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sábado, 10 de abril de 2010

La tragedia de Louis Pasteur

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Se puede extraer un singular paralelismo entre la trayectoria de la vida del químico Louis Pasteur con la de 'La tragedia de Louis Pasteur' (1935), de William Dieterle. Del mismo modo que Pasteur abrió nuevos senderos en la medicina, en colisión con una obtusa tradición que no aceptaba cambios ni progreso ( ni la misma existencia de algo llamado microbio), encontrando vacunas contra el cólera o la rabia, y no cejando en concienciar sobra le necesidad de la esterilización y limpieza de los instrumentos y de las manos los médicos antes de operar, la obra de Dieterle nació bajo las reticencias de sus productores, Jack Warner en cabeza (parece que dijo: '¿ Quién es ese Pasteur? ¿Un lechero?'), ante una obra centrada en un químico y en la lucha de las ideas en una trama sin idilios románticos ni peripecias con convencional acción dramática. Su presupuesto fue de hecho escaso (la quinta parte por ejemplo de 'El capitán Blood), y fue vendida a los exhibidores a un precio muy bajo. Su sorpresa fue mayúscula cuando una película con rigurosas aspiraciones intelectuales fue un éxito de taquilla, aparte de crítica, convirtiéndose en el molde de los biopics, no sólo los que se produjeron en cadena en la siguiente década, sino que su influencia alcanza hasta nuestros días.
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No sólo no hay un convencional idilio romántico (de hecho, el que se esboza, entre la hija de Pasteur y el joven médico ante todo sirve, primero, para que los otros médicos desvaloricen la defensa de éste sobre las ideas de Pasteur ya que está enamorado de su hija y, segundo, para crear un tenso conflicto cuando la hija va a dar a luz y Pasteur sólo encuentra a un doctor disponible, su acérrimo contrincante, Charbonett, para el que tiene que firmar que sus investigaciones sobre la rabia no son fructíferas a cambio de que esterilice sus instrumentos y se lave sus manos antes de asistir al parto de su hija), sino que, incluso, no hay banda sonoro, lo que redunda en la apreciación de una obra que rehuye cualquier énfasis dramático. Las secuencias de apertura son toda una demostración de inteligencia, y de poner en situación sobre el principal nudo dramático, de modo impecable e ingenioso: Un médico es llamado para asistir a una paciente; en su agitación vemos cómo caen sus forceps y los recoge del suelo sin limpiarlos: una sombra se insinúa en la ventana; dispara sobre él; el asesino clama ante la policía que ese médico había matado a sus esposa con sus manos sucias, y enseña una hoja de papel en la que Pasteur predica sobre la necesidad de que se hiervan los instrumentos ya que son los microbios los que causan las enfermedades e instrumentos. Otra elipsis: Unos médicos reunidos que claman por la nociva influencia de las ideas de Pasteur y sus fatales consecuencias. Nueva elipsis: El doctor Charbonet conversa con Napoleón III y la emperatriza Eugenia; Charbonett es despectivo sobre las ideas de Pasteur, y cuestiona la existencia de los microbios ('Un zoológico privado de bichillos invisibles'). Es la emperatriz la que se muestra menos inflexible, y la que insta a que es necesario escucharle a Pasteur antes de estigmatizarle. Ya entonces es cuando nos será presentado Pasteur (Paul Muni), en su laboratorio, y recibiendo esa citación del emperador.
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La obra se centrará en dos combates frente a la mentalidad retrograda e ignorante ( en una época en la que se sigue requiriendo a 'curanderos'). Primero, con respecto a la vacuna contra el cólera o antrax: El pais se encuentra además en guerra con Prusia; curiosamente sólo hay una zona de Francia en la que el ganado no sufra esa enfermedad; y precisamente, cuando se acercan a averiguar el porqué, se encuentran con qué se debe a Pasteur (irónia corrosiva es que Pasteur considere a los microbios el principal peligro de la humanidad, una forma de cuestionar la futilidad de los enfrentamientos de 'microbios' nacionalistas. Proverbial es el modo de enlazar un 'combate' con el siguiente. Tras que se haya demostrado cómo sólo sobreviven las ovejas vacunadas por Pasteur en una demostración pública, el ataque de un perro rabiosa impulsa a Pasteur a buscar una solución (un detalle que indica ante todo el talante de este hombre al que más que importarle fama u honores le importa la búsqueda de un conocimiento que proveerá, además, de beneficios para los otros). Tanto la labor de Pasteur como la misma película demuestran cómo la inteligencia y el afán de conocimiento, enfrentada a los moldes de una tradición, puede conllevar un beneficio, y mejora, para los demás: Las mejoras en la sanidad y medicina, y la certeza de que los espectadores pueden ser receptivos a un cine centrado en las ideas (servido eso sí, por una dramaturgia sutil y rigurosa que sabe equilibrar ideas y peripecia dramática con una admirable precisión).
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'La tragedía de Louis Pasteur (1935), de William Dieterle, cuyo título original es más conciso 'The story of Louis Pasteur' ( a no ser que se quisiera enfatiza como tragedia el choque contra las mentalidades obtusas, pero el hecho es que Pasteur logró revolucionar, con su perseverancia, la medicina). Fundamental es la labor de Paul Muni, que colaboraría con William Dieterle en dos excelentes biopics más, 'La vida de Emile Zola' (1937) y 'Juarez' (1939), y que con esta obra se llevaría el Oscar (también lo conseguirían argumento y guión de Sheridan Gibney y Pierre Collings, aunque éste parece que sólo participó en los inicios de la escritura ya que sufrió una crisis; Edward Chodorov declaraba que la mayor parte del guión se debe a él, pero fue estigmatizado por Jack Warner cuando se enfrentó a él: Warner pretendía desconsiderar la relevancia de alguien como Pasteur, señalando, en un restaurante, que la camarera no sabía quién era: Chodorov replicó: pero bebe leche pasteurizada todos los días; ésto, unido a que había hablado con Muni del argumento, conllevó que tuviera que abandonar el Estudio, y no aparecer en los títulos de crédito).

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