nos es presentado tumbado, con una cerveza en la mano, en una playa, despertando de un plácido sueño, sin saber que llevan varias horas buscándole por orden de su superior, el comandante encarnado por Henry Fonda. Lawson es alguien que ha privilegiado el sentido pragmático, para de este modo rehuir el combate, aprovechándose de sus conocimientos de japonés y así propiciar que transcurra la guerra mientras se dedica a interpretar las transmisiones japonesas. No parece que entre sus afectos esté el sentimiento patriótico ni el aprecio por las acciones heroicas ( sino más bien disfrutar de 'la buena vida'. Su contrariedad es notoria cuando su comandante (que es amigo suyo, y al que intenta proporcionar placenteros contactos femeninos, lo que define, de nuevo, su carácter pragmático, esto es, complacer para su propia conveniencia) le ordena que se traslade a una base militar británica, el mismo día que va a disfrutar de un permiso de varias semanas, en donde necesitan a alguien que domina el japonés. Una vez más, para su perplejidad, se encontrará al llegar con que tiene sólo media hora para prepararse y acompañar a un pequeño pelotón en una misión que implica destruir, en el otro extremo de la isla, un radiotransmisor japonés, y así evitar que puedan informar del paso de un convoy norteamericano por las aguas colindantes ( y acto seguido Lawson enviar un mensaje que hiciera creer que todo estaba en orden).
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El pelotón en cuestión resulta más sugerente que el de 'Doce del patíbulo', destacando Tosh (Michael Caine), quien no deja de enfrentarse a la autoridad,en especial al capitán al mando de la misión, Hornsby (Denholm Elliot), quien demuestra cierta incompetencia,como cuando ordena que se aposten a ambos lados de un sendero ante la llegada de unos soldados japoneses, provocando con el fuego cruzado que mueran tres de sus hombres por las balas de sus compañeros, o no plantee las necesarias medidas disciplinarias cuando descubre que el soldado Campbell (Ronald Fraser, encarnando a un personaje tan miserable como en 'El vuelo del Fénix') ha cogido los cigarrillos del sargento muerto horas antes (y que Tosh le dio cuando le dejaron atrás malherido). No sólo no hay autocomplacencia en el dibujo de estos personajes, hurgando en la herida del sinsentido y la sordidez moral, sino que los trazos con los que perfila al mayor Yamaguchi (Ken Takakura, el luego protagonista de la obra de Sidney Pollack, de 1975, 'Yakuza') lo revelan como alguien con más acusado sentido de lo justo, o menos cruel. O, dicho de otro modo, Aldrich, siempre cuestionando cualquier maniqueista noción de bando ( o de banderas o razas o tribus), establece una identificación entre unos y otros más allá de sus uniformes.No son unos mejores que otros. El admirable vigor narrativo del que hace gala Aldrich, sin que la tensión desfallezca por un momento, y convirtiendo a la espesura de la selva en crucial personaje (espacio que dificulta y condiciona; laberinto que hay que superar) o al sonido ambiental (de animales) como efectivo recurso que sedimenta una creciente atmósfera opresiva (como esa metáfora que usa el Mayor del embudo en su camino de vuelta a la base), tiene un portentoso corolario en la citada secuencia final,la carrera en zig zag de los supervivientes mientras son disparados por los soldados japoneses. Un excelso broche para una obra que 'captura' el aliento del espectador y no lo suelta hasta las imágenes finales.


'Comando en el Mar de la China' (Too late hero, 1970), es una esplendida obra de Robert Aldrich, en uno de sus momentos creativos más fructíferos,ya que a continuación realizará otras de sus mejores obras, 'La banda de los Grissom' (1971), 'La venganza de Ulzana' (1972) y 'El emperador del Norte' (1973). Aldrich firma el guión junto a Robert Sherman y Lukas Heller. La fotografía de Joe Biroc acentúa esa pregnante sordidez tanto física como moral que vertebra el relato. Una de las cimas del género bélico, de implacable planteamiento crítico, sin ser tan explicita como algunas más renombradas, y con un pulso narrativo, áspero y fibroso, comparable al de algunas de las odiseas más tenebrosas y descarnadas del género como 'La colina de los diablos de acero' (1957), de Anthony Mann o 'Invasión en Birmania' (1962), de Samuel Fuller, o 'La cruz de hierro' (1976), de Sam Peckinpah.

victor young - theme from scaramouche


Con una composición tan exultante como la de Victor Young para la deliciosa 'Scaramouche' (19529), de George Sidney, dan ganas de corretear entre los palcos de un teatro, o entre tejados, o hasta entre nubes (lo de los floretes y los duelos, ya es suplementario, a gusto del consumidor).

jueves, 28 de abril de 2011

Lauren Bacall

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En rodaje: Peter O' Toole

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Peter O'Toole, mimetizado con el entorno, durante el rodaje de 'Lord Jim' (1965), de Richard Brooks.

En rodaje: Sharon Tate y Tony Curtis

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Sharon Tate y Tony Curtis durante el rodaje de 'No hagan olas' (1967), de Alexander MacKendrick.

No hagan olas

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'Los grandes vendedores no reúnen en el fondo más que una colección de defectos de personalidad, la moralidad de un simio, el encanto de un esquizofrénico, la sensibilidad de un rinoceronte y los escrúpulos de un chantajista'. Esta 'perla' la suelta Carlo (Tony Curtis) a un emblemático especímen de tal subespecie, Rod (Robert Webber), director comercial de una empresa dedicada a la fabricación de piscinas, en una secuencia ejemplar en su recuperación del 'timing' de las grandes comedias, el febril ritmo puntuado con sucesivas interrupciones ( de las que hablaba días atrás), con las entradas de diversos personajes que 'exasperan' a Rod (tensando sutilmente la narración), que tiene que mantener la compostura por la'intrusión' imprevista de Carlo, que 1/ sabe que tiene una amante, Laura (Claudia Cardinale) y 2/acaba de conocer en el vestíbulo a su esposa, Diane (Joanna Barnes), la cual, según el relato de Rod a Laura para justificar el porqué no se divorciaba de ella, se supone impedida y postrada en la cama, y necesitada de atenciones. En suma, Carlo efectúa un hábil movimiento ajedrecistico (de 'sonriente' chantaje) para conseguir un empleo, ya que además se había quedado sin nada, por infaustos azarles o accidentes de la vida ( o la imprevista irrupción en su vida de Laura).
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'No hagan olas' (1967), es la última obra de MacKendrick, quien dado las sucesivas contrariedades que había sufrido desde que se desmontó la Ealing, y que carecía de las necesarias cualidades de negociante (lo que parecía primar por encima de cuestiones o planteamientos artísticos) prefirió dedicarse a la enseñanza. Una corrosiva y muy vital comedia ( o cómo ser ácido con sumo desparpajo), que comienza y termina con dos antológicas secuencias en las que algo se precipita en el vacío. En la primera, el coche de Carlo, que ha aparcado en un recodo de la carretera, y que el guardabarros del coche de Laura, al rozarlo, provoca que se precipite carretera abajo, y como guinda, se incendie, cuando Laura deje caer un fósforo. Resultado: todas las pertenencias de Carlo se pierden. En la última secuencia, la casa en la colina en la que vive Carlo, por causa de la torrencial lluvia, se viene abajo, con las tres parejas en litigio durante el desarrollo del relato (desplome que volverá a poner las cosas en su sitio; o más bien las pondrá donde debían estar). A las dos citadas, añadir las de Malibú (Sharon Tate) y el musculoso Harry (Barry Draper, quien acababa de ser 'coronado' Mr. América y Mr. Universo, sucesivamente), que viven en la playa, en la furgoneta de Harry.
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Con respecto a éstos tienen lugar algunos de los mejores momentos de esta excelente comedia: La fascinación arrobada de Carlo ante los acrobáticos saltos en la cama elástica de Malibú, como si fuera una aparición 'celestial'; como contraste, la parca expresividad en monosílabos de Malibú, o la primera noche juntos, en la que sufre Carlo el no poder dormir por los ruidos que hace Malibú comiendo las patatas fritas mientras contempla embobada la televisión ( es que los idealización se pueden 'desplomar' rápidamente); la brillante elipsis tras que Carlo 'chantajee' al adivinador, Madame Lavinia (Edgar Bergen), para que 'invente' un 'diagnóstico' al dubitativo Harry que le haga creer que debe romper con Malibú ( a cambio de reducir el pago de la piscina con forma de la constelación de la Osa Mayor), en la que vemos a Harry con expresion apesadumbrada en la orilla de la playa (y diciéndole a Laura lo que le ha aconsejado Madame Lavinia); o el salto en paracaídas de Malibú para caer sobre la piscina, al que se une accidentalmente Carlo, que cae por un bandazo de la avioneta. En suma, se lanzan afiladas ironías, a veces más directas, otras más soterradas, sobre un mundo sostenido sobre la imagen (engañosa) y la venta (sin escrúpulos), la doblez y la manipulación, la banalidad consustancial de ciertas imágenes idealizadas y el vacío de las inquietudes (ambiciones). Y, por otro lado, que aunque los imprevistos accidentes de la vida propicien que se desplome lo que has intentado afirmar como cimientos (que muchas veces son ilusorios), siempre habrá oportunidad de volver a reconstruir o reiniciar ( si además pones la necesaria voluntad, y sabes enfocar hacia lo que realmente está hecho para ti).

‎'No hagan olas' (Don´t make waves, 1967) es el admirable colofón de la filmografía del gran Alexander MacKendrick, de la que prefería no hablar dado sus disgustos con los productores, pero que se revela como una exultante comedia corrosiva, en la que Ira Wallach guioniza su propia novela, y servida en la dirección de fotografía por el estupendo Philip H Lathrop.

50 películas Cine de Aventuras

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Como ante cualquier listado, seguramente 'chocarán' ciertas ausencias. Y también sorprenderán ciertas inclusiones, que pueden ser puestas en cuestión en cuanto a su adscripción al género, como las conradianas 'Apocalipsis now' y 'El Yang tsé en llamas'. Otras, aunque su marco sea el de un conflicto bélico, me parece que son claramente obras de aventuras, caso de 'Llanura roja' o 'Camino a la libertad'. Y al fin y al cabo ¿ en las obras centradas en las figuras de piratas no eran recurrentes las batallas navales?. Y las que hay que conjugan géneros, como el western (Paso al noroeste), comedia y western (Alaska, tierra de oro), fantástico (King Kong)...
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Los vikingos (Richard Fleischer, 1958)
Viento en las velas (Alexander MacKendrick, 1965)
Los contrabandistas de Moonfleet (Fritz Lang, 1955)
Lawrence de Arabia (David Lean, 1962
Lord Jim (Richard Brooks, 1964)
Sólo los ángeles tienen alas (Howard Hawks, 1939)
El demonio del mar (Henry Hathaway, 1949)
La mujer pirata (Jacques Tourneur, 1951)
Camino a la libertad (Peter Weir, 2010)
El señor de la guerra (Franklin J Schaffner, 1965)
El halcón y la flecha (Jacques Tourneur, 1950)
Apocalipsis now Redux(Francis Coppola, 1979)
Scaramouche (George Sidney, 1952)
Sammy,huida hacia el sur (Alexander MacKendrick, 1963)
Cruce de destinos (George Cukor, 1956)
El prisionero de Zenda (Richard Thorpe, 1952)
Harry Black y el tigre (Hugo Fregonese, 1958)
Master and commander (Peter Weir, 2003)
La isla del adiós (Franklin J Schaffner, 1977)
20000 leguas de viaje submarino (Richard Fleischer, 1954)
Almas del mar (Henry Hathaway, 1937)
Cuando ruge la marabunta (Byron Haskin, 1953)
El cisne negro (Henry King, 1942)
Náufragos (Alfred Hitchcock, 1943)
El lobo del mar (Michael Curtiz, 1941)
Viaje al centro de la tierra (Henry Levin, 1959)
El capitán Blood (Michal Curtiz, 1935)
Dersu Uzala (Akira Kurosawa, 1975)
El vuelo del Fénix (Robert Aldrich, 1965)
La marca del Zorro (Rouben Mamoulian, 1940)
Paso al noroeste (King Vidor, 1940)
El temible burlón (Robert Siodmak, 1952)
El halcón del mar (Michael Curtiz, 1940)
Llanura roja (Robert Parrish, 1954)
Lobos del norte (Henry Hathaway, 1938)
Limbo (John Sayles 1999)
El Yang Tsé en llamas (Robert Wise, 1966)
Zulú (Cy Enfield, 1963)
La tumba india/El tigre de Esnapur (Fritz Lang, 1959)
Alaska, tierra de oro (Henry Hathaway, 1960)
El reinado del terror (Anthony Mann, 1949)
El salario del miedo (HG Clouzot, 1953)
King Kong (Ernest B Schoedsack y Merian C Cooper, 1933)
La fragata infernal (Peter Ustinov, 1962)
El malvado Zaroff (Ernes B Scoedsack e Irving Pichel, 1932)
Beau Geste (William A Wellman, 1939)
El capitán King (Henry King, 1953)
Piratas del mar Caribe (Cecil B DeMille, 1942)
La venganza del bergantín (Edward Ludwig, 1948)
Martin el gaucho (Jacques Tourneur, 1952)


Otras que se han quedado en el tintero: La India en llamas, Horizontes perdidos, Las arañas, Robin y Marian, El hidalgo de los mares, Gunga Din, Hombre armados, El ladrón de Bagdad, Tiburón, Las cuatro plumas (la versión de Korda), Bahía negra, Todos los hermanos eran valientes, Pasto de tiburones, Hatari, El mundo en sus manos, El capitán Kidd, Tres lanceros bengalíes, El pirata Barbanegra, El tesoro de Sierra Madre, Moby Dick, Jason y los argonautas, Las montañas de la luna, La llamada de la selva, Ashes of time redux o El último safari.

miércoles, 27 de abril de 2011

Michael Nyman- Gattaca- The Other Side


Un bello fragmento de la banda sonora de Michael Nyman para la sugerente 'Gattaca' (1997), de Andrew Niccol. Si el protagonista teje una ficción,usurpa una identidad, para acceder al mundo de élite que no le permite por su condición natural (su genética defectuosa), en el guión de Niccol para 'El show de Truman' (1998), éste descubre que su vida es una ficción, y su identidad ha sido modelada por un guión.

Anne Baxter

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En rodaje: Kim Novak

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Kim Novak maquillándose ante el espejito (espejito, ¿quién es la más guapa del reino?) durante el rodaje de 'Me enamoré de una bruja' (1958), de Richard Quine.

Buster Crabbe, medallista olímpico y heroe de tebeo, y el león.

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Puede parecer un Big Jim tamaño natural (el ser sonriente junto al león que saca a lengua mientras contempla unos panecitos que le deben resultar muy apetitosos), pero no es sino Buster (Larry) Crabbe, que encarnó a Tarzan, Buck Rogers y Flash Gordon, en las décadas de los 30 y 40, después de haber ganado, como nadador, una medalla de bronce en las Olimpiadas de 1928 (en la distancia de 1500) y una de oro en la de 1932 (en la de 400). Interpretaría diversos 'hombres de la jungla', aunque como Tarzán una sóla producción, en 1933. A partir de los 50, entre otras dedicaciones, sería corredor (no el de las pruebas atléticas) o promotor y portavoz de una compañía fabricante de piscinas, sin abandonar del todo la interpretación.

Frenesí

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Si pensara en un director que ha sabido sacar un ingenioso y elocuente provecho, como recurso dramático, a los objetos, tanto dramáticamente como simbólicamente, el primero, sin duda, sería Alfred Hitchcock. Los ejemplos serían inagotables. La significancia de una flor de porcelana en 'Topaz' (1969), y cual variación musical qué fuerza dramática adquiría esa 'imagen' en la muerte de Juanita de Cordoba. El vaso de leche en 'Sospecha' (1941), las botellas de champagne en 'Encadenados' (1946), el moño en forma de espiral en 'Vertigo' (1956), el mechero en 'Extraños en un tren' (1951), la caja de cerillas en 'Con la muerte en los talones' (1959), los pájaros disecados en 'Psicosis' (1960). O el prendedor que se utiliza como mondadientes en 'Frenesí'(1972). En una de las primeras secuencias, cuando se nos presenta a Turk (Barry Foster), amigo del protagonista, Richard (Jon Finch), y que dirige un negocio de fruta, ya advertimos este detalle característico. Ese prendedor que lleva sujeto en la solapa de la chaqueta, y que adquiere protagonismo en la secuencia en la que viola y asesina a la ex esposa de Richard, Brenda (Barbara Leigh Hunt), en el despacho de la agencia matrimonial de ésta. Lo usa entre los dientes, tras haber culminado su 'acción', como quien se limpiara tras haber 'comido'. Secuencias más adelante, cuando la espiral de equívocos se haya precipitado cual espada de Damocles sobre Richard, cuya intemperancia le convierte en el principal sospechoso ( y más si la relación con su ex esposa era tan tensa: Tema, el de las transferencias o el doble, que daría para otro artículo: el asesino violador que irrumpe en el espacio propio de la mujer que ya no domina Richard), Turk comete otro crimen. Precisa, y no casualmente, asesina a Babs (Anna Massey), la novia de Richard (secuencia prodigiosa, servida en un ejemplar plano secuencia mediante un travelling, que sigue a ambos subiendo las escaleras hasta el piso de Turk, el cual, al disponerse a abrir la puerta, dice '¿sabes que eres mi tipo de mujer?', y entran, mientras la cámara desciende hasta salir de nuevo a la calle, donde el estrepito de los ruidos oculta lo que está ocurriendo dentro, mientras el mundo sigue sus movimientos ajeno a una nueva tragedia).
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El hecho es que llega el momento de desembarazarse del cadaver de Babs. Y esa noche decide esconderlo entre las patatas de un camión. Pero cuando vuelve a su piso, se percata de que le falta algo. Sí, el prendedor mondadientes. Toda esta secuencia dura alrededor de siete minutos, y revela esa capacidad única de Hitchcock para sacar fuerza expresiva de la fragmentación de los planos y la tensa exacerbación del tempo narrativo. Antes de que Turk pueda recuperar el mondadientes, el conductor llega, y arranca el camión, con lo cual Turk se queda atrapado dentro.Revuelve entre los sacos de patatas, zarandeado por los movimientos del camión, hasta que encuentra el cadaver.Un pie asoma entre las patatas, pero debe revolver más, y forcejear denodadamente para sacar el desnudo cuerpo del saco. Mientras, ignora que la puerta no ha sido bien cerrada, algo que tampoco había advertido el conductor, por lo que las patatas caen en la carretera, hasta que el conductor de otro coche le avisa al conductor, y este tiene que detenerse para cerrar. Si Turk estaba cada vez más enervado y crispado por la dificultad de sacar el cuerpo, ahora solo falta que le sorprendan ahí dentro. Pero no, no le distingue entre los sacos. Y ya ha sacado el cuerpo, pero no acaban ahí las complicaciones. Debe liberar el prendedor de la rígida mano de la chica ('prendido' en la mano). Y dado el rigor mortis que ha empezado a apoderarse de su cuerpo, tiene que romper, uno a uno, sus dedos para lograr extraerselo.
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El aliño de la secuencia es impecable. El humor negro, el detalle turbio, la crudeza palpable de la acción, el perverso juego con el punto del vista, porque, por unos instantes, logra que nos 'identifiquemos', o metamos en la piel del asesino, y compartamos su tensión y ansiedad, casi deseando que no sea sorprendido, e involucrándonos en sus improbos esfuerzos por recuperar su prendedor, el cual recuperará, pero aún no sabe que no todo se puede controlar. Ironía de nuevo perversa: Será precisamente su apego a la pulcritud (algo evidente en su forma de vestir, lo que revela su vanidad), lo que será su perdición. Cuando el camión al fin se detenga, y vaya al baño de un bar de carretera para limpiarse su polvoriento traje, será visto por una camarera. No sabe qué será una testigo fundamental más adelante. Qué ironías, ser un asesino pulcro, y frutero, y que unos sucios sacos de patatas sean tu perdición: la policía le 'prenderá'. Es lo que tiene la vanidad, a veces te ofusca el querer evitar que no te vean una micróscopica mancha entre los dientes, y las manchas siempre estarán ahí. No podemos escapar a ellas.

'Frenesí' (Frenzy, 1972), es otra de las obras maestras de Alfred Hitchcock, en la que Anthony Schaffer, el autor de la obra teatral y guionista de 'La huella' (1972), de Joseph L Mankiewicz, adapta la novela de Arthur Le Bern. La obra, fotografiada por Gilbert Taylor, es pródiga en grandes hallazgos, sea la perversa transición del plano del cadáver de la mujer desnuda en el Tamesis, con la corbata de un importante club como único atavío, al plano de Richard anudándose la suya ante el espejo. O el personaje del inspector Oxford (Alec McCowen) y las memorables secuencias de los vía crucis gastronómicos que sufre por las ansias experimentadoras de su esposa con la 'nouvelle cousine' francesa, mientras comentan los pormenores del caso.

Heat OST #1 - Heat


Fascinante la composición de Elliot Goldenthal, interpretada por Kronos Quartet, para la irregular ( o descompensada) pero notable (sobre todo en sus magníficas secuencias de acción) 'Heat' (1995), de Michael Mann.