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lunes, 2 de noviembre de 2009

Cielo amarillo

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Una calavera atravesada por una flecha, una pintura con una mujer atada a un caballo encabritado, un atraco a un banco.Muerte, deseo y codicia. La huida supone cruzar un desierto de sal, quizás sea cruzar un umbral porque el destino es una ciudad fantasma, donde una mujer es el caballo encabritado que ata a su deseo, el oro pone a prueba quién un posee un mínimo de conciencia y la muerte es la absurda ruleta de azar.

'Cielo amarillo' (1948), de William A Wellman, con el epítome de Caballero, Gregory Peck, aquí forajido que deja atrás la falta de conciencia por la mera supervivencia (consecuencia de las precariedades y desubicación en que sumió al país la guerra civil) para recobrar la confianza en la integridad. Richard Widmark es su vesánico contrapunto, refinadamente inquietante, como quien te escupe veneno con una sonrisa. Un espacio fantasmal que nos hace pensar si no estamos viviendo un sueño,como los espejismos de codicia y deseo que ciegan a los personajes.

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