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domingo, 15 de agosto de 2010

La Venus rubia

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En las primeras secuencias de 'La Venus rubia' (1932), de Josef Von Sternberg, Un grupo de jóvenes norteamericanos, entre ellos Ned (Herbert Marshall), están de excursión en un bosque alemán. Y se encuentran ante la sorprendente visión de varias chicas bañándose desnudas en un lago, entre ellas Helen (Marlene Dietrich). . Ned flirtea con ella proponiéndola el verse después de su espectáculo (todas actúan en un cabaret), y no se irán hasta que le diga que sí. Elipsis. Otros pies son los que retozan en el agua, ahora son los de un niño, al que baña Helen. ¿Qué ha pasado con la cita? ¿tiene un hijo?, y ¿cuánto tiempo ha discurrido desde la anterior situación en el río, horas, años? En la siguiente secuencia vemos a Ned acudir a la consulta de un médico. Por las radiaciones consecuencia de su trabajo de químico tiene los meses contados, a no ser que pueda pagar un caro tratamiento. La siguiente secuencia ya nos sitúa, tras este fulgurante y desconcertante inicio, cuando Ned vuelve a su hogar. Sí, han pasado varios años, y Ned y Helen se han casado, tienen un hijo y viven en Estados Unidos. Acuestan a su hijo el cual les pide que le cuenten cómo se conocieron. Y entonces ambos narran, como si fuera un cuento de hadas, aquello que la elipsis nos hurtó, su cita, y cómo surgió el amor, y su primer beso.
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No es casual que ese momento se nos eliptize, dada las dudas o recelos que suscitará en Ned, primero, el hecho de que Helen decida volver a su trabajo de cabaretera, para conseguir ahorrar para el tratamiento de Ned, y, segundo, al retornar ya recuperado, el descubrir que ha mantenido un romance con un hombre rico, Nick (Cary Grant), cuyo dinero ha sido el que, precisamente, ha posibilitado que Ned logre sanase. Ned no sólo no será capaz de apreciar el sacrificio de Helen y lo que ha supuesto para que salve su vida, sino que sentirá ese romance como una acción de infidelidad, como una traición (no hay agradecimiento sino dramatización, repulsa). El resto de la película narra el via crucis que sufre Helen, perseguida por todo el país, porque se resiste a que Ned aparte de su vida a su hijo ( como si su 'mancha' implicara que no lo merece). Irónicamente, en su trayecto de huida, para sobrevivir, deberá ganarse la vida como prostituta. Esta sombría odisea, narrada sin énfasis ni tremendismo, no finalizará hasta el momento en el que Ned recupere la cordura de la comprensión y de la consciencia del gesto de amor de Helen. Y será con la recreación de aquel relato, ante su hijo, de cuándo se conocieron, cuando lo que en él se había 'ausentado', el saber amar, que es saber ver al otro, vuelva a cobrar realidad y sepa verla, discernirla, sin la radiación de la 'mancha' de la inflexibilidad en su mirada.
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‎'La venus rubia' (1932), de Josef Von Stenberg, es, sobre todo, célebre por los excelentes s números musicales de Marlene Dietrich, como cuando aparece disfrazada de gorila, desprendiéndose de ese disfraz cuando se dispone a cantar. O el número que canta con su elegante smoking. También destacan los desnudos de la secuencia inicial. Pero hay que recordar que aún no había entrado en acción el represor código hays. Fantasía y realidad también están contenidas en su colisión en esas dos primeras secuencias, que se hace más dolorosa en la incapacidad de ver del marido, Nick,o lo que es lo mismo, el inflexible peso del impoluto ideal. Y no dejar de destacar al guionista Jules Furthman frecuente colaborador de Josef Von Sternberg, en 'Marruecos' (1930), 'El embrujo de Shangai' (1941), 'Los muelles de Nueva York (1928)', 'Thunderbolt' (1929) o 'El expreso de Shangai' (1932). También mantuvo una fructífera colaboración con Howard Hawks, en 'Sólo los ángeles tienen alas' (1939), 'Río Bravo'(1959), 'Tener o no tener' (1944) o 'El sueño eterno' (1946). Sin olvidar que escribió el argumento de la estupenda 'El callejón de las almas perdidas' (1947), de Edmund Goulding, y que colaboró en el guión de la estupenda 'Lobos del norte' (1938), de Henry Hathaway.

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